lunes, 21 de abril de 2014

Alta ocupación

Es lo que se ha venido escuchando durante toda esta pasada semana. Con imágenes de playas abarrotadas y declaraciones de los responsables hoteleros que valoraban muy positivamente los índices de ocupación alcanzados. Al tiempo, un extraño titular periodístico nos señalaba que los comedores escolares también abrirán en estos cortos periodos vacacionales, amén de la época estival, para que ningún niño se quede con el estómago vacío.
Podríamos denominar este fenómeno como una de las tantas incongruencias que se producen en la actual coyuntura económica. Pero me es bastante difícil casar ambos conceptos. Porque si estas paradojas se han convertido en el pan nuestro de cada día, algo, o mucho, está fallando en el engranaje social. Y los repartos de las ‘riquezas’ fracasan de manera estrepitosa.
Se jactaba Paulino Rivero hace unas semanas en su medio de comunicación oficial (me refiero a su blog, del que luego se hace eco durante varios informativos la tele autonómica) que en este año se venían creando 47 puestos de trabajo diarios. Resultaría, pues, que cuando concluya este 2014, 17.155 personas habrían abandonado la fatídica lista del paro.
Pero, al tiempo, y desde el propio sector hotelero, se ha venido a reconocer que esta avalancha de Semana Santa ha podido suponer la contratación de unos 12.000 individuos. Lo siento, lo de individuas no lo pongo. Aclararán, seguidamente, que serán temporales. Y volvemos al gozo en un pozo.
El propio Rivero, en uno de sus tantos discursos, insistió en lo primordial que sería un empuje al sector de la construcción. Pues de los 130.000 puestos que brindaba años atrás, ha retrocedido hasta unos 30.000. Y pretende que los cien mil perdidos sean absorbidos por la cacareada renovación de la planta hotelera. Puesto que ahora no vende la ocupación de nuevo suelo, máxime cuando toca la defensa a ultranza del medio ambiente y las energías renovables. Algo que Coalición Canaria (sector empresarial por excelencia) en todo su largo periodo de gobierno, con la aquiescencia del socio de turno, se ha pasado por el forro de las prendas íntimas.
Lo que me parece más triste de esta etapa reciente, la del desempleo y los recortes a mansalva, es que ya todas las administraciones públicas, culpables del desaguisado por la mala gestión de los recursos, el arrimo al mejor postor y el olvido de aquellos sobre los que iba a recaer el peso inexorable de las medidas restrictivas adoptadas, se vanaglorian del superávit que sus cuentan ya brindan. Fríos números que solo vienen a demostrar la ineptitud de los que se dicen nuestros representantes. Porque flaco favor se hacen, y nos hacen, al confrontar esas dos realidades bien dispares: supuesto dinero en caja y escasez en el mercado de trabajo. Holganza y penuria. Largueza y desinterés manifiesto. Y es que, para mayor escarnio, la culpa siempre es de la siguiente administración, de la que se halla en el peldaño superior. Y cuando no cuela, de los que les precedieron en la silla.
Los alcaldes, y otros cargos de inferior o superior rango, a un año escaso de las próximas elecciones, están más preocupados en sus peculiares y particulares campañas de imagen que de solventar o paliar la tremenda lacra que asola los hogares. Y que en un estado aconfesional se prodiguen los espectáculos religiosos, con un derroche que los representados en esas imágenes repudiarían, pudiendo destinar esos gastos a otros menesteres más perentorios, produce, al menos en un servidor, peligrosos cortocircuitos neuronales. Y algunos de esos representantes públicos se autocalifican de socialistas, progresistas y demos gracias al señor. Que sí, hombre, que sí, que cada cual es libre de creencias e ideologías, pero las treinta monedas hay que repartirlas bajo otros dictados.
“Para este equipo de gobierno es prioritario continuar atendiendo esas demandas que los vecinos nos hacen llegar y muchas veces suponen problemas heredados durante décadas y que nunca se solucionaron”. Es la eterna cantinela, la excusa, la llave maestra. Los de antes, unos rebenques. Los de ahora, unos angelitos, unos santos. Vaya en descargo de aquellos que no habían redes sociales para que los ‘amigos’ remitieran el listado de obras a acometer. Y que estos, solícitos, atentos y serviciales, acudirán con los cuatro bloques, cinco cámaras fotográficas, el gabinete de prensa, el área de protocolo y la cohorte de liberados, asesores, secretarios… Y si en la foto salen viejitos o escolares…
Yo votaría sin remilgo alguno al que me prometiera reducir la altísima ocupación alojativa (palabreja que no existe pero que todos usamos) en las administraciones públicas. Y que me hiciera muchas restas de poltronas y mullidos sillones. Cuyos resultados se volcarían en adiciones de otros currantes necesarios. Si un ‘Marrón’ se traduce en tres policías, imagínense cuántos operarios de cualquier sector saldrían de un concejal y los allegados de su círculo de influencia. Que multiplicado por cinco, seis o más, equivaldría a un sustancioso producto a repartir.
Como servidor culpable, uno más, de la corporación 1983-1987, pido disculpas por todo lo que no se pudo acometer. Y de todo cuanto se realizó, y que bien se aprovecharon los siguientes como mérito propio, juro solemnemente que vino de las alturas y que, por lo tanto, deberá estar escrito en los textos sagrados, porque ni siquiera teníamos amanuense.
¿Hasta cuándo con la herencia? Ya está bien. El 31 de mayo de 2015 será domingo. ¿Tendremos romería o elecciones? ¿O ambas? Ganado existe para una muy alta ocupación.