lunes, 29 de diciembre de 2014

Un año fabuloso

Como no pienso pedirle a Los Reyes el móvil (ni otros artilugios análogos), seguiré con Facebook una temporada más. A pesar de que ya comienzan los amigos a llamarme antidiluviano. Y yo creía que era un moderno en esto de los avances tecnológicos porque otros de mi edad (66) no se atreven ni a escribir la palabra Internet. Vamos a tal velocidad que un día de estos nos ‘esmochamos’ casi sin darnos cuenta.
Y aquellos que aún recurrimos a la red social mentada en el párrafo anterior nos percatamos de los muchos años fabulosos con los que se ha tropezado la gente en este 2014 que va con la proa pa´l marisco. Lo que me lleva a pensar que somos unos mentirosos redomados. O falsos, si lo de faltar a la verdad te pareció fuerte.
Nos hemos pasado muchos meses quejándonos de lo mal que nos trata la vida, de lo peor que nos zarandea el gobierno de turno, de las miserias de sueldos o pensiones, de los ridículos incrementos previstos para este año que ya toca en nuestras puertas, de las desgracias que acontecen en este mundo convulso, de la corrupción galopante, de las evasiones fiscales… ¿Del ébola? Ya no quedan sino negritos enfermos. Si nos ponemos los dos a repasar lo que hemos leído en estos doce últimos meses, lo mismo tendríamos que hacer esta entrega por capítulos.
Pues no, el año ha sido fantástico, maravilloso, repleto de flores por ambos costados y con un mullido colchón de fino algodón blanco en su final. Dime cuántos parabienes y éxitos no has visto plasmados en los muros. Con un despliegue fotográfico que ya bien quisieran realizar cotizados fotógrafos venidos a menos y en horas bajas.
Hombre (o mujer), no te engaño: yo también le eché una visual al mío. Pero no lo compartí. Ni se lo dije a nadie. Porque ese cúmulo de esplendores echaría por tierra bastantes comentarios habidos. Y no digamos nada de las entradas en este mismo blog (Pepillo y Juanillo), cuyo enlace se publica de manera automática a través de la aplicación Twitterfeed. Me calificarían, y con razón, de poco serio.
Humildemente entiendo que lo único que logramos es desvirtuar aún más la esencia de estas fiestas. Que ya las hemos rebajado lo suficiente como para persistir en ahondar el fonduco. Falsear esa realidad que fotografiamos de enero a mediados de diciembre con frases estereotipadas del bien quedar y con composiciones que dan sonoras cachetadas a un presente tozudo, a mis escasas luces y mis limitados conocimientos, va a ser que no, que se dice ahora.
Quiero intuir que el año fabuloso será el próximo. Si nos fijamos en cómo los respectivos ejecutivos elaboran sus presupuestos, algún acontecimiento importante va a suceder porque sube el sueldo mínimo (el incremento es notorio: unos 3 euros), las pensiones se revalorizan un 0,25% (la inclinación ascendente depende de su cuantía, claro), los impuestos se congelan, las tasas puede que sean menores porque hemos depurado los padrones de contribuyentes (siempre queda bonita la expresión), los carburantes están casi a precio de saldo porque el barril se oferta barato (y si adquieres un pack te regalan tres o cuatro cubas, y si lo compras en Repsol te obsequian con unos décimos de lotería), nuestro ministro Soria invita a encender todas las luces para poder cobrarte algo en la factura, ya que el precio del kilovatio anda a la par con el bolívar venezolano…
Como llevo unos años jubilado, ya de bien poco me quejo. Me adapto a las circunstancias. Pero todavía sé leer un fisco. Y el resumen que tengo en la sesera me señala que demasiadas fueron las quejas en este 2014. Puede que esa sea la consecuencia de no haberme subido al carro del año fabuloso con el que Facebook me brindaba en estas navidades. Yo también me pongo morretudo de vez en cuando.
No obstante, como es de bien nacidos el ser agradecido, sí comparto las gracias por la fidelidad del selecto grupo de seguidores de las andanzas de Pepillo y Juanillo. Ustedes constituyen la razón de ser de mi ánimo a seguir plasmando por escrito pareceres y vivencias. Los que me invitan a sentarme ante este teclado y mantener en activo las neuronas. El haberlos hecho partícipes de mis locuras supone un acicate, un aliciente. Y aunque se muestren exigentes y me lo pongan difícil, seguiremos intentándolo.
En este último aspecto, sin duda alguna, 2014 sí ha sido un año fabuloso. Espero que ustedes no pierdan las mañas. Los que escribimos estamos necesitados de la complicidad de los que se alongan diariamente a esta ventana. Gracias infinitas.