lunes, 12 de agosto de 2013

La Bajada de las Hayas

De entrada, a disculparme la ignorancia en si hayas lo debo poner en mayúscula o minúscula, porque de las dos maneras lo he visto escrito. Y hago referencia a la peculiar romería que se celebra en La Guancha en este mes de agosto.
Este pasado sábado estuve en la zona recreativa guanchera de El Pinalete en distendida cuchipanda familiar. Y no es que presumamos de mucho comer, pero sí de vernos de vez en cuando para charlar y cambiar impresiones. Amén de la consabida reunión fraternal (propio de hermanos) de las tardes de los viernes. Ahí escapamos con un cortado, unas galletas y poco más.
Allá a las tantas, cuando ya el cuerpo te está pidiendo una siesta, y antes del comienzo del particular bingo (diez céntimos el cartón), me di un suave pateo en dirección al casco del pueblo. Un numeroso grupo de magos atípicos hacía cola para que una guagua los transportara hasta el lugar en el que se daría inicio al paseo romero que da título a este post de hoy lunes. Lo que vi no me gustó nada. Porque recuerdo perfectamente que en la pasada edición la concejal responsable de tal iniciativa (el transporte hasta la conocida cabaña es abonado por el Consistorio, aunque luego buscan excusas para decirte que no hay dinero cuando vas a solicitar cualquier otra cosa) vino a manifestar que “nadie entra en la guagua que ofrece el Ayuntamiento para subir al punto de inicio sin la vestimenta canaria apropiada”.
Después de la celebración de la Romería en honor a San Isidro (La Orotava), la más bonita que hay en Canarias (lo dice la canción popular, que no yo), ya dejé caer en algunos comentarios escritos, amén de las conversas con los amigos que uno tiene en ese mundillo del folclore, que el tan cacareado puritanismo (entiéndase por tal la exagerada escrupulosidad en el proceder) que rodeaba la organización (Liceo Taoro) con respecto al cuidado y esmero en la utilización de la vestimenta tradicional o típica. Algo que también el ayuntamiento realejero había puesto en valor para las diferentes actividades programas en sus Fiestas de mayo. Pues lo poco que vislumbré en las retransmisiones televisivas, me señalaban excesos de gafas de sol, relojes, intercambio de prendas y otros abalorios que mucho desvirtúan –al decir de las propias recomendaciones de los organizadores– el eslogan del ‘como debe ser’.
Un mucho de novelería y escaso respeto por la tan cacareada tradición es lo que un servidor detectó en La Guancha. Dicho de otra manera, para aquel carnaval, mejor dejar el traje a buen recaudo en el armario y no estarlo sometiendo a pasatiempos, contratiempos y cachondeos. Parece que en épocas de crisis –puede que propiciadas por los propios políticos para que los ciudadanos no cuestionen sus carencias de gestión– abundan los rescates y los recuerdos. Hay bajadas para todos los gustos: ramas, gofios, aguas… Espantamos cigarrones, aves de mal agüero… Golpeamos las aguas tranquilas de la mar, chingamos y echamos polvos, quemamos pólvora a mansalva…
Y bebemos como cosacos. Cualquier bobería es momento oportuno para empinar el codo. Y al rato, ni en el mejor circo hallamos payasos de tal enjundia. Todo amparado en los antiguos ritos, usos y costumbres. Y si por un casual aquellos viejos pudieran levantar la cabeza, se morirían otra vez; pero ahora de asco. En estas carnestolendas de nuevo cuño sería muy interesante no mezclar conceptos. Porque, reitero, la imagen que guardo en la retina del ganado esparcido por los aledaños de la Plaza de las Ferias no concuerda con esa supuesta remembranza de un hecho peculiar que nuestros antepasados realizaban como un acontecer normal en la preparación de los festejos de la Virgen de la Esperanza.
¿Esperanzas de que la situación mejore? Escasas, por no escribir ningunas. Porque los representantes democráticamente elegidos se han aupado al carro de los despropósitos. Y potencian los eventos porque estiman que el rédito en votos puede ser de cierta trascendencia. Y los grupos calcomanías (viva El Hierro, la Virgen de los Reyes y todos los bailarines) se privan, y nos privan, con saltos y brincos (menos los que portan los tambores gigantes).
¿Tradición, fervor, religiosidad? No me hagan reír. Fantasías, caprichos, ficciones… Todas y más.
La foto se corresponde con una Romería de Los Dolores, en Lanzarote. Pero vale lo mismo. Gastar dinero en un traje para tratarlo así, no merece mayor comentario. En La Guancha, este pasado sábado, ejemplos como el de la ilustración gráfica, a cientos. Un servidor no tiene móvil y no llevaba la cámara en esos momentos. Pero reto a los posibles lectores a que si se hacen con alguna instantánea, me demuestren que estoy equivocado.
Tengan cuidado con el calor. Beban, pero agua. La del Realejo no tiene flúor (en exceso).