viernes, 9 de agosto de 2013

El manual 'popular'

Ya lo he manifestado en anteriores ocasiones: digna de felicitar la ciega obediencia a las instrucciones provenientes de Génova, 13. En mis ya largas décadas de existencia no había columbrado nada igual. Ni siquiera en los tiempos gloriosos en los que ir a misa era una obligación (mucho menos dolorosa que los cogotazos del maestro el lunes a bien temprana hora). O las normas de acatamientos a principios, que ni siquiera entendíamos, que debíamos aceptar los que tuvimos la suerte de estudiar algo en épocas bien pretéritas, afortunadamente. Y que eran condición sine qua non para poder ejercer el magisterio, mero ejemplo.
Al estratega le han encomendado la sacrosanta misión de desviar la atención del personal. Y en ello está. Se lo curra, y bien. Merece los sobresueldos (sueldos en sobres) –algo habitual, Rajoy dixit– más que nadie. Cuando finalice con el cometido –a poco que los españoles se empeñen, en 2015, como muy tarde–, lo mismo tiene más méritos, suizos o no, que el recluso Bárcenas.
Como la juez Alaya no va a rematar jamás el sumario con más imputados de estos últimos tiempos –y cuantos más récords se empeñe en establecer más dudas y recovecos existirán en la tramitación–, casi sin darse cuenta flaco favor está haciendo a los populares, quienes siguen sin poder echarse a la mano un asidero consistente. Pero no hay problema. Aquí interviene la táctica de la distracción, la de esconder la pelota, la del tiqui-taca culé (el fos catalán no alcanza tales cegueras).
Mientras Luis medita y Pedro Jota espera, intentaremos superar este agosto veraniego de la mejor manera posible. Mamporreros nos sobran. Que el Maduro, sin tomar Activia, larga una de las suyas en su permanente diarrea verbal (¿no habrá quién le asesore? ¿Cómo? No estoy de acuerdo, hasta los dioses tienen ángeles custodios), resucitamos a Bibiana Aído. Aquellos miembros y miembras se esparcirán por la Red como el cloro en el agua. Y millones y millonas de veces, como la máxima goebbeliana, son tantos, y tantas, que entre el recuerdo, la sonrisa y el vete tú a saber, otro periodo que escapamos.
Si por un casual se nos ponen bobos los gibraltareños, no existirá recato para volver a cantar “Esta es la verdad, la pura verdad” (eso, Gibraltar español, José Luis y su guitarra), le daremos un meneíto a Zapatero (que ya está bien de tanto descanso) y, de camino, por qué no, un recordatorio a Moratinos. Y que no vaya a pensar el Pepiño Blanco que se va a quedar en ídem, porque también será ídem (otra vez) de nuestros dardos envenenados: el tren accidentado en Santiago. Se va a creer el ‘campeón’ (¿alguien pensó en Arenas?) que va a seguir de rositas toda la vida. Pero no recurriremos al “y tú más”, porque nuestra responsabilidad de gobierno no nos desviará un ápice la ruta trazada en aquel memorable momento en que las urnas pusieron las cartas boca arriba. Y con esa legitimidad haremos…
Solicitudes a Marruecos para que indulten incluso a los que no han sido juzgados, amén de pederastas que se jactan de que con dinero todo es posible en el país alauí. Y procuraremos que el Borbón viaje con más frecuencia  a visitar a su hermano. Más abajo, no, que se entusiasma y se pone a disparar contra todo lo que se mueva (envidia cochina), pero este paso del estrecho le vendrá bien para su deteriorada cadera.
Soltaremos a nuestros cínicos (tanto se ha desvirtuado el vocablo que de palabra pasó a palabreja) especialistas (Hernando, Pujalte, Pons…) y esparcirán cualquier patujada que rápidamente abrirá mil debates. Con ello se potenciará el consumo y el movimiento, se agilizará el mundo del intelecto, se engrasarán las conexiones neuronales… Es que somos unos máquinas.
¿Has escuchado que un popular se haya manifestado en cuanto escuchó la propuesta de Lagarde (fuerte la garde está hecha), secundada por un tal Olli Rehn (los dos cobran más de trescientos mil euros al año, limpios de polvo y paja; amén de no pagar comidas, vestidos, rayos uva, transportes, luz, agua, basura, teléfono…)? No, están callados como tusos. Por cierto, pon en Google ‘callado como un tuso’ y aparece un enlace a mi blog. Y siguen sin nombrarme académico de la lengua canaria. Haz algo, Paulino. A lo mejor te acompaño a la próxima Bajada. No, ya no estoy yo para subidas. Casi de ningún tipo. Qué se le va a hacer. Y sigo, que me pierdo. ¿Significa tal silencio que todos los populares lo cobran bien? ¿O ya nadie votó a Mariano?
En fin, concluye la semana y siguen siendo muy pocos los municipios que te expiden el certificado de residencia sin mayor requisito que ser ‘residente’. Parece obvio. Porque disponer de un lector para DNIe cuesta su dinero y los tiempos no están para mayores dispendios que los estrictamente necesarios. Y solicitar un certificado digital te cuesta más que ir al ayuntamiento y hacer cola. El mío está regido por el PP. Y en su programa iban tantas cosas que ya olvidaron más de la mitad. Bueno, el jefe nacional no solo las dejó en el tintero sino que hizo todo lo contrario.
¡Ah!, y Santiago Pérez parece que cambia otra vez. Mejor le iría fundando una sociedad unipersonal. Ya podría pensar un fisco si no puede ser él mismo el equivocado. Acabaré viéndolo como consejero del mismísimo Rivero. Peores diatribas soltaba Juan Manuel García Ramos (cuando desde La Laguna le correspondía despertar al que roncaba en La Villa soñando con burgados) y ahí van de la mano. Bueno, pero esto no tocaba.
Finalizo: aprendan todos a manejar un manual de instrucciones. Y con letra menuda.