jueves, 4 de febrero de 2016

ASG

Estoy apenado. El que Carlos Herrera haya manifestado que se piensa exiliar a Somalia en el supuesto de un gobierno PSOE-Podemos (no ha aclarado si a Mogadiscio, Beledweyne o al mismísimo Cuerno), me ha dejado en clarísimo fuera de juego. Porque no hay derecho a que se vaya él solo. Soy capaz de aportar 50 céntimos para el alquiler de un micro donde quepan al menos dos docenas de ejemplares. Quizás la fortuna nos sonría y con el enjambre reunido pueda producirse un efecto similar al del cualquier conversión bíblica. Tengo un disgusto.
Vamos a lo serio. La Asociación Socialista Gomera (ASG) es el partido de Casimiro Curbelo. Suyo, al cien por cien. Y si me apuras, más. Cuando atisbó la posibilidad de que el PSOE lo declarara incompatible, buscó un testaferro (le sobran) para que lo registrara y ahí lo dejó aparcado hasta que lo necesitó para volver a presentarse como candidato a todo lo que se tercie. Una formación política es un vehículo. Y en este, en concreto, conductor, cobrador, y revisor coinciden con el propietario. Y otra característica peculiar es que  los pasajeros van todos detrás… caminando.
El Conde de La Gomera y Señor de Vegaipala (por qué iba a ser menos que el Marqués de La Oliva) no tuvo mayor dificultad en presentar candidaturas a todos los ayuntamientos de la isla, Cabildo y Parlamento de Canarias. Son ya tantos los eventos, incluyan entierros, en que los dineros públicos crean dependencias, que las siglas son lo de menos.
Pero el socialismo va por delante. Es la etiqueta de presentación. Aunque no se trata de los repartos y mejoras sociales que puedas ahora mismo estar imaginando. Es Casimiro en estado puro. Sus adláteres no son ni siquiera circunstancias. Las oraciones subordinadas en La Gomera no son jamás adjetivas ni adverbiales. Son, siempre jamás, sustantivas del mismo sujeto.
El desliz de Ana Pastor (¿o no fue tal?) con su incompatibilidad entre política y honradez no constituye mayor novedad en un territorio que me fascina. El presidente del Cabildo y diputado (no es senador porque estaba aún muy fresco el afer de ciertas andanzas madrileñas) ha ordenado a los otros dos diputados, socialistas como él, que visiten los consistorios para propagar la doctrina, cual Testigos de Jehová, de que van a mejorar la calidad de vida de todos los pueblos. Mientras, el jefe se enfrasca en otra campaña: la defensa a ultranza de la triple paridad, porque en Canarias hay islas ricas e islas pobres.
Como se trata de equiparar el modo de vida de un ciudadano de una isla capitalina con las mal denominadas menores (estereotipos que venden algunos políticos para su exclusivo beneficio), la alcaldesa de Agulo y todo su equipo de gobierno (seis concejales en una corporación de nueve), todos ellos de la tropa que se reseña en el presente comentario, es decir, para evitar malos entendidos, de la ASG, se ha liberado, cobran de las arcas municipales, ordeñan una vaca de escuálidas tetas (Agulo no alcanza los 1100 habitantes), más seca que la vergüenza de quienes han empezado a igualar modos y costumbres de la manera más práctica y ejemplar: por ellos mismos.
Tiene La Gomera la cesta de la compra más cara de Canarias. Mucho de culpa deberán tener los que rigen los destinos insulares desde casi los tiempos de Beatriz de Bobadilla. Quienes en vez de intentar hallar remedios a que se paguen los combustibles más elevados del archipiélago por el monopolio ignominioso de la empresa suministradora, entienden que la prioridad pasa por la ampliación del aeropuerto. Será para que sus señorías puedan tener vuelos directos con destinos más universales. A lo peor ya se le está haciendo pesado a la senadora el tener que recalar en Tenerife. Una instalación que dispone de dos frecuencias diarias con Los Rodeos, con vuelos prácticamente vacíos, precios de los billetes casi por las nubes (la distancia es tan corta que suelen volar los aviones por debajo de las susodichas) y con una cafetería que si pasas por allí y te echas un cortado la señora te da un abrazo…
Y se mentan socialistas. Me quejaba amargamente cuando en San Juan de la Rambla (algo más de cinco mil habitantes) el equipo de gobierno anterior (Tomás, Marco y cinco más) estaba enchufado al completo en el surtidor de San José. ¿Y ahora qué hago con estos del Bombón? Vividores, aprovechados, fieles súbditos del que sigue investigado por un incremento patrimonial que no entra en los cálculos de la normalidad. Que sí, hombre, se la pegará; más alto subió la palma.
Lo malo es que el pueblo sigue dormido, ciego, con los ojos vendados. Nunca una póliza de defunción ha provocado tantos muertos. Apáticos, somnolientos, que se dejan embaucar con cantos de sirenas. Repasen la historia y emulen al gran Hautacuperche. Rompan de una maldita vez el gánigo de esta falsa paz. No es que les estén tomando el pelo. Es que los utilizan de manera descarada, los usan como punta de lanza en unas supuestas reivindicaciones que de alcanzarlas siempre se escoran peligrosamente.
¿Qué quieren, que no vaya más? Pues les voy a responder clarito: Se van a joder. La Naturaleza es bastante más sabia que todos ustedes juntos bailando el aseregé (sí, con g) en versión aquelarre en La Laguna Grande. Y a los jóvenes seguidores de las enseñanzas del maestro deberé señalarles que no me vale ni aquella sentencia de qué buen vasallo si tuviera buen señor.
¡Ay!, cómo suena de sed el tambor de La Gomera. Silba bien alto, Garajonay. Hasta mañana.