2 de enero de 2026

Desinformación

Leo en la Wikipedia que desinformación es una campaña en la que múltiples tipos de información y conocimiento (incluyendo juicios de valor, verdades, mentiras, verdades a medias, exageración y descontextualización) se usan como arma para manipular, explotar, o intensificar controversias con fines políticos, militares, o comerciales.

El diccionario de la lengua española nos explicita dos acepciones: 1. f. Acción y efecto de desinformar, y 2. f. Falta de información, ignorancia.

Creo, sinceramente, como bien expresaba Cantinflas en sus películas, que se ha propagado, como el virus de cualquier enfermedad contagiosa, una inconmensurable “falta de ignorancia”. Porque es tal la avalancha de medios que cualquier ciudadano halla en su diario quehacer, que los cacaos mentales son dignos de enmarcar. Y como las líneas editoriales se deben y se pasan sagrados principios periodísticos por el forro de cualquier prenda interior, lo de la información veraz ha pasado a ser parte de la historia. Ni te cuento lo de la neutralidad, imparcialidad y amplio etcétera.

Me encontré, en las postrimerías del pasado año, con un viejo conocido, quien, a las puertas de cierto establecimiento comercial en el realejero polígono de La Gañanía, me espetó, sin anestesia de ningún tipo, que le comunicara a Pedro Sánchez que debía convocar elecciones ya. Cuánto honor, pensé para mis interiores íntimos de adentro; ni que yo tuviera hilo directo con La Moncloa o La Mareta.

¿Y eso?, acerté a responder. Es un corrupto, dijo, aclarando luego: bueno, él no, pero los otros, aquellos que estaban a su alrededor, sí. ¿Y tú tienes constancia fehaciente de que eso es así?, ¿la justicia ha emitido veredicto al respecto? No, claro que no, me contestó algo alterado, pero está más claro que el agua; y lo veo en la tele todos los días. ¿Palabra de Dios?, interpelé. Coño, ya estás dándole vuelta a la tortilla. ¡Ah!, ¿yo o los que te sermonean un día sí y el otro también? Además, ¿ha dejado de tener valor la presunción de inocencia? ¿Somos nosotros los que debemos dictar veredictos de culpabilidad? ¿Nos erigimos en jueces y condenamos sin ni siquiera dar la opción de un juicio en el que canten las pruebas y se pongan en la balanza todos los pros y contras? ¿Te gustaría que te acusaran de cualquier delito y no te diesen la opción de defenderte? Porque cualquiera de nosotros estamos expuestos a…

El hombre se me fue achicando. Y poco a poco entrando en razón. Le expliqué lo que significa beber en todas las fuentes y lo invité a no quedarse encasillado en aquel canal que él entendía como luz divina. Detrás de cada tele, cada radio, cada periódico y no digamos nada de lo que inunda internet, siendo el móvil instrumento de fácil manipulación, se halla el poderoso caballero don dinero; son vigorosos los tentáculos económicos que se mueven en las trastiendas, que maniobran a su antojo y compran voluntades con pasmosa facilidad.

Pero te digo más, rematé, el que haya metido la pata, o la mano en la lata del gofio, y se rubrique con una sentencia firme al respecto, que todo el peso de la ley caiga sobre él, sin contemplaciones ni medias tintas, sea quien sea y caiga quien caiga, se apellide Sánchez, Feijóo, Abascal o Domínguez.

Él entró antes que yo al supermercado. Dentro no le vi el pelo. No creo que se estuviese escondiendo detrás de cualquier estantería. O compró un solo artículo y salió disparado. Mientras recorría pasillos en busca de la leche semidesnatada, la sacarina, yogures, pan integral, jamón y queso, frutas y el papel higiénico, me preguntaba el porqué esta sociedad avanza en loca y apresurada carrera sin reflexión alguna, del porqué ya no se medita sino que nos lanzamos a yugulares con ánimos destructivos. Marginamos lo importante y nos decantamos por lo superfluo. Ignoramos avances sociales y mejoras económicas indudables para detenernos en disquisiciones de porte nimio.

¿Coadyuvan los políticos a incrementar este ambiente enrarecido? Sin duda alguna. Fijó su residencia en cada dependencia de los hogares el y tú más, de tal manera que la obcecación raya el despropósito. La capacidad de raciocinio que se nos presupone brilla por su ausencia. Y aquellos que están llamados a ser modelos sociales caen cual castillos de naipes. Y el común de los mortales se deja arrastrar por la vorágine.

Sí, remato, estoy preocupado. Y mucho.

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