miércoles, 3 de febrero de 2016

De nuevo con el Imserso

Tropecé este pasado lunes, recién llegado de La Palma, con un artículo firmado por María Fresno (Diario de Avisos) y que llevaba por título “Con el Imserso hemos topado”. Como se inicia con el siguiente texto: Todos conocemos a alguien que se ha ido de viaje del Imserso, me hallo, por razones más que obvias, en condiciones de comentar algo al respecto.
Sostiene la periodista que el presidente de Ashotel, Jorge Marichal, recuerda que es necesaria una revisión profunda del programa. Pero no abunda demasiado en el cómo. Pues se limita al argumento de que los retrasos en las adjudicaciones del programa de la temporada 2015-2016 ha supuesto un terrible caos para los hoteleros, quienes se han visto obligados a vender las habitaciones reservadas a otros turoperadores. No olvidemos que el conflicto por los lotes entre Mundo Senior y Mundiplan ha provocado demasiados quebraderos de cabeza en la mayorías de los destinos. Bueno sería, asimismo, insistir, en que la costa mediterránea y Baleares depende casi exclusivamente en estos meses de tales viajeros. No comparto, sin embargo, las alegrías del representante de la patronal para que se cambien las fechas, y alargarlas hasta el mes de julio. Pues si he de aceptar como ciertas sus afirmaciones de que el turismo europeo en temporada alta compra las camas a un mejor precio, debería explicarnos el porqué hoteles portuenses, que todos conocemos, se mantienen fieles a los viejitos. Y ello a pesar de la cantinela que la escasa rentabilidad de estos paquetes vacacionales les brinda.
En consecuencia, aparte de mejorar el precio que se paga al hotelero (¿de dónde va a salir?), se insinúa que el régimen de estancia sea solo de media pensión para que también se incentive el consumo fuera del recinto hotelero.
Yo sé lo que pago. Estipuladas están las cantidades en el programa. Sé, asimismo, todo lo que se mueve en el capítulo de excursiones. Muchas de ellas de jornada completa, lo que implica una comida en ruta. Amén de las paradas en lugares de interés en los que la compra del recuerdo (llámalo souvenir, que a lo mejor te llena más) es norma de obligado cumplimiento. Y el cortado, porque no vas a entrar a mear por la cara. Y sigue sumando.
Además, y este aspecto es más triste, hay jubilados que tienen otras obligaciones más perentorias. Que ni siquiera pueden realizar un solo y mísero viaje en el año. Porque deben acudir a Mercadona el día del cobro a echar una mano al resto de la familia. Y claro que habría que cambiar las condiciones para que todos –sí, todos– tuvieran la oportunidad de ‘más que sea uno’. Aunque los más pudientes (funcionarios y empleados de banca en su vida activa, por ejemplo) debieran pagar unos euros más. Y en vez de tres, cuatro, cinco o más, se conformaran con menos para compensar. Denomínalo justicia social. Que no se nos llene la boca con cuestiones de menor importancia.
En este tipo de asuntos deberían tener voz (y voto) muchos más currantes. Los dirigentes políticos buscan otros réditos. Los hoteleros, tres cuartos de lo mismo. Ocurre aquí lo que en el sector educativo. Donde las leyes salen de las entendederas (más bien escasas) de burócratas de tres al cuarto. Mientras docentes de enorme prestigio y mayor calado social ni siquiera son consultados. Y a los que se les exige horas y horas para rellenar papeles que luego serán pasto de las destructoras.
Concluye la periodista con la siguiente sentencia: No soy yo quien debe decidir si las medidas que propone la patronal son o no correctas. Aunque bien mirado, son muchos votos los que hay en este segmento y quien debe decidir si se mejora o no son aquellos que precisamente necesitan esos votos.
Cae usted, estimada compañera, en el error que se viene cometiendo desde que fue creado el Instituto de Mayores y Servicios Sociales. Al menos en lo que se refiere al apartado de los viajes. El creer que cuando alcanzamos determinada edad nos convertimos en borreguitos que acudimos con la papeleta a buen recaudo cuando nos citan a las urnas para demostrar agradecimiento infinito al gobernante de turno por llevarnos de excursión con casi todos los gastos pagos. Y en este colectivo en el que ahora milito habemos de todo. Como en cualquier otra parcela de la viña del señor. Ni más ni menos. Ya llevo siete cursos matriculado en esta, así lo espero, carrera más larga de mi vida y ni la más mínima tentación de votar a Mariano. Botarlo sí, para qué vamos a negarlo. Estos logros sociales se alcanzan a pesar de los políticos. Y hasta pienso que nos los merecemos.
Dicho lo cual, sí hay que cambiar los procederes y baremos. No se puede establecer tabla rasa para todo tipo de pensiones. No juega en igualdad de condiciones quien percibe quinientos euros con hogares en los que entran casi cuatro mil (los dos frescos y lozanos que da gusto verlos). Y el agravante de que suelen coincidir las penurias (paro, escasa preparación, desarraigos familiares…) con los que menos poder adquisitivo poseen. Se cumple en este particular, y con creces, lo de que no hacemos justicia tratando a todos por igual. No, a los desiguales, trato preferencial. Aquellos que rigen multitud de destinos (nos viene al dedo) y entienden que desde un despacho se pueden trazar unas líneas maestras, bien harían en pedir el consejo de los que, simplemente por edad, han tenido la oportunidad de mamar en contextos adversos. Que no, la veteranía no es un grado per se, pero a veces sí.
¿La foto? De un viaje del Imserso. Aquí en Tenerife, ¿qué te parece? Algunos tengo en mi haber. No muchos, pero me dan para contar boberías. Sé de casos en que te asustarías si te expreso la cantidad. Existe una descompensación brutal.
Hasta mañana.