miércoles, 7 de octubre de 2015

Neutrinos

Ayer se concedió el Premio Nobel de Física. La Academia de Ciencias sueca valoró el trabajo del japonés Takaaki Kajita (experimento Super-kamiokande) y del canadiense Arthur McDonald, quienes, en investigaciones paralelas, han descubierto que los neutrinos oscilan y poseen masa. Grosso modo.
De la Wikipedia copio: Los neutrinos (término inventado por el científico italiano Enrico Fermi, que en italiano significa ‘pequeños neutrones’) son partículas subatómicas de tipo fermiónico, sin carga y espín 1/2. Desde hace unos años se sabe, en contra de lo que se pensaba, que estas partículas tienen masa, pero muy pequeña, y es muy difícil medirla. La masa del neutrino tiene importantes consecuencias en el modelo estándar de física de partículas, ya que implicaría la posibilidad de transformaciones entre los tres tipos de neutrinos existentes en un fenómeno conocido como oscilación de neutrinos.
No comiences a pedirme explicaciones técnicas porque yo soy más de letras. Dentro de un ratito verás por dónde van los tiros.
Me voy a quedar con dos párrafos de la información periodística consultada:
Los neutrinos han sido las partículas más misteriosas del universo. Cada segundo, billones de ellos atraviesan nuestro cuerpo, nuestras casas y el resto del planeta sin dejar rastro alguno, lo que les ha valido el apodo de fantasmas.
Los descubrimientos de ambos físicos explicaban que estas partículas no desaparecen, sino que oscilan entre tres formas o identidades diferentes a las que los físicos llaman sabores, un fenómeno basado en la mecánica cuántica.
Debo respetar, sin duda, la labor de tales eminencias en el campo del saber. Pero si algún joven sobradamente preparado, que los tenemos pero emigran, se hubiera dedicado a estudiar en profundidad ciertos especímenes políticos (en las islas hay bastantes), sus movimientos, sus desapariciones, en suma, sus oscilaciones, a buen seguro que llegarían a conclusiones similares a las de los físicos galardonados. Por lo que podrían ser dignos acreedores a cualquiera de los premios que se sortean por el Día de Canarias, según le dé el aire al presidente autonómico.
Ahora mismo continúa el Boletín Oficial de Canarias escupiendo nombramientos casi diarios. Y vaya si hay neutrinos. Que se comportan de manera análoga a las partículas subatómicas, y cuyos vaivenes (oscilaciones) les hacen ostentar cargos diferentes, a pesar de su imponente masa corporal, apenas correspondida con la que actúa como motor de la máquina. Desde Rodríguez Zaragoza a Melchior Navarro. Los hallamos circulando por el mundo (político) a velocidad pasmosa sin dejar rastro alguno. Como los fantasmas. Es más, son fantasmas. Se subieron al acelerador de partículas cuando aún no se había concluido el ensamblaje de las últimas piezas (buenas piezas sí están hechos) y ahí permanecen girando y girando. Ni se marean. Se transforman, lo más. Valen para todo. Entienden de todo. Lo mismo son agricultores que consumados ingenieros de caminos, canales y puertos, con el subapéndice de anillos, túneles y galerías.
Los científicos (más atrás lo pudiste leer) llaman sabores a las diversas identidades o formas (fenómeno, dicen, de la física cuántica) entre las que se mueven los susodichos neutrinos. Pues no vean ustedes cuánto se han saboreado (se han dado gusto) en su dilatada trayectoria estos otros neutrinos públicos. Que también atraviesan nuestro cuerpo (y de qué manera) y nuestras casas sin dejar huella. Y cuando la dejan, agárrate del sablazo.
El señor Kajita (debe ser chiquito, entiendo), de haber asentado su laboratorio en cualquier dependencia del gobierno canario, se hubiese ahorrado el tener que fabricar ese supercamión (cuando lo leí, así lo pensé). Y le habría bastado con una cámara con la que grabar andares, decires, poses y aspavientos. Lo mismo se me ocurre para con McDonald. Porque estos neutrinos papafritas a los que me refiero, bien se atiborran en tales establecimientos de buenas raciones de comida rápida.
Bien es cierto que las mentalidades japonesa y canadiense, tan distantes de las que pululan por estos lares, no estaban al cabo de saber lo que se cuece bajo los dominios de Echeyde. De haber tenido conocimiento de que restan propiedades por descubrir en ese universo de los átomos, quizás se habrían aventurado a indagar en cualquier tubo volcánico (donde hay menos interferencias) por si restasen elementos que sacar a la luz, tanto en el núcleo (duro o no) como en las zonas orbitales.
Después, para un posterior estudio, toca indagar la conducta de los gorrinos. ¿O estos nada tienen que ver con el tema objeto del post? A veces me formo un cacao. ¿Estaré haciendo méritos para ingresar en el club de los selectos? Deja ver cómo acaba la película del anillo. En singular, no como la otra.