miércoles, 29 de junio de 2016

Décimas del estampido (2)

Vamos con la segunda entrega. No te preocupes, solo queda una. Otras siete décimas, de la veintena total, en las que uno cuenta, en tono distendido, los avatares clínicos de una estancia que no agrada, pero que las circunstancias obligan.
Ayer estuve circulando en los dos vehículos por los que transito en esa amplia autopista de Internet (Facebook y Twitter) y no hallé una reseña de alguien que se declarara votante del PP. A contrario sensu, si el partido por el que yo lo hice hubiese ganado las elecciones, un servidor estaría la mar de contento y satisfecho. Pero debe existir más de uno que elige al Partido Popular como su opción preferida y luego se esconde. Pueden ser los encuestados a pie de urna y que no se recatan en contestar la mentira más gorda. Aunque de esto a decir que hubo amaños, dista buena cantidad de kilómetros. Y las supuestas cartas de miembros de mesas electorales en las que se denuncian anomalías, tienen menos consistencia que una tarta sin levadura. El disparate de que los votos de las urnas se llevan a las sedes de las juntas electorales es para enmarcar. En fin, cada uno se retrata como le apetezca.
Y seguimos en el hospital:

Ya estamos en San Fernando,
Bellevue, pa´ser exactos,
donde arrancan otros actos
para irte enjaretando.
Por urgencias vas entrando
directo a radiología;
aquí tienen la manía
de retratar tu interior
por si hay algún actor
cuyo papel extravía.

Una cuestión importante
es que del tiempo te olvides,
pues los pasos ya no mides
como hacías en el ante.
Dale una vuelta al volante
que principia otra aventura,
cuya meta será cura
de tu cuerpo magullado;
no andes, pues, preocupado,
mira todo con dulzura.

Como en todo colectivo
siempre está el garbanzo negro,
hecho del que no me alegro,
ni me parece atractivo.
En este rol de pasivo
me encanta reflexionar
que no debes olvidar
ser consciente en tu labor,
y poner todo tu amor
al gusto por trabajar.

Al ser personal cercano,
de estos contornos vecino,
no te invitan a un buen vino
pero te tienden la mano.
Cuánto agrada el trato humano
en circunstancias extrañas,
que a uno se antoja hazañas
por la falta de costumbre;
que el tinglado no se herrumbre,
no pierdan jamás las mañas.

Traumas, fisios, auxiliares,
sin olvidar enfermeros,
con cuidados y esmeros
alivian nuestros pesares.
Ojalá que esos andares
jamás caigan en baldío,
que siempre discurra el río
por aguas bien placenteras,
para que largas esperas
no nos causen desvarío.

Tras dos días ingresado,
al persistir los dolores,
descubrieron los doctores
el fémur medio averiado.
Hube de ser operado
para que un clavo actuara
y al hueso sujetara
en correcta posición
y acabar con la pasión
que tanto me atenazara.

No fue asunto peliagudo,
según dijeron galenos,
pues los aciertos son plenos,
parecer que yo no dudo.
Cuando a una clínica acudo
y observo tanto adelanto,
me produce gran quebranto
recordar ese pasado,
de material anticuado,
de aspecto que causa espanto.
En la próxima entrega concluiremos el recorrido. Ahora, en casa, toca recuperarse con santa e infinita paciencia. Lo llevamos más o menos bien. No queda otra. Hasta mañana.