lunes, 14 de noviembre de 2016

Cosas del Puerto

Ya utilicé este titular hace años cuando colaboraba en un diario tinerfeño. Pero hay tres aspectos (bastante frescos) de la realidad portuense que entiendo merecen ser destacados. Y, desgraciadamente, como otros lunares en y para la gestión municipal. Que no se ha destacado en estos últimos años por relanzar una ciudad que se deteriora a pasos agigantados. Menos mal que el turismo sigue siendo fiel y aporta las divisas necesarias para el sostenimiento de la actividad comercial.
Ahí tenemos la piscina municipal como ejemplo significativo de un equipo de gobierno que parece no tener los arrestos suficientes para acometer cuanta acción se considere conveniente para tapar esta vergüenza. Que deberá unirse a la flamante estación de guaguas. Vaya dos muestras para presumir ante un visitante incrédulo. O ante un deportista que ha debido buscarse la vida en otros círculos para llevar a la práctica el ejercicio de su actividad física.
Se ha licitado la contratación del proyecto pertinente. Y en sus bases hemos de destacar el plazo de ejecución: hasta 2018. Pero se confía, eso leo, que los plazos se acorten. Aspecto que no creo se haya dado jamás en la administración pública. Máxime con dirigentes más preocupados en asegurar sus garbanzos que en luchar a brazo partido por unas instalaciones en consonancia con el prestigio y la historia del motor económico del Norte. Luego, una vez redactado, sacarlo a concurso y… ustedes sigan sumando meses. Habremos de confiar en que la empresa adjudicataria –ya debemos estar por 2019– cobre religiosamente y las obras se desarrollen de acuerdo con los planes previstos. Difícil, pero seamos optimistas. Y, mientras, que todos los santos pongan sus manos para que no ocurran aconteceres sobrevenidos, como que se caigan las cuevas en Punta Brava, el Castillo de San Felipe se desgorrife (en peninsular: desmorone) o una mar brava entre por el flamante puerto deportivo y acaben las olas en la comisaría de la Policía Nacional. Fíjense que he dejado al margen las negociaciones para el Parque Marítimo porque ya en ello está Carlos Alonso con su interlocutor válido, único y verdadero (vamos, uno y trino) en las márgenes del barranco.
Cuando Juan Carlos Marrero era concejal de fiestas tuvo a bien sumarse a la iniciativa perdomera del Festival Internacional de Folclore Arautápala. Lo malo era que no pagaba. O lo hacía con tanto retraso que se le juntaban dos anualidades. Bueno, con la excusa de la crisis, aprovechó Linares para cargárselo (el festival). Porque ahora, qué curiosas las circunstancias de la vida, deberá eliminar, de mentiritas, al concejal mencionado (junto a otros tres) por no acatar el controvertido pacto en cascada y no aceptar la presentación de la moción de censura que debería dar la alcaldía al partido más votado. Otra pantomima más, pero, mientras tanto, avanzamos a toda mecha hacia las próximas elecciones y cuando se convoquen, aquí paz y un fisquito más abajo el acantilado (de Martiánez).
Como era poco el entretenimiento, tras la debacle de la calle Tegueste que tantos quebraderos de cabeza (¿te lo creíste?) provocó al que lleva más de veinte años como inquilino de El Penitente, un estudio geotécnico, con vídeos, fotos y documentos varios, ha sacado a la luz que bajo la calle Pelinor existen dos enormes cuevas, surgidas por reproducción espontánea, que ponen en peligro la seguridad de las casas. Y se ha ordenado el desalojo.
El Teide nos habla y no sabemos qué nos dice. La falla entre Tenerife y Gran Canaria es tan grande que un día de estos nos va a entrar un cosquilleo de no te menees. Y ahora Punta Brava. Lo mismo se descubre que el estampido del Titlis causó más daños de los que publicaron los periódicos de aquel entonces. Y como cuando se fabricaron las viviendas en la vieja María Jiménez no se hacían catas ni nada parecido, vete tú a saber si no es todo el barrio el que se halla en peligro. Habrá que observar el comportamiento de los loros por si se muestran más inquietos. Sería cuestión, asimismo, que a los clientes del Brunelli´s Steakhouse no los dejaran salir a fumar por el costado norte, no sea que cualquier meneo los mande devueltos a sus países de origen envueltos en maderas nobles.
Ya se curan en salud y estipulan que para una solución definitiva pueden transcurrir varios mandatos, aun declarando zona catastrófica aquel entorno. Pienso que no deberán transcurrir muchas semanas para que Manolo vuelva a bajar por El Burgado en el caballo (blanco) de Santiago. En esta oportunidad irá Adolfo a la grupa para que se vaya fogueando. Te apuesto 50 céntimos.
Pobre Puerto. Pobre mi norte. Pobre mi tierra.
Hemos iniciado la semana con el número 1978. Restan 22.