jueves, 5 de junio de 2014

Ecuanimidad

Esta sociedad quiere vivir tan al día que deja a un lado qué es lo importante, lo necesario, lo urgente. Nos embarcamos en la vacuidad de lo cotidiano con un desparpajo tal que tendemos a olvidar que debe existir una prioridad en el trazado de los objetivos. A no ser que no hayan metas en el horizonte. Ocurre con los medios de comunicación en grado superlativo. Pero los políticos también han decidido subirse al tren de los despropósitos.
Abdica el rey. Y llevamos días enfrascados con dialécticas y aspavientos no solo por el hecho en sí sino por todos los aspectos colaterales que suscita. Como por arte de magia nos hemos olvidado del órdago catalán, de la Gürtel y de la caótica situación con un índice de desempleados que raya la inmoralidad. Si por un casual osase demandar cordura y exigir dedicación plena a lo imperioso, a los garbanzos que nos aseguren el continuar respirando, lo mismo me tachan de utópico. O puede que de muerto de hambre, pero se lo callarán.
No coincido con el parecer de los que aprovechan el debate sucesorio para el consabido tótum revolútum, para las ganancias de pescadores en los ríos revueltos. Máxime cuando tales propuestas, extrañamente aparcadas en épocas más propicias, supondría un extenso período de cambios legislativos de enorme calado. Que no digo yo que no haya que acometer. Pero entre los lavados constitucionales (incluido el centrifugado) y dar de comer a los que las pasan canutas, creo tenerlo meridianamente claro.
Los que yo mento como sesudos analistas deben estar haciendo su particular agosto con crónicas, comentarios y vertido de opiniones tan sesgadas como movidas por oscuros intereses, entre los que no descarto los económicos. Y la clase política, sobre todo esa casta nueva (¿duele?), o advenediza, que se ha hinchado de soplar (debe tener varios millones de botellas acumulados) desde que los electores tomaron las europeas como banco de pruebas, sigue dando vivas muestras de su total inopia y de una falta de empaque sin precedentes. Edulcorantes nos sobran, creo, como para más aditamentos. Este país requiere otros mimbres, menos remilgos y más arrestos. Y de teorías estamos hasta la coronilla.
A medida que pasa el tiempo no atisbo sino demasiada paja en los que asoman el hocico (acepción coloquial; no se enfaden… los animales). La mayoría de los cuales no son nuevos. Lo más, lavados con Perlán, que se decía tiempo atrás. Transforman sus mensajes según brincan los vientos. Bueno, los susodichos sostienen que los adaptan a los tiempos. Y cuando no se vislumbran avances, caen en el recurso fácil de la ofrenda imposible de cumplir. Y lo mismo nos prometen 650 euros (nada importa que se haya cuestionado hasta la saciedad las políticas generosas de Zapatero) a modo de sueldo que nos caerá del cielo cual maná en el desierto. Para todos. Tabla rasa. Ya yo me apunté. No, el bobo.
Cuando nos hemos hartado de criticar los desvíos de atención para que los opios del pueblo sigan surtiendo efecto por parte de los gobernantes de turno, llega esta hornada y a las primeras de cambio cae en más de lo mismo. Tendremos entretenimiento para buen rato. Mientras, las colas en las oficinas de empleo, la corrupción galopante, los bancos rescatados ayer que hoy se jactan de millonarias ganancias, el ahondamiento de diferencias entre ricos y pobres… son aspectos asimismo marginados por los valedores de los cambios. Porque acaban jugando con las reglas que en sus alegatos pretenden modificar.
Echo en el caldero los ingredientes anteriores, le añado las peripecias de Luismi, ese portento de concejal popular, los tics fascistoides de Benicio y una pizca de sal, remuevo bien…
Dejo el extractor apagado para que el humo y el vapor hagan tintinear la tapa. Y la cancioncilla parece indicarme muy a pesar de los pesares: Qué oportunidad sigues perdiendo PSOE. No cojo el viejo laúd –cómo estará el pobre– con el que darte la nota. Vámonos con la música a otra presentación fotográfica de la maravillosa y florida primavera que nos brinda la cumbre tinerfeña. Hasta mañana.

POR LOS ALTOS (IV)