lunes, 25 de julio de 2016

Estipendios

Sostiene el consejero de Presidencia del Gobierno de Canarias, el portuense Aarón Afonso, que “los sueldos en la Administración deben estar sujetos a los objetivos”. Tanto das, tanto tienes, me imagino. Pero me surge la duda de quién será el registrador que aplique los baremos para luego proceder a la distribución de las soldadas. Porque me  provoca ciertos sofocos pensar que puede haber demasiadas aplicaciones aleatorias en esto de meternos en un tubo de ensayo y observar qué marca del medidor alcanzamos.
¿Cómo funcionaría tal medida en el cuerpo de los docentes? ¿Por el número de aprobados, que parece ser la principal finalidad para acabar con el manido fracaso escolar, al margen de cualquier otra circunstancia? Fácil lo tendría el maestro. Todos aprobados y santas pascuas. ¿Alcanzaríamos con ello el contar con verdaderos profesionales en el sector? Más bien sostendríamos que todo lo contrario.
¿Y por qué, estimado consejero, no le damos la vuelta a la tortilla e iniciamos el proceso por aquellos que deben adoptar estas decisiones sin haber sufrido un proceso selectivo previo? Porque estará conmigo en que para ser político basta con mostrarse disciplinado ante el jefe de turno, dorar la píldora una buena temporada y procurar que su nombre figure en la candidatura correspondiente. Ni certificado de aptitud, ni titulación alguna, ni prueba psicotécnica de idoneidad para el cargo que va a desempeñar. Nada. Y convendrá que así nos va.
A la hora de fijar honorarios en cualquier institución pública (que son los que luego cortarán el bacalao en la gestión administrativa), sabe usted que basta una sesión plenaria en la que cualquier analfabeto (funcional) puede sacarse la lotería en forma de dos o tres mil euros mensuales, limpios de polvo y paja. Al que deberemos dotar de varios asesores para que le indiquen con una cruz dónde debe firmar o escribirle cuatro párrafos para la inauguración de cualquier instalación municipal, en los que le señalaremos con mayúsculas o negritas el momento en que debe alzar la voz para enardecer ese vivero de posibles votantes.
¿Le parece lógico que se produzcan tales arbitrariedades mientras ustedes debaten qué hacer con los funcionarios? Personas que accedieron a un  puesto de trabajo tras la pertinente oposición y a los que se presupone capacitados para el menester encomendado. Mientras que en los que van a decidir su futuro hay elementos que no saben hacer la o por un canuto. ¿Triste, no?
Creo que conoce perfectamente al caballero con el que lo ubiqué en la foto. Fue usted director general de la Función Pública mientras él fue consejero en el mismo ramo que ahora cae bajo su responsabilidad. Y ambos tuvieron la infeliz ocurrencia de reducir jornadas de trabajo, y, por ende, significativas disminuciones de sueldos en importantes abanicos de trabajadores de la Administración. Lo que supuso, transcurrido el tiempo, un sonoro varapalo judicial. Dos buenas cachetadas, para entendernos.
A Spínola ya lo castigó el electorado en la reciente repetición del 26-J. A freír chuchangas, en román paladino. Como los canarios entendieron que el susodicho no había alcanzado los objetivos, para casa. Lástima que con nuestro voto no podamos ejercer el derecho de aplicar el descuento adecuado en la retribución. Porque no es lo mismo volver a sus labores con el bolsillo calentito por el peso de las monedas a retornar bien ligero de equipaje.
No entienda este comentario como una defensa numantina de la parcela en la que me desenvolví unas cuantas décadas. De todo hay en la viña, bien lo sabe. Pero antes de embarcarse en la aventura, aparte de contar aunque sea hasta diez mil veinticinco, yo haría un profundo análisis, a modo de examen de conciencia, de todos los organigramas en los que se engloben cargos públicos. Sí, predicar con el ejemplo. Ni más ni menos. Puede iniciar el proceso, por ejemplo, en su Puerto de la Cruz. Sí, en El Penitente. Y sin concluye que toda la corporación se merece, en base a sus méritos y alta cualificación, los haberes que perciben cada fin de mes, o antes (operación matemática que jamás falla ni provoca errores), siga con la propuesta. Y pídale a la Virgen del Carmen que interceda en la acción. Me temo que va a necesitar, además, que San Telmo le eche un capote, o una vela.
Y si se va a escudar en que la adopción de medidas del calado que yo le he propuesto es asunto madrileño, ahí tiene a una socia de honor para brindarle su colaboración. Como se la ha ofrecido a Mariano. Porque es mucho más que un  voto. Es la voz de los canarios en la capital del reino, el azote de los mismísimos leones. Ahí, con dos (felinos).
Ya hemos alcanzado la última semana de julio. Mañana me corresponde visita al traumatólogo. A ver. Te contaré.