20 de enero de 2026

Tres apuntes

Empeñada en solucionar las colas y atascos de la autopista en 90 días, la presidenta del Cabildo tinerfeño –a la que ya algunos llaman MentiRosa Dávila– optó por probar con los denominados semáforos inteligentes. Y le salió el tiro por la culata. Ignoro si la iniciativa corrió de su parte o, quizás, el señor Arteaga (que pasó de fiestas a carreteras como si esto de la cosa pública fuese regalo de tómbola) le  sorbió el seso (comió el coco, en lenguaje autóctono) al respecto. Lo cierto es que los artefactos no se ponían en verde ni de coña para permitir que se incorporaran a la TF-5 a la altura de Guamasa. Ni se alivió la avalancha procedente del Norte ni los que pretendían el acceso vieron colmadas sus aspiraciones. El éxito obtenido me recordó la cantinela de los edificios inteligentes, que suelen ser los que albergan las instituciones. Y que se mueren de asco porque el personal que los habitan no dan más de sí. Como los programas electorales se confeccionan con el único objetivo de engañar a la gente, echo en falta planificaciones a corto, medio y largo plazo. Prima la improvisación y los políticos son auténticos saltimbanquis. Dicen las malas lenguas que los circos están en crisis. Y un churro. Dado que las comparaciones son odiosas, ojalá aquellos payasos circenses se pusieran al mando de cabildos y ayuntamientos. Al menos nos reiríamos con fundamento.

ANPE (Asociación Nacional de Profesionales de la Enseñanza) es aquí en Canarias un sindicato hereditario. Como cualquier monarquía al uso. Guarda cierto parecido con el Cabildo de La Gomera. ¿Te lo imaginas sin Casimiro? Aquellos que recorrimos kilómetros por pasillos y aulas de cualquier centro docente sabemos de qué hablamos. Y aun desde el feliz estado jubiloso, nos causa cierta grima el comprobar cómo en los informativos televisivos se nos cuentan historias de pizarras y libros de texto con singular maestría y verborrea constante. Hazañas inversamente proporcionales a las horas de curro directo con alumnos. Con una sapiencia y un saber estar que… pa´ ministro, tú. Yo me crespo todo. Que dice el diccionario que tal verbo (crespar), aunque en desuso, significa lo mismo que encrespar o rizar el cabello. Y dado que presumo de una mata que causa envidia, me erizo sobremanera. Son –es– como los ampelídeos o vitáceos, plantas angiospermas trepadoras. Ya está, quédate con lo de las lianas: se enrollan que da (dis)gusto. Que continúe la saga (estirpe familiar).

Ya que en el párrafo anterior nombré al señor Curbelo Curbelo, hace unos meses le escuché que La Gomera iba a disponer de tanta energía eléctrica que hasta Tenerife se iba a aprovechar de los excedentes. Y limpita que da gusto. Una vez tendido el cable de conexión entre ambas islas, se vuelve a producir otra cero energético que retrotrajo a la Colombina a los tiempos de la cruel y despiadada Beatriz de Bobadilla. Pero una vez se superen las pruebas de enganche, en uno y otro sentido, despreocupémonos del todo. No habrá más apagones generalizados. Si en la estación de El Palmar se parase algún generador por cualquier causa, aquí estaremos al tanto enviando desde Chío electrones a mansalva. Lejos quedan los tiempos en que aquellas torretas de Vilaflor dieron pie a la mayor manifestación jamás habida en la isla picuda porque no teníamos voltios y amperios para tanta gente. Ya nos sobran por arte de magia. O por payasadas. Qué guapos estarían todos con la boca cerrada. Pero hablan y se desgañitan para que suban el pan y los huevos. Por la boca muere el pez, reza nuestro refranero. Mentira cochina porque no quedaría un político en pie, estarían más tiesos que garrotes.

A perdonar este alto en el descanso para hacerles partícipes de este trío de apuntes a vuelapluma. Hay más, como las deserciones en la tele canaria. La más vista en Canarias, según ellos mismos mismamente. No, la van a sintonizar en Groenlandia… Pero dejemos algo por si se tercia en otro día. Hasta más ver.

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