viernes, 23 de enero de 2015

Un sacrificio

Si no tuviera la atadura de este blog, es decir, si estuviera dispuesto a perder la libertad de escribir lo que me venga en gana (con respeto, educación e ironía) y de marcharme de viaje con el Imserso, tendría en estos momentos la posibilidad de encontrar dos excelentes puestos de trabajo. No incompatibles, por supuesto, con mi condición de jubilado. Y los mismo, para qué engañarte, no me vendrían mal unas perritas extra. No creo que no concurran en mi persona los méritos suficientes (visto lo visto) para desempeñarlos de una manera al menos digna.
En la candidatura del PSOE que encabezará Patricia Hernández, y dada la obligatoriedad socialista de las listas cremallera, su número dos debe ser varón (hombre y macho también son sinónimos). Entre los que se barajan en los diferentes medios de comunicación y círculos o mentideros, más de lo mismo, o los mismos de siempre. Por lo que me sigo preguntando en qué demonios habré perjudicado yo (no olvides que fui militante y cargo público y orgánico) a dicho partido (salvo haberme marchado a mis labores) para que no tengan ahora en cuenta que en momentos trascendentales hay que recurrir a medidas excepcionales. Y si hay que hacer un sacrificio, se hace y santas pascuas.
Que no me vengan con monsergas de que no doy la talla (sin dobles ni doblez). Si hago público mi currículum, más de uno se va a sorprender. Porque cuando los jóvenes electores de los contornos se enteren de que un tío que siempre anda con chándal y caminando por esas carreteras (por llamarlas de alguna manera) es el que sale en una foto que colgó el ayuntamiento en Facebook, con un palo en la mano (que luego se lo regalé a la Virgen del Carmen a cambio de que pagara ella las facturas pendientes) y un traje que tuve que comprarme para la ocasión pues el de la boda se me había quedado estrecho (me sirvió para las tres o cuatro veces que me lo puse; y ahí tienes la prueba en la inauguración de la Casa de la Cultura), y rumbo a San Vicente… Para qué seguir. Es que ya me estoy imaginando el semillero de votos que les puedo proporcionar. Hasta me atrevería a decir que deberá ser Clavijo el que venga a suplicarnos un pacto. Aunque lo mismo podamos permitirnos el lujazo de enviarlos a hacer otras prospecciones, puesto que para nuestra casi mayoría absoluta nos bastaría con un simple whatsaap al nuevo canario, también conocido como Román.
Si me dedico a revolver los papeles viejos que guardo en un armario medio destartalado que tengo en mi oficina (como la gente importante), puede que esté a tiempo de aspirar al segundo que te comentaba al principio: sustituir a Willy. Ni Cárdenes ni Mederos (son los que se airean). Yo había propuesto a Salvador García, pero no está por la labor. Está cansado de tantos kilómetros y se conforma con algo más cercano. Pues ya está: yo, otra vez. No estoy contaminado ni debo nada a diestro y siniestro. No me haré eco de solemnes tonterías, cuando no estupideces, como la acusación del Gobierno de Canarias al señalar que el Tribunal Constitucional está politizado. Menudo descubrimiento.
Prometo darle un revolcón a los informativos y un cambio radical en los dirigentes de las diferentes secciones, que vamos a ser, por fin, un referente en esta faceta de servicio público. Y consideraremos a los canarios, nuestros telespectadores, personas normales. Elaboraremos una programación en consonancia con tal hecho. Romperemos contratos y exclusivas con productoras que nos han llevado a tal punto de idiotez que, incluso valores, individuales y colectivos, dotados de enorme talento (estoy pensando en los personajes de En clave de ja) se ven obligados (malditas guerras de audiencias) a recurrir a tópicos que rayan la imbecilidad, cuando no la indecencia. Los que no estén dispuestos porque entiendan que estas fórmulas ‘benaventinas’ pueden funcionar dieciocho temporadas más, que vayan haciendo las maletas o que se reciclen para los nuevos contenidos. Se harán cursillos a tal fin.
El nuestro va a ser un periodismo serio, riguroso. Fuera los moldes de reírse del discapacitado, del poco afortunado, de aquel que la vida no le ha deparado demasiada fortuna (tanto en lo físico como en lo intelectual). Aquel que quiera hacer gracietas y fiestas con estas desgracias, que lo haga en su ámbito privado (allá cada cual con su conciencia), pero en un ente público, no. Máxime cuando con esos millones se podrían solventar necesidades más perentorias. Y no es demagogia. Se me alegará que supondría muchos cambios. No, muchos no, casi todos, una transformación radical.
¿Acaso crees que escribiendo lo que piensas y trazando esas líneas de actuación te van a llamar? Me temo que no. Me moriré sin saber dorar la píldora. De lo que me alegro profundamente. Tampoco me emplazarán, claro, para enderezar el rumbo de otra nave (nodriza) a la deriva. Qué pena de excelentes crónicas y reseñas históricas, empañadas por jocosas intervenciones de quienes tienen la obligación, el sagrado deber de cultivar las más elementales normas y reglas que en cualquier manual de estilo periodístico se referencian desde la introducción.
No te preocupes, hombre (o mujer). Aquí seguiré. Hasta que la muerte nos separe. Ni cargo de confianza ni pagas extras. Camina, tolete, que es lo tuyo, mientras puedas. Que el que sabe, sabe…
Se me olvidaba, el 23 de enero de 1985 (hoy hace treinta años) celebró sesión plenaria extraordinaria el ayuntamiento realejero. Y yo estaba allí para intentar seguir dirigiendo una tripulación hasta llegar al puerto del 30 de junio de 1987. Una décima (la número 23) lo recordará.
Feliz fin de semana.