martes, 1 de septiembre de 2015

La raya azul

Qué fallo el mío. Ayer olvidé por completo mencionar, siquiera un párrafo, la raya azul con la que la alcaldesa güimarera, la señora (o señorita) Carmen Luisa Castro, nos ha tenido entretenidos durante estos últimos días para general regocijo de todos los que admiramos el buen hacer de los políticos. Si con esta medida hemos de calibrar la valía de la dirigente popular, mucho está tardando su jefe insular en acometer idéntica tarea en El Burgado, La Higuerita, La Montaña y otros territorios limítrofes para graduar la fuerza realejera. Que ya está bien de que seamos la cenicienta del Valle. Esgrimamos nuestra fortaleza. Y nuestro cabezón.
Tengo amigos por aquellos contornos del valle sureño (o del este tinerfeño) que me señalan que la susodicha se marca de vez en cuando ciertos pasos en el baile político que dan algo, o mucho, que comentar. Ignoro cuál es la preparación de la presidenta de la corporación de aquella bonita población, pero si hemos de medirla por acciones de tal calado, guárdenme un par de crías en el próximo parto.
Como el conflicto fronterizo se emprende contra Arafo, y este municipio sufrió en el transcurso del mandato anterior la fuga de José Juan Lemes (ahora sigue de alcalde, pero bajo las siglas de un nuevo partido, creado a su imagen y semejanza), uno piensa si no se deberá la pintada a una revancha encubierta. No te dibujamos la gaviota aunque al azul marca impronta. La retirada de una íntima amistad (eso declaró Manolo en una entrevista) no es cuestión baladí y merece, como mínimo, esta separación de bienes. No pienso recogerte una colilla ni un milímetro más allá de… Chacho, ahora que pienso, si la raya fue pintada justo en la linde, al menos la mitad del ancho de la misma deberá estar en terreno enemigo. Cuestión por la que podría ser denunciada la autora espiritual del desaguisado. Lo llamaremos, por la pronto, invasión indebida. La justicia debe actuar ipso facto y ordenar que se borre toda la superficie del polígono que entre en la heredad de Domingo Calzadilla. Centímetros cuadrados que multiplicados por el largo de la traza (que decía una señora palmera afincada en la zona de El Castillo) nos señalarán al menos un par de metros también cuadrados. Mira que somos capaces de aguantar imbecilidades.
Como la pintada me trincó pasando unos días en Playa de San Juan, disfruté del amplísimo despliegue informativo de la tropa de Roberto González (si la mandamás hubiese sido de CC, o, en menor medida, del PSOE, las tornas habrían cambiado; de surgir nuevo pacto tras las generales, damos la vuelta a la tortilla) y… casi se me cae la cara de vergüenza. Por los actores y por los intérpretes o traductores. Tanto que compuse unas décimas. Y aclaro que aquellos que conocen mi idilio con La Gomera, saben a la perfección que en una de ellas no existe connotación peyorativa alguna. Recurrí a ese paraje del municipio de Vallehermoso por su rima evidente y, tal vez, como contrapartida a la tan cacareada pulsera identificativa que la policía colocó a muchos chiquillos en las playas más significativas de las islas.
También un consejo a la pintora: Mándese un higo (de pico). Expresión que usábamos décadas atrás para denotar sorpresa o incredulidad. Y su acción bien lo ha conseguido. No obstante, suyo afectísimo. Seguro que mi alcalde le trasladará el particular.
La alcaldesa güimarera
signó una raya celeste,
no importa lo que nos cueste,
para marcar la frontera.
Esa colonia arafera,
que aborreció la gaviota,
va a tomar debida nota
de las huestes populares;
luego serán nuestros mares…
¡Y quede la alianza rota!

Han pensado seriamente
los vecinos de Arguamul,
pintarse una raya azul
bien destacada en su frente.
Como siempre hay tanta gente
en cada fiesta gomera,
con levantar la sesera
podrán ser localizados,
si es que fuesen reclamados
por un pariente cualquiera.

Polémica bien visible
nos marca raya celeste,
a Lemes la causa peste,
y Luisa la ve factible.
Es un hecho tan sensible,
y afecta buenos vecinos,
que tamaños desatinos
solo indican qué ejemplares
gobiernan por estos lares
y rigen nuestros destinos.

Doña Carmen Luisa Castro,
mándese un higo de pico,
que bien fresco está muy rico,
y túmbese en el camastro.
No va a dejar un buen rastro
con medidas de tal porte,
no vaya a perder el norte
con pintadas tan notorias,
que esas líneas divisorias
no entienden de pasaporte.

Y a todos ustedes, mis estimados seguidores, mil gracias por seguir ahí en esta nueva temporada a la que hoy damos comienzo.