martes, 28 de enero de 2014

El puchero de La Florida

Un año más La Florida celebró sus ya célebres festejos en honor a San Antonio Abad. Entre los que destaca el clásico puchero. Acontecimiento que congrega en el barrio villero un buen número de noveleros. A un servidor, con familiares por vía paterna en el entorno, jamás se le ha ocurrido dirigir sus pasos al lugar para degustar el cocido (guisado) bien amasado con el gofio de rigor. Lo mismo me tumba la acidez. En serio, llevo unos días que para qué contarte. Menos mal que todavía tenemos sal de fruta. Eno, por supuesto. El vacío ya lo deposité en el contenedor de vidrio.
Y cuando los espectadores afloran en cantidades notorias, debe saber usted que a los políticos se les ponen inmediatamente las orejas bien tiesas. Y piensan que puede haber en la congregación un buen vivero de posibles votos. Y se lanzan a la aventura de hacerse notar. Y se hacen acompañar de retratistas y aparejos. Y si cuentan con un elegante cartel, como el que se observa en una de las fotos (Gracias, Canarias), miel sobre hojuelas.
Tras la visita del ministro Wert a la catedral lagunera, el séquito canario agarró la autopista y vínose para los altos de La Orotava. Eso sí, previamente se habían despojado de las prendas verdes. No fuera que se las metieran, como las coles, en los calderos. Con un chaleco, el humo de los fogones y el clamor popular les bastaría para combatir el relente. Que en la zona se deja notar que da (dis)gusto.
El gabinete de prensa del ayuntamiento se dio complacencia, gozo y amenidad captando instantáneas de Rivero, Alonso y Linares. Cabezas visibles del selecto ganado, siempre en primerísimo plano. Porque mayo de 2015 no está demasiado lejano. Las juventudes nacionalistas (aunque ni sepan lo que es eso ni hayan leído jamás tratado alguno al respecto) arropaban en todo momento los instantes gloriosos del ‘removido’. Por ejemplo, allí estaba mi amigo Eduardo con la mirada atenta por si a Paulino se le ponía dura (la mezcla) y tenía que acudir en su ayuda.
Fíjate bien en las ilustraciones que acompaño para darle un poco de salsa a estas líneas. Son tan gráficas que enseñan que es un tormento. Caben interpretaciones a porrillo. Aunque la más simple sea la de captar la caradura de quienes utilizan a la gente, a un colectivo implicado hasta la médula, en beneficio propio, el de sus intereses partidistas y partidarios. Hasta Juan Dóniz, que lleva en el consistorio más de media vida, se erigió en fotógrafo oficial. Y es que piensa batir –apenas le queda un suspiro– el récord de Isaac (hace tiempo que no lo veo) en la ardua tarea de la defensa de los sufridos contribuyentes.
Yeyo Abreu, celoso él de las andanzas de su jefe inmediato, púsose en contacto con los socialistas villeros y sumose asimismo a la fiesta. No se tiene constancia de que le haya dado al palo (o cuchara gigante) para voltear el contenido de uno de los múltiples recipientes. Pero sí que se mandó una buena porción del amasijo. Y otros consejeros cabilderos, tan –más o menos– militantes de la santa causa como él mismo, merodearon entre la concurrencia por si se extraviaba algún voto del vivero que sembrara en su día las AIO.
Por este puchero politizado no se vislumbró a Manuel Domínguez. En su condición de jefe insular popular. Ni al calco joven de mi amigo Rubén, el palmero Asier Antona (jefe regional, parlamentario, consejero del Cabildo, marido de otro suculento sueldo y el que vale, vale). Y es una pena. Con toda probabilidad estarían dándole vueltas a la cabeza para intentar resolver los sarpullidos de San Juan de la Rambla y Santa Úrsula. Sin percatarse de que las penas con un buen puchero son menos.
Los grupos folclóricos con cuerpo de baile suelen interpretar con frecuencia el denominado Tango de La Florida. Cuya letra me he permitido cambiar porque la ocasión bien lo merece. Y propongo a la Agrupación Folclórica de Higa, del villero barrio de La Perdoma, la incluya en su repertorio. Máxime cuando el aludido concejal Eduardo Rodríguez fue miembro de la misma hasta que optó por la permuta a otra profesión más remunerada (aprende, Moisés). Vamos allá:
Hasta el puchero de La Florida / se vino Paulino con mucha alegría.
Lo trajo Linares, y a Alonso también, / bailaron, comieron, lo pasaron bien.
Juan Dóniz atento, mucho retrataba, / y hasta los de prensa, nada se escapaba.
Se fueron al monte, en busca del voto, / pensando en el juego de la Bonoloto.
El Yeyo celoso, también acudió, / “jorqueta” no tuvo, / gofio no amasó.
Y así…
El puchero del próximo año tendrá el horizonte cercano de las elecciones municipales. Vayan preparando nuevos espacios porque la congregación de ganado deberá adquirir unas proporciones jamás imaginadas. Más de dos patas que de cuatro. Este festejo popular (de pueblo) aspira a ser Bien de Interés Cultural. No se preocupen, está en la lista de aspirantes, junto al blog del presidente. Todo se andará.