viernes, 7 de diciembre de 2012

Un millar

Nació con la única pretensión de tener el magín entretenido. Para ir matando el gusanillo de la escritura. Y se fue consolidando. Y se apuntaló, creo. En él vierto pareceres con los que algunos han concordado y otros muchos no han estimado oportuno compartir mis opiniones. Y eso es bonito, que diría uno de los personajes de Calero.
Pues sí, Pepillo y Juanillo ha superado la barrera. Hemos alcanzado los mil comentarios, un millar de artículos de opinión volcados en formato digital y que también guardo en archivos de Word, porque lo mismo salimos de la crisis un año de estos y creemos oportuno –uso el plural porque he añadido al concejal de cultura, o más, vete tú a saber– brindar la oportunidad a los que Internet no les dice nada. O llegaron tarde, como Isaac Valencia y Elfidio Alonso. Ellos se lo pierden.
Mil es un conjunto de diez centenas. Y diez billetes de cien pesetas era toda una fortuna: mil pesetas. Tener un billete de esos verdes en el bolsillo suponía… ni te cuento. Tanto que si le dices a un nieto lo que se compraba con él, o con menos, en la venta de la esquina, supone la respuesta inequívoca de si en aquel entonces no había cámaras de seguridad.
Para esta excepcional ocasión he echado una visual a esas aplicaciones –corríjanme los informáticos si se mentan de otra manera– que te chivan desde qué lugares te han fisgoneado, al menos en 67.000 ocasiones (modificar el contador, práctica habitual de los que pretenden alcanzar cotas para las que no estoy preparado, me parece una práctica ignominiosa). Y uno se percata de que este invento de la Internet no tiene parangón. España, México, Colombia, Argentina, Venezuela, Perú, Estados Unidos, Alemania, Chile, Francia… Y así hasta más de setenta países, entre los que también encontramos Iraq, Sri Lanka, Vietnam, Senegal, Camboya, Cuba, Tanzania, Malasia…
Cayó la casualidad de que este post de hoy ha coincidido con el denominado Puente de la Constitución, que para nosotros, los docentes, es un acueducto, porque a la Consejería de Educación se le ocurrió bastantes años atrás cargarse el Día del Maestro (con mayúscula) y ponerlo el 7 de diciembre. Para que nos fuéramos a dar un garbeo y despejarnos. Pero llegó la crisis y suprimieron la paga extra navideña. Con lo que nos dejaron en la disyuntiva de irnos unos días a La Gomera o comprar los Reyes. Y a este paso, ni lo uno ni lo otro. Con lo que, más tarde o más temprano volveremos al último viernes de noviembre. O lo mismo nos jubilamos, yo qué sé.
Hoy viernes, pues, me puse a mil. Ni Fernando Alonso los ha podido alcanzar. Debo estar contento, que no orgulloso. Máxime cuando compagino la manía ‘escribidora’ con la otra de las fotografías, a cada cual peor, pero procuro, eso sí, no cometer faltas de ortografía en el uno, y dejar los horizontes derechos en el otro, para que no se vacíe el mar, de un lado, y no se enfaden Diego, Julián y Rayco, del otro.
No se aproxima el fin del mundo por mucha profecía maya que nos hayan vendido. Dicen los entendidos que no va a haber debacle alguna y que los astros seguirán haciendo lo que hasta hoy. Y para los creyentes, un consejo: todavía ese dios en el que ustedes creen y al que dirigen súplicas y peticiones de sacarse la lotería, no se ha enfadado lo bastante como para mandar sus ejércitos y aniquilarnos. Así que, con un poco de suerte, seguiré plasmando boberías, continuaré utilizando la cámara y me sentaré delante del ordenador para que me valga de eje de transmisión ante ustedes, escasos pero bien avenidos.
Hombre, si dividimos esas 67.000 visitas entre las mil entradas nos sale un resultado –una media– de sesenta y siete. Y puestos esos fisgoneadores uno tras otro suponen una buena hilera. Mucho mayor que en algunos cines. No me puedo quejar. Y no me quejo, Al contrario, estoy profundamente agradecido, porque han hecho posible que persista, aunque a veces no sea fácil. Incluso alguno se moleste o enfade. Pero si te mueves, tenlo asumido. Si no, quieto parado, que diría el otro.
No se aflijan con la ilustración. Sobre todo si rememoran años idos en los que el dinero tenía valor. Bueno, mañana, aparte de sábado, es festivo. La Navidad está a la vuelta de la esquina. Y el Fin de Año. Y los Reyes. No gasten lo que no tienen. Hagamos caso al jefe Rajoy: la realidad nos impone sacrificios. A nosotros, claro.
Y… vuelta a empezar.