Ello me dio pie a comentar una anécdota. Sí, dejémoslo de
tal guisa. Para lo que debo retroceder unas dos décadas, aproximadamente. A los
últimos cursos de mi etapa docente en el IES Mencey Bencomo. Donde, como
responsable de la publicación de un periódico trimestral (La Pizarra), elevé al
entonces director del centro la posibilidad de ofertar una asignatura optativa
para el segundo ciclo de la ESO (tercero y cuarto) que pudiera denominarse
Periodismo Escolar. El pertinente proyecto debe encontrarse aún en cualquier
gaveta o pasó a ocupar lugar preferente en el contenedor azul. Me inclino por
la segunda opción.
Uno, maestro de escuela (y a mucha honra), figuraba en el
catálogo (más en fino, RPT: relación de puestos de trabajo) como adscrito al primer
ciclo (primero y segundo), por lo que la propuesta ni siquiera fue elevada a la
consideración de Claustro y Consejo Escolar, porque, a buen seguro (eso me
dijeron) algunos licenciados protestarían por tamaña osadía. No estaba
capacitado.
Como los años cotizados me brindaban pintiparada ocasión
para jubilarme a los sesenta –aunque, a decir verdad, uno creía que podía seguir
dando el callo unos cursos más– creí conveniente no mover más el asunto y se
corrió un tupido velo sobre el particular. No recurrí a mostrar el título que
la Universidad de La Laguna me expidió el 30 de agosto de 1996 en el que se
hacía constar la superación de los estudios conducentes a la licenciatura en
Ciencias de la Información. Como tampoco aquel otro de 20 de septiembre de 2024
que daba cuenta de la suficiencia en esa Universidad, con la calificación de
Sobresaliente Cum Laude (3 de septiembre de 2003), expidiendo el título de
Doctor en la disciplina antes mencionada (rama de Periodismo). ¿Para qué?
Cuando echo la vista atrás, cada vez que leo cómo se
entienden por novedades aquellas facetas que fueron obviadas en el pasado cada
vez más lejano, siento, junto a la rabia contenida, profundos y vehementes deseos
de… mandar a tomar por saco a todos los cargos públicos con amplísimas responsabilidades
en procurar avances sociales en un mundo cada vez más a la deriva. Ignoro qué
se pudo haber conseguido con el proyecto en cuestión, pero, y me apuesto
nuevamente los consabidos cincuenta céntimos, que mayor daño no hubiese causado
a los alumnos que esta avalancha de bulos y noticias falsas que pululan por
Internet y que engendran daños cerebrales irreparables.
El tiempo me ha hecho algo escéptico. Ojalá aquellos que
transitan por aulas y pasillos sean capaces de inculcar el pensamiento crítico
en sus pupilos. Que serán los cargos públicos de un mañana a la vuelta de la
esquina. Para que no sigan cometiendo los errores de los que ahora mismo nos
avergüenzan en las instituciones.
Aquella propuesta iba mucho más lejos que la mera edición de
un periódico cada tres meses. Pero los lamentos a posteriori solo sirven de
desahogo ante la evidente frustración. Si me lees y tienes enlace directo con
Poli, coméntaselo. Él conoce mucho más que este pobre ignorante y redomado
platanero (gorvoranero). Puede que haya estudiado en Wyoming y la gente salida
de esa universidad de allende los mares… sabe que te cagas. Con perdón. Los
realejeros no abducidos –pocos pero selectos– un fisquito sabemos de qué
hablamos. O escribimos.
A perdonar el rollo. ¡Ah!, ya cobré la pensión de enero. Con
incremento. En febrero ya veremos. Aunque los concejales de mi grupo municipal de
gobierno ya hablaron con Manolo, que es el único que puede convencer al gallego
de… ja, ja, ja y ja.


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