miércoles, 4 de junio de 2014

Turbidez

Estoy como el agua del Puerto. Lo escribo así para que no se me enfaden los doctos entendidos en la materia que se molestan cada vez que lo ven plasmado sin el artículo. Sí, los últimos acontecimientos me han  dejado opaco. Estoy que no levanto cabeza desde el 25 de mayo próximo pasado. Intentaré hacer una síntesis:
Observo atónito que con un desorbitado cariño se han lanzado partidos, formaciones, grupos, coaliciones y todo conjunto de dos o más miembros a la yugular del Partido Socialista. Incluso muchos de sus propios militantes. Para no variar. El PSOE, culpable de todos los males que afectan a este país, es diana de los envenenados dardos que todos los zurdos españoles, y allegados de conveniencia, compraron el domingo precitado a última hora en el mercadillo del pueblo. Ya nadie se recata en el uso indiscriminado de las redes sociales. Por unos cuantos ‘me gusta’ y otros tantos comentarios de adulamiento (no está en el DRAE, pero tú lo entendiste), se olvidan lo que plasmaron cinco horas antes. Cuestión sería de que más de uno repasara de vez en cuando. Lo mismo se les cae la cara de vergüenza. Porque a los que aspiran a llevar las riendas nacionales a través de una democracia plena (la de ahora es de mentiritas), estoy en el derecho de exigirles bastante más que palabras. Y es que las colisiones de incongruencias hacen chirriar los cimientos de sus ‘programas’. Como son tan inteligentes, ahí lo dejo en la esperanza de que se tomen unos días en revisar sus muros. De haberlo hecho con anterioridad se hubiesen evitado contradicciones. Para unos cuantos el PSOE es una obsesión paranoica.
Abdicó el rey y surgieron republicanos en número directamente proporcional al de los detractores del PSOE. Y yo que utilicé el lema ‘Desde La Corona’ cuando fui colaborador en los periódicos isleños, hállome anonadado. Estoy en un tris de calificarme como monarquicano. Han surgido comentaristas para todos los gustos. Se ha derramado tinta por metros cúbicos. Y lo más curioso es que cada cual tiene una solución. Me extraña sobremanera que nadie se haya percatado de la verdadera razón por la que Juan Carlos ha solicitado el ingreso en Mundo Senior. Y con el que, inevitablemente, me habré de encontrar en cualquiera de los viajes que me restan, y a los que él, y Sofía, se suman a partir del instante en que Felipe acometa las reformas pendientes (ni se han leído la Constitución). Señores: desde el momento en que las Cortes proclamen al heredero, el padre dejará de tener alguno de los privilegios. Por ejemplo, y no es moco de pavo, podrá ser violado como cualquiera de nosotros. Y de esa experiencia, que yo haya leído, todavía no se le ha acusado. Parece que no hay constancia. Dejo a tu consideración las composiciones de lugar. Oye, ahora que me acuerdo, si la votación de esta ley de artículo único es secreta, espero que no pierdan la oportunidad los versos sueltos socialistas. Y a buen entendedor, sobran las boberías.
Bajó el paro. También en Canarias. Lo malo es que uno se queda sin saber si bajó el paro. También en Canarias. No estoy loco, sé lo que escribo. Aún. El desfase del número mágico, el menos no sé qué, nunca coincide con las altas en el régimen (que no casta) de la seguridad social. Y eso no me encaja. En las islas, a este paso –ahora se alega el final de la temporada alta de turismo– tendremos calvario hasta el siglo XXIV. El optimismo presidencial, contagiado a la consejera (socialista), me da que no es suficiente. Se crea empleo demasiado precario. Y a la vuelta del verano tendremos que reponer la misma película. Vamos en la buena dirección, escucho con frecuencia. Es tanto como alegrase cada vez que un desanimado trabajador se baja del carro al comprobar que el hecho de estar apuntado nada le recompensa. O cuando el que años atrás nos sacó las castañas del fuego debe retornar a su país ante el triste y negro panorama. O cuando los jóvenes sobradamente preparados se marchan para Alemania en pos de otras metas.
No es mi intención dejarte con mal sabor de boca. Reflexiona las líneas anteriores mientras contemplas lo bonita que está la cumbre tinerfeña. Hasta mañana.

POR LOS ALTOS (III)