domingo, 16 de octubre de 2016

Turismo y Folclore (XVI)

12. Hablamos con José Luis Estévez
Lo poco que este pobre diablo –me refiero, obviamente, a mí– sabe tocar, se lo debe a varias personas que se han ido cruzando en mi camino en los dos únicos grupos folclóricos en los que he ‘militado’. Una de ellas es el protagonista de la presente entrevista; otra, aunque ustedes no se lo crean, soy yo mismo, que a base de rascar la púa ha logrado sacar alguna nota a su laúd. Y es que, como decía Benito Cabrera, hasta los negados aprenden.
Es, quizás, este cuestionario uno de los que más me costó. Para confeccionarlo y para obtener las consiguientes respuestas. Cuando se es conocido de alguien, no se le está apurando. Es al único que se lo dejé, con el compromiso de que me lo traería hecho. Así fue.
Por eso, como no hubo momento físico de realización de la entrevista, me voy a permitir el realizar una pequeña introducción, sin menoscabo de que, a lo largo de la transcripción de la misma, pueda ir haciendo cuantas aclaraciones considere pertinentes.
Este es un hombre que, como se dice por estos lares, toca lo que le echen. Saca música de cualquier cacharro que pueda emitir sonido. Recuerdo, gratamente, un particular concierto en Alemania: clarinete y timple. Y es que la música no sabe de idiomas. Ni que decir tiene que el clarinete sonaba en alemán. Pero el timple, instrumento currito donde los haya, dejaba callado al anfitrión en muchos lances del peculiar envite. Hasta un banyo, que intentó –eso, intentó– emular a nuestro singular protagonista, hubo de abandonar ante el empuje del enano. En noble lid –musical, por supuesto–, el timple canario se erigió en aquella noche en foco de atención, en centro de todas las miradas; mejor, de todos los oídos.
José Luis ha tenido a bien musicar alguna que otra letra de quien esto suscribe. Y no creas que te produce un no sé qué, el comprobar cómo algo tuyo, parido con buena voluntad, se adereza con el encanto de las notas musicales, para conformar un conjunto armónico.
Vive, prácticamente, en su coche, que es un mini-establecimiento musical; música folclórica, claro. La dirección de la Escuela Municipal de Folclore de Adeje le hace recorrer, diariamente, varias decenas de kilómetros.
Esta entrevista pudo haberse realizado en las dependencias de la Sociedad "Valle de Taoro" –Casino de Las Dehesas, Puerto de la Cruz–, pero no se hizo. Pudo haberse realizado en un antiguo secadero de tabaco –hoy, felizmente, restaurado y acondicionado– que sirve de local de ensayo de la Agrupación Folclórica de Higa, del barrio perdomero de La Orotava, pero no se hizo. Pudo haberse realizado en el Mirador de La Corona, allá arriba en lo alto del Macizo de Tigaiga, contemplando tan singular panorámica del Valle que otrora deslumbrara a Humboldt, pero no se hizo.
Con tantos atractivos y hubo de recurrirse al papel y al teléfono, elementos impersonales donde los haya. Y es que, a veces, las cosas son más informales. Algo parecido debió acontecer en esta ocasión.
¿Quién es José Luis Estévez?
Alguien que comenzó en el folclore a los cinco años. No se arrepiente lo más mínimo de que su padre, a tan temprana edad, le inculcara el gusanillo de ir ‘mamando’, desde chico, todo aquello que sonara a ‘canario’.
Con el paso del tiempo perfecciona sus conocimientos musicales estudiando solfeo, piano y canto coral. Asimismo simultanea cualquier instrumento utilizado en el folclore canario: timple, guitarra, laúd, bandurria, acordeón, contrabajo… En la actualidad dirige la Escuela Municipal de Folclore de Adeje, la Agrupación Folclórica de Higa, la Escuela de Folclore de Higa y la Agrupación Folclórica Valle Taoro.
Ha tenido muchas ofertas para ensayar más grupos, pero se ha visto obligado a desecharlas. Su trabajo en el Sur de la isla le absorbe casi todo su tiempo.
¿Qué es la Escuela Municipal de Folclore de Adeje? Inicios, funcionamiento, componentes, vestuario, ensayos...
La palabra Escuela, bien lo sabes tú, significa mucho. El ayuntamiento adejero pretendió, con su creación, fundar una entidad en la que se enseñaran nuestra música y nuestros bailes. Y eso procuramos, tanto yo, que tengo la responsabilidad de llevarla adelante, como de la directora de baile. Comenzamos en mayo de 1987, y desde ese entonces estamos en la brega.
Funciona en los diferentes barrios que constituyen el municipio y lo estamos llevando a cabo a dos niveles: inicial y avanzado. Dentro de lo que conforma el grupo que yo denomino inicial, los he dividido, a su vez, según las edades, porque hay gente pequeña interesada en aprender, que son los más, pero también, existe gente mayor, que ha pensado que nunca es tarde.
El número total de alumnos en todo el municipio –diferentes barrios, diferentes edades– es, aproximadamente, de unos doscientos cincuenta.
Con aquellos que han aprendido más rápido, y han adquirido las nociones mínimas indispensables para subir a un escenario, se ha formado un grupo, que representa a la Escuela y que consigue actuaciones, fundamentalmente a través del Ayuntamiento. Es un grupo estable, que se va surtiendo de la cantera que viene empujando fuerte. Este  grupo aludido, que actúa bajo la denominación genérica de ‘Escuela Municipal de Folclore de Adeje’, tiene dos vestimentas: el traje típico de la Comarca de Chasna y otro, más modesto, que refleja los hábitos campesinos de principio de siglo. Para los pequeños, que también hacen sus pinitos de vez en cuando, sus padres les han confeccionado el denominado traje de campesino. Luego, cuando pasen a formar parte del grupo estable, será el ayuntamiento quien corra con este cometido.
Los ensayos están distribuidos a lo largo de la semana entre el Centro Cultural del casco y los diferentes locales vecinales de los barrios del municipio. Yo tengo que desplazarme a Adeje de lunes a viernes.
¿Qué espera el Ayuntamiento de la Escuela?
La idea de la creación de la Escuela de Folclore fue la de fomentar esta faceta en el Sur de la isla, que casi no existía. Los responsables de la Cultura en el municipio le pusieron mucha ilusión y ya van siete años de continua labor. El folclore se ha ido acercando a todos los rincones. En estos momentos se nota que existe preocupación. En las fiestas, en los actos culturales, en los establecimientos hoteleros es normal encontrarse con este tipo de eventos. Se ha logrado, en suma, que esta representación de nuestro acervo histórico-cultural no quede relegada al olvido.
(Continuará)