jueves, 20 de diciembre de 2012

Vanas justificaciones

Tú imagínate que en las sesiones plenarias del ayuntamiento realejero, Adolfo se dedicara a preguntarle a Manolo que cómo va el desarrollo de la obra tal o cual. Cabría hacerse diversas interpretaciones. Y cada una de ellas sujeta a las elucubraciones de rigor. Por razones obvias de toda índole y bajo cualquier enfoque que pretenda dársele. Y es que uno entiende que tales cuestiones deberían ser planteadas por CC, PSOE e IU. Porque los concejales del PP, máxime cuando prácticamente todos están liberados y bien dotados de medios técnicos y humanos, tendrán tiempo para la comunicación interna y conocer todos los entresijos de la administración municipal.
Ahora bien, parece que algo tan elemental, aparentemente, se marca por otras directrices en ámbitos parlamentarios. Y, sobre todo en el Senado –otra muestra inequívoca de su inutilidad–, puedes comprobar cómo un militante popular pregunta a un ministro, o al propio presidente del gobierno, que cuánto dinero se va a asignar para el proyecto equis  a ejecutar en su provincia de origen. Y estarás conmigo que para tal menester basta con un teléfono. O un leche y leche.
Aquí en Canarias no podíamos ser menos. Bien sabemos que el ejecutivo de esta nacionalidad ultraperiférica está sostenido por un pacto entre Coalición Canaria y el Partido Socialista. Y a uno le causa cierta perplejidad el observar a un diputado del PSC-PSOE (Manuel Fajardo) que pregunta a Paulino Rivero (socio gubernamental) sobre la decisión unilateral del gobierno español de quitarle a los jubilados un derecho adquirido, cual es la revalorización de las pensiones. Ya se pueden imaginar ustedes en qué sentido iba la respuesta presidencial. Con girar cañones y resto de artillería pesada hacia el noreste (por ahí debe hallarse, más o menos, la ubicación madrileña), asunto finiquitado.
Al día siguiente es Ana Oramas la que interpela al presidente nacional acerca del abandono –qué otra disculpa podía ser– a que han sometido a Canarias. Como Antona tuvo tiempo de soplar a Soria lo que aquí había acontecido, José Manuel le señaló a Mariano que le devolviera la moneda. Repásate las intervenciones de ayer en el Congreso de los diputados y llega a esta conclusión: ¿Se merecen realmente el sueldo que están cobrando? Y para no esforzarse demasiado lo llevan apuntado. Menos mal que Rajoy últimamente ya entiende su letra. Es que él es más de números y cada mes hace una adición con al menos tres sumandos. Operación por la que siente especial adicción.
La mayoría de los políticos se han creado un mundo ad hoc. Y como no salen de él, creen que el resto de ciudadanos vemos la situación con sus mismos ojos. Y nos tachan de esquizofrénicos cuando pretendemos hacerles ver que su imagen no coincide con nuestra realidad. Que es ficticia, sumergida en un paraíso de cuentos de hadas y duendes. Si ustedes fueran capaces –soy consciente de que exijo un sacrificio enorme– de soportar una de esas tediosas sesiones de control al gobierno (creo que así se menta) en cualquiera de los dieciocho parlamentos que sufrimos en el país, colegirían con un servidor la inutilidad de tanto chiringuito. Nos espetan que lo contrario no sería democrático. Como si el hecho de enchufar a todos los componentes de las candidaturas electorales ofreciera mayor rentabilidad a la población, traducida en una mayor eficiencia en los servicios que nos prestan, o nos deberían prestar.
Y son esas vanas justificaciones las que los sostienen. Como ‘los arregostos son malos de quitar’, que repetía hasta la saciedad mi padre, viene a resultar que incluso la labor opositora se ha diluido con tanta comodidad. Son demasiados los ejemplos en que cargos sin responsabilidad alguna disponen de servicios, y sueldos del erario público, por supuestas contribuciones a la comunidad. Y digo –escribo– supuestas porque ni siquiera deben rendir cuentas ante la sociedad del dinero que perciben, que lo mismo lo justifican con la compra de bragas y calzoncillos.
Echo en falta que los partidos de izquierda, si quieren estar donde dicen estar y representar a la clase trabajadora, verdadera víctima de esta crisis que sigue estableciendo diferencias abismales, comiencen a romper esquemas a los que se han amoldado con una facilidad pasmosa. Se han aburguesado, permítaseme la expresión. Y los que las están pasando canutas necesitan espejos, modelos. No basta con promesas del bien quedar, con manifiestos, vídeos y presentaciones. Hay que mojarse y predicar con el ejemplo.
Otra vez pidiéndole manzanas al cirgüelero. No tengo remedio. Nací barrigón y aunque me fajaron de chiquito…