lunes, 30 de mayo de 2016

Manda huevos

Expresión que saltó a la fama de la mano, o de la boca, de Federico Trillo allá por 1997. Era, a la sazón, presidente del Congreso de los Diputados y tras abrir la votación de la Ley de la Televisión Digital, olvidó cerrar su micro antes de soltar semejante perla en tan insigne lugar.
Que no fue, ni mucho menos, el único desliz o contratiempo del personaje. Siendo ministro de Defensa también se metió en varios berenjenales. Recuerden que de la mano del belicoso Aznar tuvo la feliz ocurrencia de ordenar el asalto a la isla de Perejil, donde unas cabras estaban poniendo en peligro la seguridad nacional. O cuando ante las tropas de El Salvador gritó a voz en pecho: ¡Viva Honduras! Menos gracia me hace el recuerdo del accidente del Yakovlev 42 en suelo turco y en el que murieron 62 militares que regresaban de una misión en Afganistán. En la actualidad, y desde 2012, el señor Trillo es embajador español en el Reino Unido. Me imagino que en estos cuatro años habrá aprendido tanto inglés como la exalcaldesa Botella, la mujer de José Mari.
Pero no iban por ahí los tiros del titular de hoy. Día de Canarias, por cierto. En el que seguimos lamentando la pérdida de una gran voz de nuestro acervo tradicional en la faceta de la música folclórica: el gran Ico Arrocha. Sobre San Bartolomé (Ajei), Lanzarote y el archipiélago entero se extiende un manto de luto, pena  y consternación.
En esta pasada semana conocimos que a cierto señor tailandés se le colgó un enorme bicho de sus partes más íntimas y dolorosas. El buen hombre se disponía, como cada jornada, a salir de casa para acudir a su trabajo. De repente, un fuerte retortijón de tripas le obligó a correr hacia el baño para evacuar sus necesidades más perentorias. Usaban en su casa el inodoro estilo turco, ese en el que debes ponerte en cuclillas para que el aparato digestivo, por el orificio de marras, despida el tránsito de las sustancias no asimiladas por el intestino.
En tal posición estaba, con sus vergüenzas al descubierto, cuando sintió un agudo pinzamiento, al tiempo que un acentuado dolor en las protuberancias. Algo le aprisionaba y no acertaba a descubrir al autor de semejante ataque traicionero. Echó mano (derecha, en la izquierda portaba un trozo de papel higiénico) a la zona de la acometida y agarró a la autora de la chascada (participio canario de chascar: morder, mascar, masticar).
Allí, bien adherida a ese lugar que te duele un (vuelve al título), o los dos (como ya lo cogiste no hace falta que retrocedas), se encontraba una serpiente pitón de longitud considerable. Trescientos centímetros, o más. Y cómo succionaba la condenada. No había manera de que soltara los objetos.
Ante los consabidos gritos (hasta de contarlo me duele), acudió la mujer y varios vecinos. Cuanto más tiraban del animal, más se escuchan los lamentos del agredido. Los que han jugado al fútbol y recibido un balonazo en ese sector anatómico, sabrán de qué hablamos.
Menos mal que a la señora se le ocurrió echar mano de una cuerda y atar fuertemente al reptil hasta que no le quedó más remedio que aflojar la mandíbula. Instante en que nuestro hombre se vio liberado de tal presión, que no del episodio doloroso. Afortunadamente se recupera en el hospital y los médicos le aseguran que nada se ha perdido, que todo sigue en su sitio y que la utilidad de los elementos embestidos seguirá teniendo la misma funcionalidad, a saber... ¿Hace falta que te lo cuente?
Los ofidios deben llevar en sus genes el recuerdo de las manzanas de aquel edén en el que habitaron Adán y Eva. Y no resisten las tentaciones de trincar todo aquello que llame su atención al sobresalir de cualquier superficie. También la corporal, claro.
Lo primero que piensa hacer el tailandés protagonista de la simpática anécdota es comprarse una taza de fundamento. Lo que yo no tengo tan claro es si estando sentado se librará de las visitas de posibles invasores. Estuve el sábado, y parte del domingo, desconfiado. Uno mea de pie, pero otros menesteres requieren depositar el culo sobre la tapa. Y qué quieres que te diga. Oye, que me acordaba del oriental. Y me hacía daño, tú. Pobre hombre.
Bueno, tengan cuidado cuando sientan dolor de barriga en el campo. Máxime cuando en estas islas nos estamos acostumbrando a soltar animales exóticos. No sé si la futura Ley del Suelo, con la que Clavijo quiere flexibilizar los procedimientos actuales suprimiendo filtros y cortapisas, tendrá en cuenta estas adversidades y peligros. Se lo contaré a Paulino. Él ya firmó en contra de la potencial normativa. Parece que los expresidentes, en Madrid y aquí, andan revoltosos. Como la pitón.
Bueno, hasta mañana. Iré ahora a caminar un fisco a ver si se me pasa esta fatiga.