lunes, 18 de mayo de 2015

Nostalgias

Cuando el curso académico 1978-1979 declinaba, un entusiasta grupo de madres y padres de alumnos de la entonces Agrupación Escolar Mixta Longuera Toscal, así como otros amigos que decidieron motu proprio sumarse a la aventura y subirse al carro de la ilusión, acordó fundar una asociación que encauzara el devenir de la educación de sus hijos.
Como el verano estaba a la vuelta de la esquina planificaron actividades de toda índole con el fin de recaudar el máximo de fondos posible para que los chiquillos dispusieran al inicio del curso siguiente los libros de texto y resto del material (cuadernos, bolígrafos, lápices, gomas…). Algunos calificaron aquella hazaña de imposible, cuando no de locura. Y no solo alcanzaron el objetivo sino que también acondicionaron el polideportivo que se hallaba en unas condiciones lamentables, después de que el ayuntamiento lo inaugurara (última corporación antes de las primeras elecciones democráticas) y lo dejara cerrado a cal y canto. Con lo que la juventud, huérfana de instalaciones donde poder ejercer la necesaria actividad física, hizo, y deshizo, a su antojo en la cancha (sin el más mínimo material deportivo) y en los vestuarios, convirtiendo las dependencias en zona  de conflicto bélico.
Se limpiaron baños (bien de mierda se sacó), se pusieron rejas metálicas que protegieran los cristales, se ubicó una pequeña oficina, se organizaron festivales, se levantaron los muros, se pintaron y adecentaron los jardines, se llevaron a cabo campeonatos de fútbol sala… Y pasados los años, cuando el deterioro del pavimento era más que patente, se realizó una singular campaña para su asfaltado. Tras la solicitud del pertinente presupuesto, se dividió la cantidad entre los metros cuadrados de la superficie que se debía acondicionar. Y se colaboraba con la aportación económica de equis metros cuadrados, según lo que la economía de cada cual permitiese de manera voluntaria. Y se consiguió. Todos aquellos que en nuestra juventud no habíamos tenido sino carencias y necesidades, nos volcamos para que la situación cambiase. Se dedicaron horas y horas a tan nobles tareas… Me causa estupor leer cómo el PP propone en su programa hacer un banco de libros. Lo nuestro, 35 años antes, debió ser un aborto de la naturaleza.
Hace unos días me encontré una libreta en casa con unas anotaciones de aquella época. La primera reseña es del 23 de junio de 1981. La Asociación (más tarde ya se denominó APA, luego AMPA) celebraba asamblea que coincidía con los dos años de funcionamiento. Como curiosidad no se pudo elegir Junta Directiva (hoy se diría en primera convocatoria) porque muchos de los consultados debían pensárselo. Era frecuente la respuesta de yo no sé para eso o no tengo tiempo. Siempre se superaba tal inconveniente, afortunadamente, y el colectivo fue un ejemplo que cundió en el resto de colegios (algunos de matrícula más elevada) y que culminó en la fundación de la Federación Godínez, de la que tuve el honor de ser su primer presidente.
Te señalo unas curiosidades de la libreta en cuestión. No sin antes indicar que me provoca cierta desazón declaraciones de ahora mismo en torno a infraestructuras municipales y de los quebraderos de cabeza que sufren los cargos públicos para su mantenimiento. No me hagan reír que se me parte el labio. Vamos allá:
24 de junio (miércoles): Fregado de las escuelas prefabricadas, traer madera y bidones (en un furgón prestado) para montaje del escenario (festival de fin de curso).
25 de junio (jueves): Ir a La Laguna con un concejal para ver aparatos (un tobogán, un medio punto y dos balancines) del posible parque infantil a montar en las escuelas de La Puntilla; preparar la exposición de trabajos manuales; barrido (tengo los nombres de los ‘operarios’) del polideportivo.
26 de junio (viernes): Ir al ayuntamiento a recoger la llave de la amasadora (después te digo para qué); ensayo general del festival; traer refrescos y fritolay; atezado (aclarado lo de la amasadora) parte alta del patio de recreo de La Puntilla (los maestros también echaban una mano); reunión a las nueve para nombrar la Directiva.
27 de junio (sábado): Regar el atezado de La Puntilla; decorar el escenario; festival de fin de curso (largo pero bien), en el descanso, vender (¿cogiste lo de los refrescos y el fritolay de antes?); pagar altavoces (megafonía se llama ahora): 5.000 pesetas (las otras 5.000, la escuela); desmontar decorados; subir las sillas.
28 de junio (domingo): Regar nuevamente el atezado reseñado.
29 de junio (lunes): Devolver refrescos (excepto 1 c/ cerveza Mas y 1 C/ Schweppes que estaban sin terminar); desmontar escenario y llevar tablas y correderas al que nos las había prestado; recoger y barrer; hacer balance (4.500 pesetas de beneficios).
30 de junio (martes): Regar atezado y poyos; recoger y traer a la oficina libros de dos clases; llevar bidones y tablas del escenario (dos viajes en furgón prestado); hablar con fotógrafo (dos opciones con las fotos del festival: el 10% de las que se vendan o comprarlas todas a 150 pesetas y vender luego a 200).
1 de julio (miércoles): Ordenar las fotos en la secretaría de la Asociación.
2 de julio (jueves): Vender fotos; reunión a las ocho y media (nueva directiva al completo) para tratar: Clases de guitarra a comenzar el día 13, los lunes, miércoles y viernes a partir de las ocho y cuarto de la tarde; pronta colocación (lo hicimos nosotros) de los aparatos del parque infantil de La Puntilla (abierto al público pues un socio se encargará de abrir, vigilar y cerrar –“igualito que ahora”–); se organiza un baile para el día 18 de julio a partir de las nueve de la noche, se rifará una hartanga, precio del número: 10 pesetas; se anunciará a partir del día 4 con altavoces (insisto, ahora megafonía); el precio de las entradas queda pendiente y sujeto a lo que nos cueste la orquesta, que está aún por confirmar [sería la Osiris, según apuntes de días posteriores]; se planifica una excursión con Transportes Vimar (Las Lajas y Los Cristianos) para el 2 de agosto; y se le confirma –a eso se le llama antelación– a la asociación de vecinos de Punta Brava nuestra participación en la organización de la Cabalgata de Reyes (e íbamos a La Escalona para alquilar los camellos)…
En fin, siguen más notas de salidas con altavoces, lista de las compras, precios de las entradas (125 pesetas los hombres y 50 las mujeres)… Y nos deja el baile unas ganancias de 30.907 pesetas…
Hoy, los sufridos concejales se ‘liberan’ a cambio de sustancioso sueldo y, normalmente, para decirte que no a casi todo. Para escribir otro libro. Hasta mañana.