domingo, 13 de noviembre de 2016

Turismo y Folclore (XXV)

15. Hablamos con Martín Álvarez
4 de enero de 1995. 8 de la tarde. Sociedad Valle de Taoro (fundada el 8 de abril de 1922). Barrio de Las Dehesas (Puerto de la Cruz).
Un viejo piano, cuyas notas han enmudecido con el tiempo, permanece arrimado a una pared. Un viejo aparato de radio, fiel acompañante en tiempo idos –afortunadamente– para siempre, es mudo testigo de esta conversación.
Casi 73 años de historia nos contemplan. En la Ciudad Turística por excelencia de Canarias, solo esta Sociedad ha permanecido por arriba de multitud de avatares. Ni siquiera épocas pretéritas, realmente difíciles, fueron capaces de hacer cerrar sus puertas. Liberal, abierta a todo tipo de creencias, ha sabido sobrevivir a mil batallas y fregados.
Aquí, en una mesa abarrotada de papeles, imperando el desorden para dar mayor y mejor impresión de vejez, se produce una charla entre dos socios.
El uno, el entrevistado, que donó, tiempo ha, una magnífica colección de jarras de cerveza, y que hoy, a causa de su trabajo, no frecuenta el local.
El otro, el entrevistador, que donó, más recientemente, mucha parte de su tiempo en cargo de responsabilidad en la Junta Directiva y en el Grupo Folclórico, y que hoy, a causa de su trabajo, no frecuenta el local.
Antes de iniciar esta amena charla, más que entrevista, me pregunta él a mí cuál ha sido el motivo de tenerle entre los elegidos. Le pongo al corriente de mi intención, que es solicitar la opinión de un grupo de gentes que hayan tenido –o tengan– relación con el turismo y/o el folclore. En el presente caso está meridianamente claro: propietario de una agencia de viajes y ex-componente de la Agrupación Folclórica Aythami.
Pequeño currículum
Técnico en Empresas y Actividades Turísticas, propietario-director de la Agencia Tinerfe Tour. Siempre trabajó en este campo. Comenzó en un hotel como ayudante de recepción. Y fue escalando peldaños: recepcionista, subdirector, director.
Luego pasó al sector de agencias de viajes: Inició su andadura como encargado de  reservas. Luego ostentó la dirección de Viajes Meliá (Playa de las Américas).
De aquí se fue a Playa del Inglés (Gran Canaria), donde estuvo como delegado regional del touroperador belga Sunair.
De esa época conservo –muy gratamente– unas cartas del ministro de Asuntos Exteriores de Bélgica, en las que se me agradece la importante labor realizada para ese país desde Gran Canaria, cuando ocurrió el trágico accidente de aviación de los dos jumbos en el aeropuerto de Los Rodeos. Piensa que este hecho produjo la llegada masiva de turistas a Las Palmas y había que distribuirlos para su alojamiento. Fue un tremendo desbarajuste, que duró unos tres días, en los que, ni siquiera, pude dormir. El continuo ajetreo duraba noche y día. Pero pudimos coordinar, con la inestimable ayuda de las guías de Sunair, y, dentro de la gravedad del asunto, todo se resolvió de una manera satisfactoria. Al final nadie se quedó detrás, que era lo más importante. Esas cartas, como te decía, son un motivo de legítimo orgullo, y por eso las conservo como oro en paño.
Más tarde regresé a Puerto de la Cruz para trabajar para la compañía aérea PAN-AM. Cuando ésta quebró en Palma de Mallorca, hubo aquí bastantes problemas, por lo que me pasé a una empresa privada en la que participé como socio, en primera instancia, hasta que, transcurrido un tiempo, me quedé con la misma.
En la actualidad tiene 10 años de vida y, aunque todavía esté pagando deudas, sigue adelante. En ella nos hemos dedicado, fundamentalmente, a emisor. Es así, porque el tema de los touroperadores se ha complicado tanto que no me he atrevido a trabajar con ellos. El riesgo de quiebra te puede dejar colgado de la noche a la mañana. Ser emisor te satisface más. Sacar la gente de aquí y mostrarle lo que tú ya conoces. Me interesa que la gente que confía en nosotros, se pueda instruir en las visitas que efectuamos a Europa, África y América. No ofertamos vacaciones, sino circuitos que, aunque tengas que pasar diez días en una guagua, cuando se regresa, cansado, pero instruido, no solo en el aspecto eminentemente cultural, sino que potencia, geográficamente, aquellos conocimientos adquiridos en la escuela.
(Aquí le sale la vena de hombre campechano, nacido y criado entre plataneras, que rememora sus andanzas en la escuela, como una etapa importante o significativa de su vida).
Hacemos un inciso para comentar cómo funciona el tema de los touroperadores de aquellos países que no forman parte de la Unión Europea. Me hace referencia a que están obligados a buscar un representante que les contrate hoteles y servicios. Éste le servía de receptor y atendía a sus clientes. Esto, obviamente, entraña el siguiente peligro: si tú te conviertes en representante-receptor del touroperador, tienes que responsabilizarte ante el hotel y los medios de transporte, es decir, todo; porque el vuelo ya venía cubierto desde el país de origen. Hubo casos de quiebras que dejaron colgados a estos receptores.
Hoy la nueva legislación exige avales importantes (creo que 250 millones para la apertura de una agencia de viajes), para responder ante este tipo de situaciones. La quiebra de los touroperadores es un problema muy grave.
A mí me ofrecieron la representación en Canarias de un touroperador finlandés. Tuve una entrevista en Torremolinos con su Director General. Le expliqué que yo accedía a atender a los empleados que me enviasen, a contratarlos como asalariados en mi empresa –para eso ellos te mandan el dinero–pero que los contratos con los hoteles los tendrían que hacer ellos directamente.  Pero no les interesa, porque los hoteles quieren dinero por adelantado.
Ha habido muchas ‘trampas’. Imagínate una cadena hotelera repartida por todo el territorio nacional, a la que un touroperador le haya reservado paquetes de miles de turistas. Y le falle por cualquier motivo.
Yo no tengo necesidad de meterme en esos berenjenales. La experiencia en esta profesión me ha hecho ser testigo de situaciones en las que no me quisiera encontrar jamás.
Desde tu faceta laboral, relacionada con el turismo, ¿mantienes algún tipo de relación con el folclore?
Ahora mismo no, porque no te da tiempo. Tal vez si yo tuviera que ofertar servicios a un touroperador, y me viera en la necesidad de contratar, porque de un grupo semanal de 200 personas, al menos la mitad me acuden al espectáculo que organice, realizaría una fiesta canaria: papas arrugadas, mojo colorado y un grupo folclórico.
Pero está ocurriendo que el 90% de los turistas que vienen a Puerto de la Cruz, lo hacen por 4ª o 5ª vez. Si en la primera ocasión subió al Teide, ya no quiere hacerlo en sucesivos viajes. Por eso ahora es muy difícil vender. Los guías, que vienen trabajando por comisiones (vienen de un país determinado por un pequeño sueldo, apartamento y comida; el resto es a comisión, que suele estar sobre el 20%), tienen en este turista un mal cliente.
¿Se trata, entonces, de un turismo selectivo?
Ni mucho menos. El que venga varias veces a la isla no quiere decir que tengan un poder adquisitivo alto, sino que al gustarle la primera vez, por la razón que sea (le gustó el hotel, el lugar, la gente), repiten, prefieren lo conocido y vuelven cada vez que pueden.
En el Norte tenemos un alto porcentaje de turismo escandinavo. Es un turista bueno, porque gasta mucho dinero en comida y bebida. Y arriba repite. Es un turista diferente al del Sur. Todo depende mucho de la nacionalidad de origen. Lo malo, como te decía antes, de este turista que repite, es que el guía rasca poco, porque las excursiones y servicios que ofrece son rechazados, ya lo conoce.
El contratar un grupo folclórico por seis meses es un tema bastante difícil. Los inconvenientes, que pueden plantearse en un período tan largo, son grandes. Ni siquiera la Barbacoa de Tacoronte, establecimiento característico, puede mantener un espectáculo folclórico todos los días de la semana. Nos encontramos con el problema añadido de la comida. La cocina canaria no alucina al europeo, no entiende, por ejemplo, cómo se puede comer unas papas con piel. El alemán o sueco son gentes de mucha carne y pescado, dejando los condimentos a un lado; las papas para ellos son secundarias. En las fiestas canarias la comida sigue siendo horrible, les parece comida de cuartel. ¿Se les podría ofrecer algo más? Sí, pero no te pagarán lo que les va a costar.
Es diferente al tema del carnaval, porque la Barbacoa  lleva una comparsa y eso al turista le dice más.
¿Crees que se da buena imagen al visitante en esta faceta de nuestras costumbres? ¿Se hace todo lo necesario o prima únicamente el negocio?
Prima el negocio, así de claro. Aquí no hay nadie que supervise esas actuaciones. Yo, que soy testigo muchas veces de lo que se ofrece en la Barbacoa a la que antes te aludí, salgo de allí enfogonado, porque me dan ganas de coger a las cuatro tontas que están bailando y decirles si vienen a ofrecer un baile o a reírse de los turistas que les están pagando. Lo hacen mal, las vestimentas son deprimentes. Eso no tiene sentido. Como no hay un supervisor que mire estas cosas antes de que el grupo salga, cada uno hace lo que quiere. Así se cae en la monotonía, hago lo que quiero, bailo como me dé la gana... Nadie entiende una polca y salto por donde me apetezca.
¿No será, entonces, que el grupo, conscientemente, al saber que actúa para quien no entiende, lo hace desmotivado y sin ganas de ofrecer el folclore tal como es?
Mira, en todas partes cuecen habas. En los viajes que he tenido la oportunidad de llevar a Grecia, en uno de los espectáculos que me ofertan, interpretan sus bailes típicos. Pues si te digo la verdad, a los cuatro gilipollas que bailan, yo los mandaba a planchar las falditas primero, porque es deprimente.
Y lo mismo ocurre en París, aunque sea saliéndonos un poco del tema. Si no es en un lugar de categoría y prestigio, te salen cuatro niñas bailando el can-can, que dan pena. Y para ello has tenido que pagar un montón de dinero. Eso es a nivel internacional. En nuestro país, en la Costa del Sol, el flamenco que se ofrece es lastimoso. Hay excepciones, pero son las menos y valen mucho dinero.
En las cuevas del Sacromonte adulteran hasta los gitanos, porque gitanas rubias, difícilmente se encuentran pocas.
Se hace como negocio, descaradamente y mal.
(Continuará)