lunes, 10 de diciembre de 2012

La educación: un juguete

En España parece que no adelantamos, que no aprendemos siquiera de nuestros propios errores. Cada vez que un nuevo gobierno, de diferente color político al anterior, inicia su andadura, el primer cometido que se fija es derogar la ley educativa que se halle vigente. De tal desgracia, que no suerte, desde la instauración de la democracia habremos tenido un buen puñado. Y como uno tuvo la suerte, que no desgracia –qué ironía–, de apechugar con todas ellas, comprende que a los políticos se les importa bien poco el tema. Ni que ocupemos un puesto bastante destacado, por abajo, en el escalafón europeo y mundial. Ni que el fracaso galopante sea el hazmerreír de cuanto bicho viviente ojee esos maravillosos datos que los informes nos presentan. Lo mismo piensan los dirigentes que al tratarse, al menos uno de ellos, de Pisa, creen que están cambados y le dan la vuelta a la hoja. Aviados vamos.

Ahora nos llegó un lumbrera, un iluminado que tiene en contra hasta las señoras de la limpieza de la más pequeña y recóndita de las escuelas. Y como es, faltaría más, de la línea inequívoca rajoyana –la del es así, y punto–, no hay manera de que se olvide de su pasado tertuliano en Intereconomía –qué mayor mérito para un popular– y escuche al menos un par de las múltiples voces discordantes que se elevan por rincones, plazas y recovecos.

Se ha empeñado este tal Wert en que debemos comulgar con el pensamiento único, ponernos las orejeras que habíamos colgado allá por los años setenta del pasado siglo, retomar las lecciones conmemorativas de los grandes héroes (incluyendo Franco y José Antonio) y el libro de rotación y volver a clases los sábados por la mañana para el dictado y dibujo relacionados con el evangelio (católico, por dios) y disfrutar de la convivencia y la santa hermandad, y, si se tercia, restaurar las huchas de la santa infancia (las de los negritos). ¡Ah!, y en el mes de mayo: con flores a María.

Cualquier españolito sensato, cuerdo y con dedo y medio de frente observa que catalanes, vascos y gallegos tienen la tremenda suerte de aprender simultáneamente dos idiomas. Ambos consagrados en la Constitución y con carácter oficial en esas Comunidades Autónomas. Que cuando el chico acude a la escuela ya los lleva en su equipaje como algo natural. Y la propia norma me da la razón cuando expresa que “La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección” (artículo 3-3). No entro en los Estatutos respectivos, porque ya los consejeros correspondientes le están señalando al ministro que a dónde va.

Como Mas se puso farruco se le combate con más chulería. Y aquí hay que dar, como mínimo, la mitad de las clases en castellano. Como si tal hecho motivara el que los alumnos aprendieran más matemáticas que utilizando el catalán. O que hubiese menos fracaso dando las lecciones tal y como el risueño que ves en la foto proclama. Trasládalo tú al gallego o al euskera y aplica el mismo razonamiento. No creo que Feijoo se quede de brazos cruzados ante tamaña impertinencia. Es como si me acusaran de romper la nación por limpiar los hierros del balcón de mi casa con un trapo que hallé y que por casualidad tenía los colores gualda y rojo.

La insumisión de algunas Comunidades ante la asignatura de Educación para la Ciudadanía, puede volvérsele en contra al controvertido Pepe Ignacio. Y además en aplicación de algo tan elemental como es el donde las dan, las toman.

Se me acaba de ocurrir que lo mismo sería más conveniente no estar fraccionando el horario escolar, sino dividir las jornadas diarias. Me explico: los lunes, prohibido no hablar castellano; los martes, solo parlamos català… Y así. Sábados y domingos, a gusto de cada cual.

Coincido con Rubalcaba cuando afirma que el problema de la educación no está en la lengua. Añado yo que está en el magín de los políticos, porque no tienen la educación (formación) suficiente como para ser capaces de darse cuenta cuando estorban.

Me temo que con este ‘toro bravo’ que han puesto al frente del Ministerio habrá que lidiar. Sí, así se ha autodefinido el ‘miura’. Tendremos que darle una estocada hasta la empuñadura, porque al currito hay que tratarlo de manera farruca…

¿Tú crees, de verdad, que se puede soportar esto? ¿No hay nadie en el PP que sea capaz de poner algo de cordura en este desaguisado? Si hubo acuerdo para echar a caminar la Constitución y hemos  vivido 34 años en armonía y convivencia, ¿tan difícil es que con la educación hagamos algo parecido y la dejemos de considerar un juguete? Lo mismo no y seguimos varias décadas más con tales espectáculos. Penoso y lamentable.