martes, 19 de mayo de 2015

Descorche

Novak Djokovic, el mejor tenista en estos momentos, va ‘embalado’ (dice el diccionario que es lanzado a gran velocidad). Y aquellos deportistas que le hicieron algo de sombra años atrás parece que no se hallan en condiciones para intentar bajarlo del pedestal. Tampoco se atisban en el horizonte inmediato figuras de cierta relevancia que lo pongan nervioso. Aunque nunca se sabe. Nadal estuvo unas temporadas que se salía y ahora renquea el hombre que ni la sombra de lo que fue en un pasado no tan lejano. Me temo que este año en Roland Garros no vaya a poder ejercitar ese francés que prometió aprender.
Como en estos días sigo el Giro de Italia por televisión (ese sí que es un deporte sufrido), entiendo que los ciclistas tienen mucha más práctica en el descorche de la clásica botella de champán. Ceremonia que también se estila en el motociclismo y automovilismo. Pero no la conocía en el tenis. Y el número 1 mundial tampoco debe estar muy ducho en la materia. A los hechos me remito:
El serbio, ganador del reciente Máster de Roma (van cuatro de cuatro en 2015) al derrotar en la final al suizo Roger Federer, no puso la botella en la dirección adecuada y el disparo del corcho casi le saca un ojo (es un decir muy a lo bestia). Lo que hubiese supuesto un duro revés para tan brillante trayectoria. Porque con un globo ocular morado se hace muy difícil la visión de la pelota, de las rayas, cuando no de la propia raqueta.
Los protocolos se convierten en manías y después del buche del bien quedar ahí queda el recipiente prácticamente lleno. Porque jamás he visto al campeón solicitar una docena de copas para invitar a los más allegados. Lo más, en cierta ocasión, comprobé que un piloto de Fórmula I dejó caer la descorchada desde la tribuna del pódium con tan buena suerte que se fue al suelo y quedó hecha un asquito, por lo que los posibles receptores o invitados se quedaron con tres palmos de narices. Y como no suelen ser pequeñas, el estropicio fue mayúsculo.
Como hace unos días me quedé dudando al ver escrita la expresión “parte propositiva” (mi duda se inclinó hacia el supuesto adjetivo, que efectivamente no existe), me picó de nuevo la curiosidad y hallé:
descorche
1. m. Acción y efecto de descorchar.
2. m. Comisión que en locales de alterne obtienen las señoritas que acompañan a los clientes con el fin de que tomen el mayor número posible de consumiciones.
descorchar
1. tr. Sacar el corcho que cierra una botella u otra vasija.
2. tr. Quitar o arrancar el corcho al alcornoque.
3. tr. Romper el corcho de la colmena para sacar la miel.
4. tr. Romper, forzar un cepo, caja u otra cosa semejante, para robar lo que hay dentro.
Dado que no suelo frecuentar los locales de alterne, me alegro enormemente de que no me hayan descorchado ni un euro para vicios de tal porte. Lo que más conocemos los que vivíamos en Toscal-Longuera en los años que estuvo abierto el Gallo Rojo es el descoque (manifestar desparpajo y descaro) de aquellas mozas algo ligeras de prendas de vestir, sobre todo en las zonas del tronco más cercanas al cogote. Tiempos de muchas enseñanzas.
Te cuento, asimismo, que tuve la oportunidad de contemplar, en vivo y en directo, varios alcornocales en Extremadura tras el descorche y a fe que constituyen un paisaje sorprendente. Debo tener por ahí algunas fotografías. Me pondré a ello.
En fin, amigos y amigas (amig@s, en las modernidades políticas), me alegro de que a Djokovic no le haya ocurrido nada, que todo se haya quedado en mero susto, y así podamos seguir disfrutando de su buen hacer. Que no solo de fútbol vive el hombre (en sentido genérico). El Madrid, campeón europeo de baloncesto, tiene unas ganas de que Cataluña se independice.
Y continúa la cuenta atrás. Ya queda menos. El lunes que viene daré a conocer unos puntos interesantes para poner en práctica estos próximos cuatro años. Hasta mañana.