martes, 26 de julio de 2016

Cambios

Leo por ahí que va a haber cambios en el Gobierno de Canarias. Ya lo dijo Fernando Clavijo: “No me va a temblar el pulso”. Sí que lo hizo Patricia, porque a los dirigentes regionales del PSOE ni se les espera. No obstante, los escasos privilegiados, los que pierden principios y dignidad política por un pacto, aunque sea algo raquítico, con los de siempre, se hallan la mar de satisfechos porque el reparto de cromos se limitará a los que ellos llaman segundo nivel.
Dado que el otrora popular y ahora presidente del Cabildo tinerfeño, Carlos Alonso, sigue tensando la cuerda, no es de extrañar que estos escarceos sean la punta de lanza de otra patada en el culo. Y quizás venga bien el lanzamiento para que de una vez tomen conciencia de que a este paso la marginalidad parlamentaria se halla más cerca que cualquier vaticinio, sondeo o encuesta. Es que no escarmientan. Y permiten todo tipo de tropelías a los que cogieron la sartén por el mango en los lejanos tiempos de Manuel Hermoso y le dan la vuelta a la tortilla a sus gustos y preferencias sin rubor alguno. Sabiendo, además, que el tercero –en este caso el PP– acogerá de buena gana cualquier ofrecimiento. A sabiendas de que el electorado en estas islas se encuentra en tal estado de resignación que le da lo mismo ocho que ochenta.
A la par que se producen estos movimientos, a todas luces humillantes, me consta de que en la mayoría de agrupaciones locales los militantes se baten el cobre en una lucha tan desigual como denigrante. Y arriba los incumplimientos en los lugares consabidos (no los repito para no ofender a un significado número de seguidores socialistas en Puerto de la Cruz, y no voy muy lejos) son tildados por los supuestos nacionalistas como excepciones que vienen a confirmar la regla. Son verdaderos tahúres que juegan con las cartas trucadas, pero no escondidas. Qué va, con luz y taquígrafos. Y los de los mullidos sillones asienten con total descaro, mientras en los pueblos se va casa por casa, en circunstancias complicadas, en busca de los votos para mantenerlos. Tanto que es en los pequeños caladeros donde se sustenta el soporte que permite a los elegidos, normalmente capitalinos a los que ni en sus ciudades votan, ostentar puestos de cierta relevancia. Y se escudan, arriba, los muy caraduras, en que el índice de abstención les perjudica por su elevado porcentaje.
Esa es la situación actual del otrora fuerte PSC-PSOE. Y parece no tener remedio. Ni se atisba en el horizonte más lejano un rayo de esperanza. Penoso el escenario en el que actúan estos actores de reparto. Profunda lástima siento al contemplar este panorama. Juegan con ellos hasta el punto de haberlos convertido en tristes y desangeladas marionetas que bailan al dictado del que mueve los hilos. Buen rollito, pero no alces demasiado la voz que me duelen los tímpanos. Y no te muevas ni hagas aspavientos no sea que te quite el juguete.
La inmensa mayoría de la población canaria que está preocupada por ese proyecto de Ley del Suelo, que dispone de todos los boletos para ser englobada en aquellas de dudas más que razonables, sale un día sí y el otro también a todos los foros habidos y por haber sin que el PSOE se hay dignado abrir un debate interno para que cada cual aporte lo que entienda menester. Porque si uno se ciñe a lo que nos trasladan los medios de comunicación, profundamente escorados hacia sectores donde los euros son mucho más que simples instrumentos para ir de compra, comprueba que hasta ahora han sido los empresarios y ayuntamientos gobernados por aquellos políticos que guardan estrecha amistad con cementos, arenas, hierros y entidades bancarias los que cantan excelencias del nuevo modelo. Iba a escribir norma, pero entiendo que no procede. Pues de lo que se trata es de eliminar trabas suprimiendo cortapisas. ¿Barra libre? No, pero casi.
Así pinta el paisaje. Repetitivo, cansino, monótono, anodino. Se perdió la ilusión décadas atrás. Se ahogaron los anhelos en las profundidades marinas. Y el PSOE ha pasado de ser un instrumento de cambio a un club de amiguetes en el que el pasotismo es la principal seña de identidad. Rostros que se repiten hasta la saciedad. Hastío hasta decir basta. Qué ánimos nos infunden para acudir con la papeleta a nuestro colegio electoral. Cuánto escarnio a un logo centenario.
Despierten, bases. Pero no permitan que en el proceso resurrección se cometan los pecados a erradicar. Ahí tenemos, a modo de triste ejemplo, los errores de bulto de quienes se consideraban los mirlos blancos de las nuevas formas, que se han estructurado de una manera más rígida aún que aquellos ejemplos que vinieron a combatir. Y cercenaron en un abrir y cerrar de ojos las expectativas de millares de desencantados. Sean capaces de cambiar pasajes, parajes y paisajes. ¿Les echa una mano este viejo en años, que no en lo que a ustedes les falta?
Ya me leerán en septiembre, que estamos de vacaciones. Mañana, si les parece, más.