viernes, 6 de junio de 2014

Entre coles y coles

La comunidad educativa del CEIP Santo Tomás de Aquino celebró el Día de Canarias con una presentación en sociedad por todo lo alto: su flamante huerto escolar que responde al sugerente nombre de “Entre coles y coles”.
Muchas han sido las vicisitudes surgidas, y sufridas, para que esta iniciativa sea hoy una feliz realidad. Ante las consabidas carencias económicas que se argumentan en todas las puertas a las que se acude en demanda de la pertinente ayuda, la imaginación, la constancia y la implicación han suplido, y con creces, los inconvenientes. Querer es poder, que se dice.
Se pensó, en un primer momento, utilizar el terreno anexo al centro. Para lo que se requería el mínimo acondicionamiento que permitiera realizar la labor pretendida y alcanzar los objetivos trazados en la propuesta de la Red Insular de Huertos Escolares Ecológicos (RIHEE) que promueve el Cabildo de Tenerife.
No pudo ser tras varias solicitudes al ayuntamiento villero. Y aunque no perdida la esperanza para un futuro que se confía no lejano, otras ideas, síntoma de la predisposición más absoluta, hicieron acto de presencia. Las miradas se dirigieron al espacio de la azotea que se halla en lo alto del comedor. Consultas, husmear en el amplísimo campo que nos brinda Internet, reuniones, propuestas, acuerdos… y manos a la obra.
Hubo que sacar tiempo de donde no lo había. Y se dedicaron tardes y noches para la preparación del ‘terreno’, para adecentarlo y ponerlo bonito antes de colocar la simiente. Un aspecto a destacar: la colaboración del AMPA, que fue siempre fundamental. Basta, creemos, echar una visual a las fotografías que a la disposición de todos se hallan en el centro, para dejar constancia de la transformación. El sacrificio, porque lo ha sido, entendemos que ha valido la pena.
Neumáticos (en canario, gomas), palés, envases de yogures y botellas de plástico, elementos condenados al contenedor, pasaron a ser, tras el debido acicalamiento con generosas manos de pintura, los componentes definitorios del huerto. Una distribución equitativa en parcelas que se esparcen por un entorno que huele a naturaleza, ha demostrado hasta qué punto la implicación de los pequeños es posible. Porque de sus manos sale el fruto de sus desvelos y labores.
El contemplar la cara de satisfacción de los escolares cuando observan con verdadero deleite cómo prospera ‘su’ planta es la muestra inequívoca de este otro recurso didáctico que potencia las capacidades, al tiempo que despierta conciencias de amor y respeto al medio ambiente. Algo tan simple pero tan complicado en los momentos actuales, donde el acontecer diario viene marcado por los derroteros del consumismo, la despreocupación y los reiterados viajes a la nevera.
En esta época que limita –la crisis, maldita crisis– disponibilidades horarias y mayor dotación de recursos (algo que el programa plantea como imperiosa necesidad), es de agradecer, y mucho, la dedicación de cuantos se han involucrado en el proyecto. Que un alumno, y valga de ejemplo, sea capaz de invertir (sí, es una inversión de futuro) su tiempo de recreo para tan loable menester, merece las más sinceras felicitaciones por un hecho tan filantrópico.
Ahora corresponde cuidarlo, mimarlo. Que es la asignatura pendiente en demasiadas actividades que luego se dejan al albur. O a la ventura de Dios, que mencionan otros. Y los miembros del Consejo Escolar, como representantes de todos los sectores de la Comunidad, a buen seguro que seguirán en el empeño de no echar al saco del olvido la idea primigenia. Porque este entrenamiento los ha fortalecido. Y el esfuerzo ha significado un buen acopio de vitaminas. Como las que nos suministrarán los productos de nuestro humilde pero gran huerto escolar.