domingo, 2 de octubre de 2016

Turismo y folclore (XI)

10. Hablamos con Benito Cabrera
7 de diciembre de 1994. 10 de la noche. En el local  de la Agrupación Folclórica Universitaria (AFU) se dan los últimos retoques para dar comienzo al ensayo. Se templan las cuerdas en esta –¡qué paradoja!– todavía tibia noche lagunera. Como dicen los viejos: los tiempos están cambiando. Por las manos de Benito Cabrera van pasando guitarras, laúdes y bandurrias.
En esta noche, sin embargo, van a sonar primero, voces a ritmo de tajaraste. Se rescatan viejas tradiciones del barrio costero –y santacrucero– de San Andrés, que tanto y bien cantaron Los Huaracheros. Por la Navidad, flautas, castañuelas y tambores llenarán, con su peculiar melodía, calles y rincones.
Albricias, hijos de Adán; felices nuevas...
La Navidad está a la vuelta de la esquina. Los Ranchos de Pascua nos acercan a tiempos idos. Tiempos que retornan, al llegar diciembre, de la mano –de las voces, mejor– de entusiastas grupos, que no quieren, en manera alguna, que todo se sumerja en el profundo pozo del olvido, en lo hondo del triste baúl de los recuerdos...
Que la Tierra y el Cielo han querido hacer las paces...
Prosigue el ensayo con permanentes interrupciones. Pretende el director limar asperezas, que todo salga según lo programado previamente...
Vamos todos, vamos todos al Portal,
que repiquen las campanas,
ya llegó la Navidad.
Acaba el ensayo. El reloj, que cuelga en una de las paredes del coro de  la capilla universitaria, marca las once y media de la noche.
El grupo se disgrega...
¿Quién es Benito Cabrera?
Benito Cabrera Hernández nació en Lanzarote en 1963. En su isla natal cursó estudios de guitarra con el profesor Domingo Corujo.
En 1982 se desplaza a Tenerife para comenzar sus estudios universitarios. Continúa, al mismo tiempo, bajo la tutela del profesor Silvestre Álvarez, con sus clases de guitarra y solfeo.
Son numerosos los recitales de guitarra y timple en los que ha participado, y múltiples las conferencias sobre música folclórica canaria que ha impartido.
Ligado, desde hace varios años, al Centro de la Cultura Popular Canaria (CCPC), participó -1986- en el Ciclo de Cultura Popular, organizado, conjuntamente, con el Cabildo Insular de Tenerife. En este mismo año destaca su intervención en el II Congreso de Folclore de las Comunidades y Nacionalidades Históricas, que se celebró en Murcia.
En el Congreso de Cultura Canaria (1987) presenta una ponencia, "El Folclore Musical de la Isla de Lanzarote", que constituye el embrión del libro "El Folclore de Lanzarote", publicado por el CCPC y el Excmo. Ayuntamiento de Arrecife (1990).
Fue vencedor del I Certamen Regional de Solistas de Timple, que organizó la Dirección General de la Juventud en 1989. En ese mismo año es encargado de la presentación de la IV Muestra de Música Folk "Aliara", que tuvo lugar en Pozoblanco (Córdoba). Asimismo gana la "Espiga de Oro" del Concurso de Coplas "San Benito Abad", pasando a engrosar la lista de prestigiosos folcloristas  que lo habían ganado, como Nijota o Dª Nieves Alonso.
Asesora musicalmente al CCPC, habiendo sido productor musical de múltiples grabaciones, entre las que podemos destacar: Cruz del mar (Acatife), Bailes de Candil y Maresía (AFU), Villancicos Canarios (Varios grupos) y Cantos y Juegos Infantiles (Princesa Iraya).
En la actualidad dirige la AFU y al grupo Idaira (Barranco Hondo-Santa Cruz de Tenerife).
Entre sus últimos trabajos destaca la grabación de una Suite para Timple y Orquesta con la Sinfónica de Tenerife.
¿Qué es la AFU?  ¿Cómo y cuándo surgió? Componentes, vestimenta...
La Agrupación Folclórica Universitaria nació en mayo de 1983. Fue una iniciativa de un grupo de universitarios conejeros, que pretendían ampliar la oferta de la Universidad de La Laguna con esta nueva faceta.
En la actualidad está formada por unos 40 componentes, entre baile y música. Su director de baile es Luis de la Cruz.
En el seno de la Agrupación existe una Comisión de vestimenta que se ha encargado de realizar una profunda investigación, con el fin de recuperar la forma de vestir en todas las islas.
Son sus trajes completamente inéditos, y constituyen una amalgama que puede ir desde la vestimenta campesina de finales del siglo XIX, hasta la colección utilizada en ritos y procesiones.
Ha sido un camino recorrido a base de ir bebiendo en las fuentes del pasado  (Álvarez Pacheco, Alfred Diston...), y contando con la inestimable colaboración de Juan de la Cruz (también entrevistado para la realización del presente trabajo) y Juan Rodríguez (artesano y profundo conocedor de costumbres y tradiciones, que tiene a su cargo la confección del Belén del Cabildo Insular de Tenerife).
Manifiesta Benito Cabrera que la vestimenta de la AFU no es uniforme, al igual que no lo es el folclore. La uniformidad no es nunca un elemento enriquecedor, no es nada ortodoxa.
¿Funciona autónomamente o depende de la Universidad?
Depende del Vicerrectorado de Extensión Universitaria. Cada curso debemos presentar un proyecto con los objetivos programados, así como las actividades a realizar. Entre ellas existe la obligación de cumplir con aquellas que marque la Universidad en su planificación general.
No obstante, la Agrupación goza de total autonomía para concertar, cara a la calle, las actuaciones que estime conveniente.
Esta suavidad en el tutelaje de la institución universitaria, y la subvención que AFU goza en cada curso académico, le permite no estar sujeta a ningún agobio económico, y no tener que depender de la imperiosa necesidad de las actuaciones. Ello le ha valido para disponer de más tiempo, dedicarse a la investigación y a ensayar con tesón, como base del perfeccionamiento que el colectivo pretende.
¿Son conscientes los universitarios del importante papel que pueden jugar en la conservación de nuestras tradiciones?
Si la pregunta se realiza con carácter general, habría que trasladarla al resto de la Universidad. De todo habrá. Pero en AFU no todos son universitarios. Siendo la pretensión el que la Universidad trascienda a la calle, lógico es que AFU tenga en su seno gente de la calle; algunos ni siquiera tienen –o han tenido– relación con la Institución. Existe, no obstante, gentes que han finalizado su carrera, en la actualidad profesionales en diversas ramas, que continúan en la Agrupación. Solo quedo yo de aquellos que fundamos el grupo en 1983. Cada curso se produce una variación, que puede estipularse entre 5 y 10 componentes. A la gente que se incorpora, se le exige un período de prueba no muy selectivo. Suelen llegar con conocimientos previos y con grandes dosis de entusiasmo. Tal es así, que hasta los negados aprenden.
Los componentes del grupo sí tienen asumido la importancia del patrimonio etno-histórico. Hemos pretendido que AFU sea un vehículo de formación actitudinal, y un altísimo porcentaje de su gente asume esa importancia. Y esta cualificación formativa ha servido para que, una vez se produzca la incorporación a la sociedad, estos se dediquen, a su vez, a "formar gentes". Incluso se ha dado el caso de personas, que ocupan puestos de responsabilidad en ayuntamientos (concejales de cultura), los cuales han contado con esta inestimable "base de datos".
La AFU, pues, ha actuado de catalizadora. La gente que sale de aquí ha pasado a formar parte de otros colectivos (también, cómo no, otros grupos), en los que han seguido desarrollando una digna labor.
¿Tiene algún programa la Universidad en este sentido?
Existe otro colectivo en la Escuela Universitaria de Magisterio, que ha seguido  una  línea bien  diferente  a  la nuestra. Se han decantado por un marcado acento "purista", que les hace entender el folclore como algo inamovible. Es la línea trazada por Carmen Nieves Luis y Manolo Perera, muy respetable, pero que no comparto en absoluto.
El entrevistado saca  a colación varios pasajes de su libro "El Folclore de Lanzarote", así como otros trabajos, por ejemplo, el prólogo que realizó para el libro de Manuel Haro Manzano, "Coplas Canarias, ecos de mar y volcán". De los mismos me permito reproducir estos fragmentos:
Pero la capacidad expresiva del isleño ha ido derivando por otros derroteros. El inevitable (y en algunos aspectos devastador) progreso ha ido desdibujando la identidad cultural de nuestra gente, haciéndonos perder, poco a poco, la capacidad de valorar lo nuestro, de saber utilizar los canales de expresión que nos fueron legados por nuestros ancestros, de poseer la audacia de encerrar al universo en una copla.[1]
El folclore, como manifestación cultural, se ha venido transmitiendo de padres a hijos, constituyendo un legado ancestral  que repetía sus formas enriquecidas con las aportaciones de cada generación.
Las manifestaciones folclóricas son el sello de identidad de una comunidad, en tanto que arrastran un importante material histórico que nos pone en contacto con los numerosos pueblos que han dejado su perenne huella en nuestra memoria.[2]
(Continuará)

[1] Manuel Haro Manzano. Coplas canarias. Prólogo de Benito Cabrera. Páginas 7 y 8. CCPC. 1994
[2] Benito Cabrera. El folclore de Lanzarote. Páginas 85 y 87. CCPC. 1990