viernes, 1 de julio de 2016

Podemos

Parece que podemos tener los días contados. Nos queda, según el científico Stephen Hawking, apenas unos mil años. Y ese periodo en la edad de nuestro planeta, otrora azul y hoy destrozado por ambiciones mal entendidas, es una gota en el océano. Y sugiere que busquemos alternativas en el espacio infinito, que sigamos explorando más allá de las lindes de la esfera que nos cobija porque aquí no tenemos futuro. Corresponde emigrar una vez más. Deberemos cambiar de domicilio. Las circunstancias obligan.
No hemos sido capaces de extirpar las malas hierbas –teoría que mantiene cierto partido político al uso para cortar de raíz los brotes indeseados por atiborrar el terreno con plantas de muy diversa y dudosa procedencia– y en pos de progresos que no midieron consecuencias, nos hemos sumergido en una espiral de destrucción masiva.
De nada han valido las voces que clamaron en el desierto. Que le vieron las orejas al lobo y alzaron la voz para demandar la paralización de tanta barbarie. Caso omiso porque interesaba el presente inmediato, la rentabilidad fácil.
Nos hemos destruido. Vagaremos nuevamente en busca de otro paraíso que nos dé cobijo. Y como la gratitud es sello de nuestras andanzas, cuando nos asentemos se iniciará otra fase de vorágine. A depredadores no nos gana nadie.
Y pienso en los parecidos de los intrincados vericuetos del fascinante mundo de la física con las más cercanos del afer político. Porque todo se reduce al caos, al desorden, a la entropía. Desbarajuste en el que, además, prima el principio de jerarquía absoluta. Donde el macho dominante impone su ley y la sumisión del débil implica profundos desequilibrios.
Lo más parecido al galimatías del universo lo hallo en el guirigay de los que se las prometían felices con  el tan cacareado sorpasso. No nos gusta ni nos basta, por lo visto, adelantamiento. Alguno de ellos ya lo manifiesta abiertamente: dos más dos no siempre son cuatro. Y muchos más muchos, añado, no resultan de manera inequívoca unos cuantos montones.
Ampararse en los intereses ciudadanos para defender los suyos propios, puede conducirnos a efectos indeseados. Demasiadas confluencias, diversas sensibilidades y un cúmulo tal de expectativas que mezcladas en un mismo mortero han dado lugar a un exceso de efluvios –semejante a las ondas gravitacionales– que se han expandido sin orden ni concierto. Y cuando son varios los directores de la dispar orquesta, las notas tienden a desafinarse. No basta con un lema –por ejemplo, Unidos Podemos– cuando no se ha trazado un objetivo claro, nítido, diáfano. Se han ocupado multitud de espacios sin planificación previa, sin un estudio medioambiental adecuado y pertinente.
Los huevos revueltos se han convertido en huevos al estampido. Bien a la vista está. Las ambiciones desmedidas suelen acabar como el cuento de la lechera. No es necesario irse muy lejos. Aquí, en mi pueblo, ya se levantan voces discordantes. Las ínfulas de grandeza con que se arrogaron falsos profetas, o califas, no se han visto correspondidas por el voto ciudadano. Y el gánigo vuelve a estar a punto de quebrarse.
Somos tan dados a los barullos que nos encanta nadar en aguas procelosas. Para pescar a río revuelto. Cuando no se han iniciado las conversas para intentar formar gobierno y salir de este atolladero, cuando el PP en Madrid no las tiene todas consigo para que Rajoy eche otros cuatro años (más los meses de interinidad), ya se frota las manos el heredero Asier ante la posibilidad de que el pacto  canario CC-PSOE emule al volcán herreño y comience a desintegrarse en restingolitas.
Lo mejor es hacer como en Candelaria. Aprobamos unos presupuestos con un ligero incremento respecto al del ejercicio anterior (3,7%), pero para el capítulo de fiestas –aspecto fundamental de todo Consistorio que se precie– apenas un 112% más. Vamos, una insignificancia. Que la Patrona tendrá en cuenta para los próximos comicios.
Y si no, como no debe quedar atrás la otra villa mariana, montamos una moción de censura en la que el PP se flagela mandando a sus hasta ahora socios a tomar viento fresco en la Finca de Osorio y encargándole a la Virgen del Pino que reparta bendiciones al nuevo enlace matrimonial con los socialistas.
Aprovechemos lo más posible el escaso crédito que los años dos mil nos concede y dado que en el tres mil estaremos todos calvos, apuntémonos en esas listas de espera para viajes espaciales, que a lo mejor nos sonríe la fortuna.
Tengan todos buen comienzo de julio, con vacaciones o no, y disfruten. Que nos quedan cuatro días.