lunes, 10 de marzo de 2014

Adocenados y acomodadizos

Retomo la actividad escribidora (escritora me parece demasiado pretenciosa para mis escasas dotes literarias y/o periodísticas) tras una semana de relajo por esos sures tinerfeños. No, no obtuve premio alguno en la Primitiva sino que aproveché uno de los denominados viajes sin transporte de Mundo Senior. Y me marché hasta Adeje (Playa Paraíso). Allí comí más de la cuenta, pero también caminé por las tardes por aquellos parajes. Que, por las fotos que he colgado en Facebook y las que irán apareciendo en este blog en entregas de fechas próximas, se halla de un verde refulgente. Porque las gentes del Norte, por lo general, vamos por la autopista y obviamos un mundo de naturaleza sugerente que se halla disperso por carreteras vecinales cargadas de belleza y de una especial singularidad. Lejos, muy distantes de los cuatro secarrales que tanto gusta mentar a cierto editorialista. Aunque él haga referencia a una isla vecina. Quedé gratamente sorprendido al descubrir lugares en los que, no me duelen prendas reconocerlo, jamás había puesto un pie.
Vuelvo, pues, a la cruda realidad y me percato de que seguimos adocenados (vulgares, mediocres, simples, ramplones), a la par que acomodados en grado sumo. Como colectivo merecemos el calificativo de borregos (blandos, sumisos, mansos, timoratos). Nos hemos conformado hasta el extremo de no sublevarnos ante tanta injusticia. En el encabezado de este blog aparece una frase de San Agustín (La necesidad no conoce leyes) que ni siquiera, y máxime viniendo de un “santo varón”, es tomada en consideración cuando nos venden agua canela para beber, cuando una obra pública se estropea antes de ser inaugurada o cuando la principal preocupación del país son los vómitos de un jugador de fútbol.
Prima la vulgaridad, la mediocridad, en cualquier ámbito. Y cuando los que deben tomar decisiones (léase políticos) se hallan instalados en el quehacer ramplón y abyecto, no podemos seguir mirando hacia otro lado y perpetuándolos en mullidas poltronas. Porque con nuestro laissez faire asumimos tanta o más cuota de responsabilidad que la esgrimida por los inútiles e irresponsables que nos gobiernan. O la de los que aspiran a sustituirlos para continuar el giro en la rueda de los despropósitos al más puro estilo hámster (¿o gánster?).
Algunas fueron las charlas que sostuve esta pasada semana con varios trabajadores de la hostelería. Y no suelo hacerlo con demasiada frecuencia. Porque si de algo presumo es en todo caso de mis carencias, que no de mis posibles sapiencias o andanzas en un pretérito tan cercano pero tan alejado a la vez. Pero la etiqueta de ex sigue adherida. Tras las reflexiones de rigor casi siempre concluyo que no puede ser posible que el resto de mortales sea el que se halle inmerso en el error. No puede considerarse normal en el proceso democrático que persista la añoranza de modos y vivencias en organismos públicos de hace tres décadas. Cuando lo habitual consistía en servir y retornar a tu puesto de trabajo en tiempo prudencial. Porque olvidamos con pasmosa facilidad que el compromiso adquirido cuando te presentas en una candidatura solo ocupa el horizonte del siguiente cuatrienio. Pero los manuales de estilo (cualidad, talante, carácter) han cambiado. Se impone la palabrería y el discurso fácil y enlatado. Para todo hay respuesta. O la vuelta para el duro, que se mentaba años atrás. El capítulo de justificaciones es tan inmoral como abundante.
Interesa, y mucho, tener entretenido al personal con operaciones de mercadotecnia en las que se vende humo, fuegos de artificio. Cualquier bobería es aprovechada para descubrir placas, discursear eslóganes del bien quedar y poner en valor (que se dice ahora) imágenes y retratos. Que posan maravillosamente pero cuyas actuaciones hacen aguas (tan turbias como las portuenses) y muestran lagunas y carencias. Se exhiben fachadas cuyo “producto interior bruto” es digno ejemplo de los conjuntos vacíos de aquellas denominadas matemáticas modernas. Lo practican los gobernantes y se suben a la guagua los que atraviesan el desierto opositor. Y creen, todos, que inundando las redes sociales germinarán las semillas por arte de magia. Sin abonos ni cuidados. La cosecha se mostrará generosa en forma de votos. Por la cara, por la foto. Donde hace cinco minutos iba un hipódromo hemos ubicado un aparcamiento gratuito para el mercadillo. Inaugurado el Día Internacional de la Mujer. A la que hemos homenajeado para reconocer lo que siempre la ha caracterizado: su trabajo, tesón y voluntad. ¿O ya nos hemos olvidado de lo que hizo nuestra abuela y nuestra madre? Y al panal de rica miel acudieron…
Se han dado a conocer las sustanciosas cantidades que corresponden a los partidos políticos en forma de subvenciones. Cada diputado vale un buen pastón. Algo así como unos 130.000 euros. Que deben ser unos cinco años de mi pensión. Si lo comparamos con el salario mínimo, mejor llorar. Coalición Canaria, con una sola diputada (el otro es de Nueva Canarias), se queja de ser la hermana pobre del Estado. Le parece poco. ¿Has escuchado a cualquier formación que proponga mantenerse con las cuotas de sus militantes? ¿O que se produzcan recortes como los habidos en la prestación de servicios esenciales? Nadie, todos mudos. Incluso el abominable silencio de los que, adalides de los fondos comunes, aspiran a ocupar puestos decisorios para cambiar la dinámica de… Eso, espichada en un palo. No lo hago por ti, sino pienso en ese mañana en el que puedo estar yo.
¡Cuánto hay que cambiar! ¡Cuánto se podría cambiar! Bastaría aplicar unos miligramos de lógica aderezados con otro tanto de sentido común. Y llevando a la práctica eso que tanto les hace llenarse la boca (ojalá se atraganten algún día): el interés general.
Ellos, falsos e hipócritas. Nosotros, adocenados y acomodaticios. Y CC en Los Realejos ya tiene candidato para mayo de 2015. Han repetido la jugada que realizó el PSOE en las anteriores elecciones. Solo se me ocurre lo de “no por mucho madrugar, amanece más temprano”. Y a los hechos, y a la historia, me remito.
¡Ah!, hasta el Antona fue a sacarse la foto con Cospedal. La corbata verde esperanza lo delata. Y la cara de Rajoy cuando lo increparon durante su discurso, patetismo puro y duro. Lo de los socialistas navarros, espejo de sus incongruencias. Ayer estuve en SJR. La propuesta de Tomás para que se abra el Mirador de El Mazapé me parece adecuada. No se pueden tener los bares y restaurantes cerrados por si uno se topa con un apuro. Pides un cortado y meas. Porque alcaldes y concejales no necesitan baños. Los tienen, y elegantes, en sus despachos. Ducha incluida por si requieren cambiarse de calzoncillos. O ellas lo otro. Y mañana más.