jueves, 24 de julio de 2014

De silbos, otra vez (I)

Estoy yendo a La Gomera desde el lejano 1962. Allá me pierdo, camino y disparo (la cámara fotográfica) que es un disgusto. He observado cambios. Muchos. Si conservara las instantáneas que un disco duro se encargó de enviar vaya usted a saber dónde, bastantes miles formarían el catálogo de rigor. Lo malo, por aquello de las comparaciones, es que los formatos digitales son del otro día para acá.
Muchos fueron los años en que fijé mi ‘residencia’ en los mismos apartamentos (San Sebastián, en la villera Calle del Medio), cuyo responsable, el amigo Manolo, se estará preguntando si me dio un tontín (vocablo no incluido en el DRAE, pero que en canario viene a significar mareo, lipotimia o desvanecimiento). Pues no. Lo que ocurre es que a raíz de una invitación, en plan rico, al Hotel Tecina, decidí que en los años que me resten en este fugaz paso terreno iré a lugar diferente cada vez.
Le correspondió en la presente (debe estar próxima la cuarentena) al rincón que se publicita como el del mejor clima del mundo: Hermigua. Y me perdí por El Cedro, por el Raso de la Bruma, por Las Creces, Por Tajaqué y por El Morro de Agando. Observé, medité y mamé naturaleza. De todo ello quedó constancia que comparto contigo a través de estos personajillos. De cuyo enlace habrá concatenación en ese otro invento que son las denominadas redes sociales. Al menos Facebook y Twitter. Que uno, a pesar de tener el tiempo del jubilado, hay días que me acuesto con trabajos pendientes. Y no está el cuerpo ya para semejantes trotes.
Del 15 al 22 próximos pasados de este mismo mes de julio me alongué por rincones (y balcones, como el Mirador de Abrante) gomeros. Y ahora mismo, más de un compañero de la promoción de magisterio, amén de otros amigos y conocidos de aquellos lares, estará pensando que se ahorró un cortado por permanecer oculto durante esos ocho días.
En Santa Catalina me encontré con Ramón Fagundo, inspector de secundaria, con quien intercambié unos párrafos recordando viejas estancias docentes. Y en Chipude tuve una muy interesante conversa con Sonia, una joven ‘activista de la capital’. Sin olvidarme de José Luis, a quien conocí por motivo de tesis doctorales, y a quien saludé en el ayuntamiento de Alajeró. Y con el que sigue el café pendiente abajo en Santiago.
Bueno, van las primeras. Son del día 15 (martes). Yo no pongo el lugar, pero es muy fácil la deducción. No, Pilar, no me he olvidado de ti. Faltaría más. Te remitiré el enlace (por privado, que se dice) para que puedas acceder a los álbumes completos y disponer de ellos como mejor creas conveniente. Tengo otras de los que yo considero fallos. Pero esas las reservo. No obstante, un pequeño vertido de aguas residuales por la rotura de una tubería en Hermigua, me vino a señalar que la ubicación de las alcantarillas de la flamante travesía, como casi siempre y en todos los lugares, no es la que debería coincidir con la trayectoria del chorrito. Y en el Caserío del Cedro, al menos el día que yo pasé, mucha suciedad en un pequeño parque allí existente. Lo que constituye una imagen lamentable en espacio tan emblemático.
Disfruta con las imágenes. ¿Por mi pueblo? Ahí vamos, dando tumbos. Aunque los de Coalición Canaria parece que bailan el gorgojito.
En fin, la actividad está retomada. ¡Ah!, ya abrieron el tramo del anillo que llevaba reclamando. Gracias, Paulino. Ahora solo resta que no te presentes. Mi dicha sería completa.