lunes, 12 de mayo de 2014

Higa

Retornamos, con mayor fundamento si cabe, a esta manía de alongarme al balcón de Pepillo y Juanillo. Porque los pobres estuvieron medio abandonados la pasada semana por mor del dichoso capricho viajero que me ha entrado en esta etapa jubilosa. Menos mal que les dejé unas presentaciones fotográficas del anterior a Ibiza. Por lo que la amenaza de las siguientes ‘canarionas’ queda plasmada por escrito. Ya en Facebook se asoman las primeras instantáneas.
El pasado sábado tuve un día completo. A eso de próximo a las dos –que decía siempre mi madre– nos citamos ocho docentes (cuatro jubilados y otros tantos en activo; así está España: mitad y mitad) en indeterminado lugar de este Norte tinerfeño para ‘mandarnos’ un solomillo, al tiempo de criticar lo que menester fuere y arreglar este caótico mundo antes de alcanzar los postres. Cumplidos los objetivos programados y adquiridas, sin mayores esfuerzos y agobios, las competencias básicas, nos retiramos discretamente a nuestros aposentos –cada cual al suyo– para continuar en la siesta con la planificación de la próxima convocatoria.
Concluida la pertinente reflexión, heme en la villera Sala Teobaldo Power para asistir a la segunda edición del encuentro Margullando tierra adentro, que organiza la Agrupación Folclórica de Higa. Y que tomó el nombre de un proyecto que iba a tener lugar en la portuense Sala Timanfaya y que la crisis, o vaya usted a saber, no dio opción a que arrancara. Pero el colectivo perdomero no se desanimó y se vino a margullar algo más arriba, hacia los altos. El pasado año invitó a los buenos amigos de Guanapay, de la muy noble Villa de Teguise, y en la presente ocasión llegó desde Guía de Gran Canaria el grupo Lairaga del Norte. Pero vamos por partes:
Nada más entrar en el recinto, una aún caliente grabación –por la consabida expresión de recién salida del horno– era la carta de presentación. Aquella antigua del año 1993, en formatos de casete y disco de vinilo, se adaptaba a los tiempos que corremos (otro tópico). Ya la escuché ayer por la mañana. Aconsejo que la adquieran. Los no creyentes –es mi caso– pueden realizar un ejercicio bastante fácil. Que consiste en olvidarse de los Canto de entrada, Gloria, Credo, Ofrenda, Santo, Comunión… y escuchar con sumo deleite los Siote, Tango de La Florida, Tajaraste de El Amparo, Folías, Sorondongo de Lanzarote, Isa majorera… Era lo que un servidor ejercitaba cuando formaba parte de la agrupación que lleva por nombre el de una extensa zona de excelentes viñedos y tenía que acudir a contados preceptos religiosos.
Eran muchos los que habiendo escuchado la interpretación que cada año tiene lugar en la Iglesia de La Concepción, antes de que parta la romería en honor a San Isidro, demandaban el correspondiente soporte sonoro. Y ya es una realidad. Y es en los tiempos difíciles cuando se valoran sobremanera estas iniciativas, Y a pesar de las dificultades, también económicas, Higa hizo suya la sentencia del escritor y humanista Giovanni Bocaccio, el autor del célebre Decamerón: Vale más actuar exponiéndose a arrepentirse de ello que arrepentirse de no haber hecho nada.
Antes de que la Escuela de Folclore abriera el acto, estuve charlando unos minutos con el alcalde orotavense. Con Francisco Linares hemos compartido largas conversas. De lo divino y de lo humano. Y no fue menos en esta (pen)última. Él fue el designado para recibir el galardón de la Cachimba de plata. No olvidemos que el local de ensayo de Higa es el antiguo secadero de tabaco de La Marzagana.
Tras la demostración de los significativos avances de los alumnos, tanto en cuerdas como en baile (algunos de estos ya participan con los ‘grandes’), con algunos temas cuyas letras me eran conocidas, y como es de bien nacidos el ser agradecidos, debo felicitar muy efusivamente a los respectivos directores, Ernesto y Moisés, por la incansable y loable labor que desarrollan. Porque Higa, aparte de un magnífico grupo, es una cuna, una fuente en la que han bebido innumerables ejemplos que se hallan dispersos en diferentes entidades, dando buenas muestras de un quehacer ‘mamado’ desde sus raíces.
Lairaga del Norte nos vino desde Guía de Gran Canaria. Como siempre me ha caracterizado la sinceridad ante todo, lo que no me ha librado de ciertas incomprensiones, debo manifestar que no me gustó el grupo. Con carencias harto significativas en voces y aspectos musicales. Ya los conocía de su participación en el Festival de las Islas de mi pueblo (año 2013), pero me sorprendieron… a peor. Como tampoco el injerto de cuerpo de baile (de Los Cabuqueros aruquenses; hago ascos de este tipo de inventos y considero que es un insulto a la más común de las inteligencias), en el que algunos componentes deberían ser conscientes de las limitaciones que la edad impone. Me acabo de mirar al espejo y creo que cuando ya no arrastre bien las patas, no subiré a un escenario a dar lástima. Por supuesto que es mi opinión, sujeta a las mismas normas que yo aplico. Faltaría más que la libertad amparada en la Constitución no rigiera los dictados que se argumenten en cualquier foro.
Juan Pablo (timple) y Daniel (guitarra) nos invitaron  a un viaje virtual por las ‘américas’. Y a fe que consiguieron divertirnos, entretenernos, complacernos. Y concluimos con una polca (Danza de los enanos) que movió más de un esqueleto en los asientos de la sala. Con Juan Pablo hablaba luego de aquellos inicios en el Navidad viajera, del libro de Los Sabandeños y de otros menesteres de menor enjundia. Mis públicos parabienes a ambos. Y a Cari, la presentadora, tan joven como siempre, antes de que me olvide y me eche los trastos.
Cerró el espectáculo, como no podía ser de otra manera, la agrupación folclórica de Higa. Son buenos, coño. Suenan bien y bailan de ensueño. Solistas (mi afecto a Macu, de espectadora por un problema en sus cuerdas vocales), coros y música bien conjuntados y con una vocalización que mucho echamos en falta en demasiadas actuaciones. Porque el que no se entienda lo que se canta es pecado mortal que Ernesto se ha encargado de pulir. El sabor añejo de sus 34 años sigue provocando exquisitos aromas. Creo, Linares, que deberás tenerlos más en cuenta. Sí, un fisquito más. Se lo merecen. Y a los responsables políticos de las fiestas de mi pueblo, no solo son vecinos –casi dándose la mano con La Cruz Santa– sino que en un pasado no tan lejano dieron el callo como unos realejeros más. Son dignos acreedores a representar a Tenerife en el próximo festival de las islas.
Me marché con buen sabor de boca. Y mira que a veces soy incordio. Me encantó Higa y animo a sus componentes a seguir dando el callo. Espero que el próximo año, para su tercer festival, traigan un grupo palmero. Ya toca. Y cuando se celebre el intercambio y corresponda devolver visita, me avisen porque me apunto. Como también lo haré cuando salga esa proyectada incursión a Madeira. No me lo pienso perder.
Y al final alguno podrá pensar que no soy objetivo, que se me ve el plumero. Aunque yo en música soy de la escuela de  Elfidio Alonso (ya voy por la página 257, Fran), no pierdo la esperanza. Entendidos, no obstante, me ratificaban que la Asociación Cultural “A. F. de Higa” se halla en buen momento de forma. Ello me congratula. No saben cuánto. A todos los que actualmente forman parte de la tripulación, mis más encendidos ánimos. Y a su incombustible capitán, Benito, mi reconocimiento y afecto.
Concluyo: compra el CD de la Misa. No solo porque vale la pena, y no es poco, sino porque contribuyes a echar una mano para que puedan seguir surcando estos mares de crisis. Reitero, Higa, mi enhorabuena. A seguir en la brecha. Y nunca las mañas pierdan.