jueves, 15 de septiembre de 2016

Salieron a mear

Cómo anda el patio en el seno del PSOE. Aquí, allá y en los mismísimos confines. Qué gallinero. Qué jaula de grillos. Pero, sobre todo, qué espectáculo en el partido que durante más años ha regido los destinos patrios en estos últimos tiempos. Lavan los trapos sucios, airean sus lógicas diferencias, comentan a destiempo, su ausentan de votaciones y otro largo listado de casuísticas en los lugares más insospechados. Jamás en los locales de sus respectivas agrupaciones. Porque cuando uno milita VOLUNTARIAMENTE en cualquier organización se debe a un régimen estatutario. Y de hallarte disconforme con cualquier resolución y no te convenzan las explicaciones, arranca la caña, ficha en otro equipo y no medres a la caza y captura de una generosa paga. Que viene a ser el objetivo final y único. ¿O es que podemos llegar a otra conclusión?
Como era poco la que estaba cayendo a nivel federal, se descuelga el ‘clan de los Corujos’ (con el aditivo del graciosero de adopción) en la última sesión plenaria del Parlamento de Canarias y se va el trío en comandita al cuarto de baño para no votar la Ley de las Islas Verdes. Si el grupo se reunió antes –me imagino que sí, pues de no haber sido así, vaya tropa–, la única manera de mostrar disconformidades y evitar circos públicos es bajarse de la guagua y romper el tique. Porque eso de subirse en la siguiente parada y pelillos a la mar, va a ser que no. Están llenándole la cachimba a los pocos electores que les van quedando. Viejos afiliados que sentaron bases y que se apartaron sin mayores escandaleras están que se suben por las paredes. Han logrado hacer bueno el quehacer de una formación salpicada diariamente por nuevos escándalos. Dan lástima. Si esa es la fórmula para acceder a la cúpula que dirigirá la nave regional, guárdenme un par de curieles machos.
Ha venido al dedo la noticia de que Canarias ha erradicado la plaga del picudo rojo. Sí, dicen ser de tal color esos que pican y destruyen. Para colocarme yo no basta con echarte a un lado; no, tengo que escacharte. Y depositar mis larvas en tus entrañas para secarte por el cogollo. Me viene a la memoria cierta décima que publiqué hace unos años. Escrita para otro asunto, pero que me vale para la presente:
Una palmera orgullosa
miraba desde bien alto
cómo barría el asfalto
una escobita hacendosa.
Vino una brisa ventosa
que al suelo la fue arrojando,
y al irse desgajando
se dijo en su fuero interno:
¡Ya me voy para el infierno
por estármelas echando!
Ustedes, socialistas de pacotilla –los unos y los otros–, por apetencias personales, por no querer darle un palo al agua y vivir hasta el final de los siglos de la teta pública, son capaces de cargarse la excelente labor que se lleva a cabo en la mayoría de agrupaciones locales, que se baten el cobre continuamente para colocarles a ustedes en puestos de relevancia y que juegan un papel fundamental en el devenir de los pueblos. Mándense a mudar y dejen paso a los muchos concejales olvidados en los consistorios de estos peñascos que han mamado desde abajo la problemática canaria. Estos sí que tienen interiorizado el mensaje de Pablo (el verdadero).
Ustedes, dechado de intrigas y conspiraciones, han sido capaces de que dejemos en meras anécdotas las disquisiciones del señor De Guindos acerca del nombramiento fallido de Soria. O de la dimisión ‘popular’ de Rita Barberá –permanecerá en el Senado para no tener privilegios (eso ha soltado después de que Alonso y Alberto le hayan demandado que dimita por “ética”)– para defenderse de blanqueos. O de cómo Bárcenas se retira de la acusación popular por el borrado a martillazos de los discos duros con la contabilidad del PP porque no tiene dinero para sus abogados (otro arreglito). O de los amagos de amaños del balear Matas. O de cómo han callado, y eso sí que es grave ¿por mantener el sillón?, de la desconsideración presidencial hacia el consejero Morera.
Me avergüenzan con procederes más propios del bar de la esquina que de un partido mucho más que centenario. Son, ¿o debo escribir sois?, verdaderos hooligans que destrozan el mobiliario que tanto ha costado fabricar. Me duele –sí yo también aporté mi granito de arena– calificarlos como pésimos ingredientes del mejunje, pero estoy harto. Cuando las apetencias de poder superan con creces los ideales –si es que alguna vez los tuvieron–, y en tal tesitura se encuentran, el cataclismo se producirá de manera inminente.
Y en esto llegará Clavijo. Con aviesa sonrisa se descolgará la mochila, sacará un martillo y procederá  solemnemente a firmar la sentencia ante un sonriente Antona, quien pondrá al frente de la protección de los sebadales  a la que se aruñaba (¿o arañaba?) todita.
Estoy indignado. Como me arrimen un fósforo. Por eso, hasta mañana.
Posdata: Hoy, estimada amiga Esther, también escribí de política. Pero me metí con los ‘supuestos’ míos. No, todos no son iguales. Algunos son peores. Y en las ópticas, espejuelos de todas clases.