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26/10/2016

Temporales

Me valgo de una foto del amigo Francis García Ramón (colgada recientemente en Facebook) para ilustrar el comentario de hoy. Que intentará hacer un somero repaso por las borrascas otoñales que azotan y asolan el territorio insular en estos postreros días de octubre.
Y comenzamos por las atmosféricas. Que han vuelto a la senda de asustar más y acertar menos. Amén de la dichosa manía de las susodichas de atacarnos por la retaguardia. Porque en mis tiempos mozos (en el libro Pepillo y Juanillo algo cuento) las lluvias venían por el mar que baña nuestras costas norteñas. Y cuando se contemplaba aquellas imponentes columnas, se decía que las brumas (lo de nubes vino más tarde) estaban cogiendo agua. Tampoco era menos cierto el de cumbre clara y mar oscura, agua segura. Ahora las borrascas atlánticas se han empeñado en dar un rodeo y enviarnos los aguaceros por el sudoeste. Cuando no las remite directamente para Fuerteventura y Lanzarote. Que también se las merecen, oiga. Con respecto a los fenómenos costeros, recordar que la mar, cada vez que puede, siempre reclama lo suyo. Lo de estos días no es una novedad. Hace décadas, una enorme piedra entró en la instalación del elevador de agua de Gordejuela (el de abajo, el de la playa), que nadie se explicaba cómo atinó la tremenda roca para encontrar el hueco de la única ventana existente. Qué voy a contar yo que los ranilleros, por ejemplo, no sepan. O los de Garachico.
Siguen las bajas presiones afectando el despacho de Santiago Negrín. Y Victoria Palma ya no discrimina si los aguaceros caen de arriba hacia abajo o los chubascos surgen de las profundidades de la tierra. Se avecinan nuevos cambios con extraños fichajes. Que dan la impresión, eso parece, de haber mucho más en la trastienda del voto de Ana Oramas y en el cuchicheo retratado con la Cospedal. O en los no tan velados mensajes de Antona. Se le avecina una buena a este PSOE canario que deriva más que un velero sin caña. En transición de oeste a este, como estas vaguadas. Y tanto buen periodista desperdiciado.
Debe haberse cansado Coalición Canaria de navegar con zombis. Y revienta lo que menester fuere para comprobar la capacidad de aguante de un socio que ya no tiene acceso ni a la cuenta de resultados. Bueno, sí, a las pérdidas. Ni Granadilla, ni Puerto de la Cruz, ni Adeje, ni gaitas. Traguen, y calladitos que me esperan en la puerta. Y machangadas, las justas, que la pelota está en ‘vuestro’ tejado. El cañonero Alonso se halla bien apostado y lo mismo le da a un anillo (insular) que rellena con sus obuses el barranco de Güímar para general alivio de las carteras areneras.
Siguen emperrados estos socialistas en arreglar las columnas del edificio desde el tejado. Y no se han sujetado previamente con arnés. Claro, se pegan cada leñazo. La varicela federal ha provocado tantas ronchas que los escozores (rascones, en canario) se reproducen como hongos. Y así se encuentran con sarpullidos por todos lados. O las agrupaciones locales toman la voz y la palabra de una vez por todas o van enfocados como el Titlis. No les va a quedar ni la hélice de muestra.
La comisión gestora que ahora dirige ¿qué dices?─ lo que resta de la flota amenaza con expulsar a los diputados que voten no. Recen para que no sean muchos. De lo contrario, cuando se inicie la revolución desde los cimientos (pueblos, aldeas y comarcas), las pobres bases no van a saber cómo empezar la andadura ni con quién o quiénes ir de la mano. A lo peor convendría que todos los actores de esta película de humor negro se pegaran un tiro de leche en polvo y acabaran esnifados perdidos. Sí, para refundir, más que refundar.
Por si fuera poco el descenso barométrico, viene a resultar que el comité federal que puso a Pedro Sánchez de patitas en la calle va a ser investigado por el titular del Juzgado de 1ª Instancia número 14 de Zaragoza, quien ha admitido a trámite la demanda presentada por un militante maño. Otro vórtice tormentoso. Y menos mal que el Ebro guarda silencio.
Otro meteorólogo, un tal Rufián, portavoz adjunto de ERC, ha pronosticado que el PSOE tiene de socialista y obrero lo que él de cura. Hombre, con ese apellido puede que tenga razón. Aunque se le da bien lo de repartir hostias.
Y concluyo con una marejadilla apenas. Leo que la contratación navideña generará 11.725 empleos en Canarias. Chacho, ni la precisión de expresidente Rivero. Estas encuestas, sondeos y vaticinios afinan cada vez más. Yo no sé el porqué hay tanto cerebro desaprovechado. Menos mal que ya me queda menos para compatibilizar pensión con cualquier otro quehacer remunerado. Y con el nuevo pacto tendré garantizadas dos posibilidades: O me quedo en el pueblo con Adolfo o me voy a Santa Cruz con Manolo. En este segundo caso sería con horario liberalizado, como todos sus asesores. O trabajo on-line. Que uno ha progresado adecuadamente.
Si escapamos de las inundaciones de esta noche, la programación de este artículo estará a tu disposición a partir de las doce (o las veinticuatro). No olviden el paraguas. Y se nos va octubre.

19/02/2016

Agüita

Rogando al cielo lluvia y miel… Agüita, agüita, que la rama está sequita… Así cantan Olga Cerpa y Mestisay. Y la rogativa surtió efecto. Tarde, pero llegó el invierno. Aquí está… Agüita.
Podé mis hortensias el pasado 2 de febrero (cuarto menguante). Ayer bien temprano subí a Las Abiertas para comprobar cómo iba el negocio. Casi ni me bajo del coche, pues a eso de las nueve (o próximo a las nueve, que decía mi madre) comenzó a llover. Ya el horizonte me iba indicando por el camino la que se avecinaba. El hecho es que a las nueve y media ya estaba de regreso. Si el agua que ‘circulaba’ por la vía, pongamos que hasta El Amparo, fuera recogida en balsas, estanques, presas u otros depósitos de suficiente porte, seguro que tendríamos líquido elemento para una buena temporada. Qué manera de correr pendiente abajo. Los chorros pasaban por encima de las alcantarillas a tal velocidad, que cuando las rejas iban a decirle adiós, el fuerte caudal de sus buenas pipas (medida de capacidad que equivale a 480 litros) ya se hallaba saltando el espacio de la siguiente. Me dijo una vez un técnico que arrastraban muchos restos de combustibles, aceites y demás. No creo que los adelantos tecnológicos no hayan posibilitado sistemas adecuados para la pertinente adecuación. Agüita.
Es curioso el arrebato que nos entra cuando caen cuatro gotas. Porque inviernos ha habido desde que el mundo es mundo. Aquí y en la Cochinchina. Pero como el móvil forma parte de la anatomía humana, las fotos (algunas del año de la pera, pero todo cuela) invaden ese sugerente campo de las redes sociales. Y vuelve a surgir la manía de “este agua”. Que siempre me recuerda un equipo de fútbol: el Steaua de Bucarest.  Pues sigan diciéndolo, y escribiéndolo, como les venga en gana porque ya agoté el cupo de clases gratis. Agüita.
Como viví en varias de las casas de medianeros que había en la finca de La Gorvorana (incluida la Casona, la que va a restaurar el ayuntamiento mediante un proyecto de la Universidad Europea… ¡Se acabó!), son muchas las ocasiones que me pregunto cómo demonios llegué (llegamos) a estas alturas de la vida. Cae una posma apenas y hacemos unos dramas que para qué contarte. Aquellas edificaciones de piedra muerta (tosca) y una cubierta de teja mantenida con unas cuantas piedras aguantaron temporales de los que ya no abundan. Que nos hemos vuelto mimosos. Agüita.
Eso sí, ayer nos dio tiempo de ver la suciedad de los cristales. Porque todos los que no tenemos nada que hacer, me incluyo, nos pasamos horas detrás de ellos. ¡Qué bonito es ver llover! ¡Qué bello el discurrir de esa gota que te deja anonadado con el descenso increíble a través de la pulida superficie! Ya se me puso ‘semental’. Agüita.
El desprendimiento de un buen trozo de carretera en los aledaños del IES Alfonso Fernández García, en La Victoria, habrá servido a la corporación surgida de la moción de censura para arremeter contra el saliente mandatario Fermín Correa, culpable de todas las desgracias habidas desde el Renacimiento a esta parte. Al autocensurado Leo García le habrá correspondido dirigir el tráfico, canalizar las escorrentías, evaluar los daños, elaborar el proyecto de acondicionamiento, buscar la financiación, comprar el cemento, ir a buscar el revuelto, conducir el coche oficial porque Haroldo va muy deprisa y lo multan… Sí, señor, los siete liberados. En un pueblo que cuenta con cuatro policías. Solo falta que Domínguez les envíe otro Marrón. De película. Agüita.
Una representación de pescadores de El Hierro se fueron a Madrid de la mano de Narvay Quintero, consejero de algo en el gobierno canario y portavoz aunque no se le entiende muy bien cuando habla, a entrevistarse con… Ana Oramas. Manda Restingas. Agüita (la que les falta a todos los excursionistas).
Una media de 388 euros gastaba Rita Barberá cada vez que entraba en un restaurante. Normal. ¿Ustedes la han visto bien? ¿A que no te dio con un repaso y tuviste que volver a empezar? Agüita.
El ayuntamiento de mi pueblo compró 20 contenedores amarillos. Y la información brindó la oportunidad para dar a conocer las excelencias del alcalde y los tremendos sacrificios para mejorar vehículos, herramientas y el trabajo de todo el equipo humano, la empresa de servicios, la explanada del mercado municipal, cometidos de la concejalía de servicios (que los lleva un gerente y los diferentes encargados), la de medio ambiente... Y esta vez en la foto solo salieron los contenedores y un disco de prohibido aparcar. No hay derecho. Ni una reseña del plan de seguridad, con lo expuestos que están a las acciones vandálicas… ¿Cómo? ¡Ah!, vale: marrón, canelo, basuras, recogida selectiva, mierda… Lo que los portugueses denominan imprensa marrom. Agüita.
Ya estoy vislumbrando unas clareas en el cielo. Como redacto estas líneas el jueves por la tarde, bien tarde, lo mismo preparo los plásticos para irme el domingo a Las Cañadas y me mando unas arrulladitas. Y cuando retornemos con unos tanganazos de más… qué bien lo pasemos. Agüita.

21/01/2015

Cargo de confianza

Después de adoptar la decisión de no presentarme a las próximas elecciones de mayo, para no dispersar aún más la composición del ayuntamiento, tengo sobre la mesa la primera oferta seria para ocupar unos de los limitadísimos cargos de confianza con que contará la nueva corporación. Que según un sondeo hecho este pasado domingo, a la prisa y corriendo, en el tramo final de la romería de Tigaiga (que es cuando el personal entrevistado responde con más conocimiento de causa por razones obvias), será un tanto peculiar. Y habrá que recurrir, como mínimo, al pacto entre tres grupos políticos para conformar una mayoría de gobierno. Estarás, ineluctablemente, deduciendo que el PP va a perder tres o cuatro concejales, algo que no le preocupará demasiado a Manolo porque los garbanzos, y resto de productos alimenticios, los tiene bien asegurados en el Cabildo o en el Parlamento. Falta la decisión final de (in)cierto periodista, enemigo acérrimo tiempo atrás de digitales y redes sociales, pero que ahora vaticina que es un disgusto.
Pues sí, no las tiene todas consigo el Partido Popular realejero. Las difidencias o reconcomios suelen provocar malentendidos, cuando no escisiones. Y por muy callado que se lo tengan, bastantes han sido las salidas de miembros de las denominadas nuevas generaciones. Y algunos han recalado en Vecinos por Los Realejos. Entre los que se encuentran varios exalumnos. Quien encabezará la candidatura, incombustible líder (político) desde que transitaba las aulas del IES en Primero de la ESO, buen amigo e inminente Licenciado en Derecho, ha creído oportuno que puedo servirle para, al menos, redactarle los discursos. Y con este tándem, estimado alcalde, poco tienes que rascar. La experiencia, de un lado, y el empuje, de otro, provocarán el cisma definitivo.
Hemos realizado ya los primeros contactos y tanto PSC como IUC no han puesto muy mala cara. Con Enrique falta otro empujón. Lo vemos algo indeciso. Es verdad que cuando tuvimos la primera charla se hallaba en puertas de acudir al Taoro. Donde debía aplaudir, a regañadientes, a Clavijo, por orden expresa de Linares, otrora acérrimo riverista y hoy bailando el Tango de La Florida, que tan bien le enseñara Eduardo en la Escuela de Folclore de Higa (La Perdoma).
No descartamos un gobierno de concentración, para ver si de una vez sacamos al pueblo del ostracismo al que nos tienen sometidos desde los organismos insular y autonómico, tendencia generalizada con este Norte que pierde habitantes de manera progresiva y que requiere de un impulso vitalista que lo ubique en lo más alto de El Cabezón, para desde allí, con La Fortaleza como leitmotiv, volvamos a iluminar los senderos del progreso y cargar de profundas dosis de ilusión a los habitantes de la muy noble e histórica Villa de Viera. Chacho, con este párrafo ya me gané el puesto.
Dispuesto como estoy a semejante sacrificio, solo he puesto una condición (y enlazo con lo manifestado renglones atrás): Dos serán los cargos de esta índole, no más. Y con el alcalde, un reducido equipo de concejales con dedicación exclusiva: tres. Como vamos con la frente bien alta y nada tenemos que ocultar, me acompañará en estas lides de asesoría otro veterano, pero joven y fresco de ideas: Juan Borges. A ver quién puede superar esta apuesta.
Escrito lo cual, como hállome más desahogado, felicitar a doña Susana, presidenta andaluza, por ese embarazo que muchas portadas ha ocupado. Tantas que Pedro anda medio mosqueado por si no es otra jugada para restarle protagonismo en sus presencias televisivas. Yo creo que no, pero de los periodistas se puede esperar cualquier cosa. Oh, les pongo un ejemplo:
Un político (el madrileño Barranco) se retira, como antes lo hizo Alfonso (Segura está al caer), y se inicia un proceso de elucubraciones semejante al que se genera cuando siguen aupados por los siglos de los siglos. Si lo sabré yo. Conozco realejeros que pusieron a José Vicente como un zapato por permanecer cuatro mandatos en el Consistorio, amén de otros dos en el Cabildo. Los mismos que me llamaron gilipollas cuando cumplidos mis cuatro años reglamentarios retorné al Colegio de La Longuera. Que los compre quien los entienda.
Bueno, mañana volvemos. Si la nieve nos deja. Ños, vaya manía con las imágenes. ¿Te has dado cuenta de cómo colocan a la del micro? Le preguntaron a un viejito  de un pueblo perdido entre las montañas acerca del fenómeno meteorológico. Y el buen hombre le espetó (a la intrépida reportera, claro) que si acaso esperaba que nevara en agosto.

21/11/2014

El tiempo

Ya no llueve como antes, se escucha. Los barrancos ya no corren, sostienen los viejos en su charla diaria tomando el sol en el banco de sus cuitas. Yo recuerdo que cuando joven estaba cayendo agua durante más de una semana… Y aquellas casas de mala muerte, en medio de las plataneras, todo enfangado… Ya no se cae la gente al estanque (tanque, en canario) sino que lo hace en un depósito hidráulico, remacha el más espabilado.
Son tantas las veces que he manifestado que el exceso informativo al que estamos sometidos causa más problemas que satisfacciones, que ya peco de reiterativo. Vaya montón de ques me salió en la oración anterior. Sí, algo, o mucho, falla.
Desde hace varios días se nos viene anunciando la proximidad de una buena, que se decía. Aunque tengo entendido que los meteorólogos –los de verdad, no tanto aficionado que nos ha salido con estos inventos de las redes sociales– no las tienen todas consigo cuando procede el vaticinio de lo que puede acontecer en estas peñas aisladas en la inmensidad del Atlántico. Porque no es solo el factor del aislamiento, sino que la especial configuración orográfica de las islas hace que los pronósticos fallen con mucha frecuencia. Bien por exceso como por defecto.
En la madrugada de este pasado miércoles correspondía visitarnos un cúmulo o cóctel atmosférico de padre y muy señor mío: aguaceros intensos y prolongados, tormentas, vientos, nieve en las cumbres… Y te juro que me acosté preocupado. ¿Darán abasto los tomaderos del patio, la azotea, la rampa del garaje y demás a tantos litros por metro cuadrado? Y si se va la luz –siempre la probabilidad es elevada en este sector próximo al Macizo de Tigaiga– y no llega la corriente a la motobomba, ¿cómo me las voy a arreglar para sacar todo ese volumen que se acumula justo debajo de donde aparco el fotingo?
Revisé por si la vela y la caja de fósforos seguía en la gaveta de la mesa de noche. Comprobé que en la oficina –siempre la llamé así– estuviese en el lugar prefijado la linterna y las pilas. Hice tres cuartos de lo mismo con la otra –más grande y potente– en el mueble de la cocina. Efectuado lo cual –explorado mentalmente cuando ya me disponía a contar las ovejas acostumbradas– me acomodé en los brazos de Morfeo.
A las dos de la madrugada –no era aún el momento de levantarme a mear– me despertaron las primeras gotas. El tintineo que provocan en el cerramiento del hueco de la escalera constituye un despertador más efectivo que cualquier artilugio al uso. Pero el ruido no daba sensación de mayor inquietud. O se acabó prontamente o me volví a dejar dormir. Hasta las seis, hora en la que oí otra vez el goterío, que dijera cierto paisano opositor a que un tendido eléctrico sobrevolara su terreno. Mas no tuve sensación de algo que no entrara en los límites de la normalidad que se le presupone a esta estación del año.
Cuando me levanté, próximo a las ocho (¿para qué madrugar?), y encendí el ordenador, me fui a Facebook, tras comprobar que la programación de la entrada del blog había funcionado correctamente. Hallé de todo. Ahora bien, fotos y vídeos se llevan la palma. Lo malo son las mezclas, pues aparecen retazos de temporales idos y como más de uno no mira bien la fecha original, los comentarios son dignos de enmarcar. Prueba inequívoca de que nos lanzamos alegremente a esgrimir pareceres sin haber leído de qué va el asunto. Algo que no me extraña, de otra parte, si cada vez que caen cuatro gotas abogamos por el cierre de los colegios.
A estas alturas de la vida, cuando uno ya adquirió (in)cierta madurez, pocas son las facetas que te sorprenden. Y si echamos la vista atrás, recapitulamos y enumeramos las situaciones problemáticas a las que la meteorología nos ha sometido y puesto a prueba, damos saltos de alegría al comprobar que seguimos vivos. No soy capaz de asegurar que aquellos temporales fueran de rango superior a los que ahora nos visitan. No obstante, como los datos previos (cabañuelas, el sombrerito de El Teide, “cumbre clara, mar oscuro, agua seguro” y poco más) eran escasos, casi siempre nos cogía de sopetón. Chiquitas enchumbadas alcancé de la escuela o del colegio a mi casa. O cogiéndole de comer a los animales.
Nos hemos vuelto mimosos. En grado sumo. O a lo peor cómodos. Y sujetos a cualquier pretexto para no mover un dedo. Cuando no el culo. A este paso no tardaremos demasiado en sostener que las lluvias son perjudiciales para las islas. ¿A dónde vamos a parar? No podemos aparcar en los barrancos, se nos llenan los zapatos de barro, no es posible sentarte para echarte un cortado en cualquier acera porque te chingas todo, el coche se nos queda hecho un asquito… Y como se vaya la luz, qué dilema, qué calvario, cuánto sacrificio. Bien haría el Gobierno de Canarias en planificar nuevas autopistas para que los frentes, vaguadas y borrascas desvíen sus trayectorias y no les permitamos estos asaltos a nuestro territorio. Con Repsol y Soria de muestras es suficiente.
No creas que con estos fenómenos adversos me había olvidado de las fotografías. Mañana irá otra entrega. Como es sábado, habrá lluvias intensas y debes quedarte en casa, aprovecha. Sean felices.

30/10/2014

No quiere arrancar

“Tras un verano eminentemente seco, infrecuente por estos lares, le sucedió un comienzo de otoño más seco aún si cabe.
El mes de septiembre ha venido en constituirse, en estos últimos años, como una prolongación generosa del período vacacional. Incluso ha ha­bido ocasiones en que tal generosi­dad ha colmado sobradamente todas las previsiones.
No creo sea menester ahondar en los tristes recuerdos de incendios fo­restales acaecidos en años de ingra­ta memoria, como consecuencia de altas temperaturas y, cómo no, de la posible negligencia de los desalma­dos de turno. Calores que, algunas veces, han venido a mostrar el rego­deo de la Naturaleza. Algo así como cuando tras una semana de tiempo espléndido aparece un final desapa­cible que nos hace permanecer en casa a disgusto.
¿No será que el tiempo se está to­mando debida revancha ante tanto desaguisado que el homo sapiens está efectuando?
¿No será que nuestra madre Na­turaleza nos está tomando el pelo miserablemente y pone la panza de bu­rro cuando estamos de vacaciones y nos ataca a traición cuando comen­zarnos la lucha por la supervivencia?
¿No será, como dicen nuestros viejos, que el tiempo está cambiado?
Lo cierto es que, balbuceantes, han comenzado a caer unas ligeras go­tas por estos contornos, pero no aca­ba de cuajar la cosa. Las primeras, como casi siempre, acompañadas de un tremendo tierrerío que pone co­lor chocolate cuanto agarre a su paso.
Mientras, las miradas se dirigen al horizonte, a nuestro océano, por el que viene casi todo lo bueno, a ver si el alisio puede traer alguna que otra corriente de masas nubosas y echar mano, de una vez, del chale­co que ha permanecido guardado más meses de los reglamentariamen­te establecidos. Pero nada, no hay manera. Por otra parte, el paraguas, comprado en el verano –para que salga más barato–, permanece im­pertérrito. Aguarda en la esquina –iluso– por si un alma caritativa vie­ne a acordarse de él. ¿El arpa, de Bécquer?
Recuerdos de los tiempos de an­tes, recuerdos de cuando era normal que corrieran los barrancos, recuer­dos, sin ir más lejos, de un octubre del pasado año que se mostró gene­roso en la cantidad de lluvias habi­das, recuerdos...
Intentos vagos, balbuceantes, dos, pero vanos.
Y seguimos mirando hacia la mar por aquello de cumbre clara, mar oscuro, agua seguro.
Claman nuestras tierras por el frescor y la verdura. Resecas nues­tras plantas, suspiran por la caricia de la lluvia.
Ha transcurrido este mes de octu­bre y la deseada lluvia no quiere arrancar. Hasta los cuerpos se ponen impertinentes, jaquecosos, mimosos, como queriendo una pasada por agua.
El Servicio Meteorológico, que­riendo aliviar la papeleta, se atreve a dar pronósticos un tanto osados, atrevimiento que luego no llega a cumplirse porque el frente nuboso –qué tramposo él– termina por disol­verse o se desvía antes de llegar a es­tos peñascos. ¿Vuelve a correrse el tiempo?
La verdad es que para curar un montón de cosas nos está haciendo falta unas buenas agüitas. Pero no acaban de arrancar”.
Pasan los años. Veintiséis, con total exactitud. Porque fue el 30 de octubre de 1988 cuando el anterior texto salió publicado en El Día (Desde La Corona). Creemos que hemos mejorado en las predicciones. Bastante, entiendo. Pero aquellos que ni siquiera pintamos canas, salvo que las rotulemos en la calvicie, nos hemos percatado de que los pretéritos tiempos de Sur, que constituían la excepción, se han tornado en asiduos visitantes de estas islas. Y los del Norte estamos hartos de tanta gota gorda que apenas roza el suelo porque se seca por el camino. Y aquí en este Valle seguimos sin habituarnos al sofoque que no nos deja ponernos una sabanita por encima en las noches de un otoño veraniego. Y das más vueltas que un trompo. Te despiertas de madrugada y cuentas los escupitajos de Messi en cualquier partido unas cuatrocientas veces. Porque te da un no sé qué hacerlo con ovejas. Las pobres no estarían en condiciones de triscar por ese césped nauseabundo. El club debería multarlo. Como Hacienda. Por evadir saliva, sacándola ilegalmente de la cavidad bucal para depositarla en terrenos de difícil localización.
Pues sí, al igual que hace un montón de años, la lluvia no quiere arrancar. Y ya la necesitamos. Por lo menos yo, sí. Y mañana se acaba octubre.
Vuelvo a ‘robarle’ una foto a Carlos, pero como las cuelga en Facebook me aprovecho.

22/10/2014

No aprendemos

La viñeta de Padylla lo define a la perfección. No es que tropecemos dos veces en la misma piedra. Qué va, nos machucamos (los esporruñamos, que decíamos en la pretérita época de las lonas blancas) todos los dedos y aquí no ha pasado nada.
Hubo tremenda riada el 31 de marzo de 2002, pasó el Delta en noviembre de 2005 y aquellos aguaceros no sirvieron para limpiar la ineptitud. No habían pasado 24 horas de este último fenómeno meteorológico (19 de octubre de 2014) y ya el alcalde santacrucero tenía cuantificados los desperfectos: 15 millones de euros. Reunió la Comisión de Gobierno y salió disparado para comunicar que acudiría a todas las instancias a pedir dinero. Idéntico procedimiento al seguido por Zerolo tiempo atrás y similar al protocolo por el que se rigen las administraciones públicas: llorar, llorar y apuntar hacia arriba.
Pero Bermúdez fue más lejos aún: La Aemet no avisó con fundamento. Nos indicó que podrían caer 60 litros (o menos) y la cantidad se duplicó (o más). Y le pregunto al inteligente que si la Agencia Estatal de Meteorología le hubiese enviado un telegrama un par de días antes, ¿se habría ubicado la corporación en pleno en la Avenida de Venezuela con unos cubos para achicar?
Digo yo que si la rapidez para valorar los daños causados fuera utilizada a la hora de planificar las infraestructuras, lo mismo no estaría ahora escribiendo estas líneas y los santacruceros paseando tranquilamente por la Avenida de Anaga y felicitándose porque los desagües funcionaron a las mil maravillas. Pero la eficiencia solo les vale para otros aspectos. Y te pongo un ejemplo. Un periódico nos da norte de El Día de los Animales en la capital tinerfeña y nos cuenta que se reúnen numerosas mascotas en la plaza del Príncipe. El mismo alcalde citado es el ejemplar que aparece en la fotografía.
La historia es tozuda. Tuvimos el fatídico aluvión de noviembre de 1826, hubo terribles huracanes en la década de los cincuenta, otra vez en noviembre, pero del 68, el barranco de San Felipe sembró el pánico en el Valle de la Orotava, precisamente en las lindes de los tres municipios, y en su desembocadura estuvo en un tris de llevarse toda la barriada del mismo nombre en Puerto de la Cruz.
Pero no aprendemos. Como la próxima no va a ser mañana, en unos meses ya estaremos tirando basuras a los cauces por los que el agua debe discurrir, sembraremos unos corrales y criaremos cuantas cabras y ovejas podamos, haremos calles en cuyo subsuelo hemos puesto unas tuberías de juguete y la culpa de las desgracias será del que abre las compuertas allá arriba y de los que tienen la obligación de alertar a la población de que la borrasca se aproxima. Para canalizar las avalanchas con unos sacos de arena y unas palas de plástico de las que usan los críos en las playas durante el verano.
Hace unos meses intercambié unas palabras con el responsable de la Asociación Canaria de Meteorología con motivo de la proyección del documental del aluvión de 1826 en el Círculo Viera y Clavijo de Realejo Alto. Y me señalaba lo tremendamente difícil que era la predicción del tiempo en las islas, donde una orografía endemoniadamente complicada podía dar al traste en apenas unos minutos a todos los cálculos previos.
No obstante, muchísimo se ha mejorado. Uno, con unos cuantos años a sus espaldas, sabía en su niñez y juventud que iba a llover porque veía que por el mar para arriba venían ingentes columnas de agua (las brumas están cargando, todavía se escucha por ahí a los mayores). Cumbre clara, mar oscuro, agua seguro. Y este último episodio fue anunciado con varios días de antelación y prácticamente todas las conjeturas se cumplieron fielmente. Aunque el señor José Manuel requiere que le señalen los litros exactos para él buscar los depósitos donde meterlos. Ponlos en El Tanque.
Viví en casas viejas de medianeros en la finca de La Gorvorana hasta que me hice un hombre. Bueno, casi. Y las tejas se mantenían con unas piedras para que el viento no las levantara. Era raro que se colara la lluvia. Los albañiles (maestros), magos del campo como casi todos, suplían las carencias de materiales con una inteligencia natural de muchos quilates. Ahora disponemos de todo y para todo. Y de aparejadores, peritos, arquitectos en ingenieros. Se inundan calles, túneles, se caen las casas, se mojan flamantes edificios, se anegan garajes, la corriente se lleva los coches como si fueran juguetes, los contenedores de la basura parecen barcos cruzando el Canal de Suez…
No aprendemos, no. Es más, parece que retrocedemos. Y estos episodios con los que la Naturaleza nos sorprende se repetirán con bastante frecuencia y con una mayor virulencia. Pero vendrá otra vez el lobo y nos echará la puerta abajo. Eso sí, tendremos imágenes al instante. Y mientras haya cobertura (¿te acuerdas que las antenas de telefonía móvil producían cáncer?), no importa que se vaya la luz. Y si no esperaremos unas horas apenas porque en algunos medios de comunicación audiovisuales se encargarán de explotar el evento. ¿Aprovechamos para otro telemaratón?
Se me quedan en el tintero unos comunicados de unos amigos acerca del post de ayer y del porqué entrecomillo determinados vocablos o expresiones, de otros que ahora se hallan preocupados (a buenas horas) de la deriva casi diaria del chanchullar de Radio Realejos, de las tarjetas ‘Franciscas’ (o Pacas, para los más allegados), de la negativa de Jonay a integrarse (de serle solicitado) en el equipo de Marco, de la escasísima militancia en partidos y sindicatos…
Si ustedes quieren, no volvemos a encontrar mañana.

20/10/2014

La tormenta

Vino movidito el tiempo ayer. El atmosférico. Es que está cambiando, revuelto. Al menos eso dicen los viejos. Es decir, yo mismo, si te valgo de muestra. Pero de nada nos sirve para futuras ocasiones. Ni de experiencia. Porque la capital santacrucera alcanza la cima en la pirámide de los despropósitos. Un tercio de aquella riada del 31 de marzo de 2002 ha vuelto a provocar el caos. Ni imaginármelo quisiera.
¿Y a qué es debido? Puede que la causa proceda de la confluencia de bastantes factores. Muchos de los cuales nada tienen que ver con las isotermas y las isobaras. Eso sí, a buen seguro que proceden de una vaguada en altura que provoca una extensa zona de bajas presiones y que como no se estrangula, no hay ciclogénesis en rebaja y el vórtice se estanque en medio del Atlántico.
Como también este 19 próximo pasado hubo primarias en el PSOE (incluido el golferío en la captación de amigotes: hoy ni me felicitan ni les gusta el comentario), puede que más de uno haya pensado si los truenos de Madrid se propagaron hacia latitudes más al sur y hayan chocado con los cimientos de El Teide y El Bentayga o en las laderas del Macizo de Tigaiga, lugar más cercano a nosotros. Y de la conjunción de las corriente fría y caliente, saltaron chispas tibias. Pues no. Rotundamente negativo.
O lo que es peor, que Soria hubiese ordenado a Repsol que procediera ipso facto a pinchar en la dichosa roca madre (los padres no tenemos ni para gases, salvo cuando nos hinchamos de plátanos). Dado que los pulsos a los que le somete el presidente autonómico con epítetos improcedentes, como el del trato colonial, constituyen provocaciones en toda regla y a las que no está dispuesto soportar o consentir.
Esa persona de la que usted me habla (Rajoy dixit), no solo no me causa la menor gracia sino que es digna acreedora a mi más enérgico y profundo rechazo. Que no me siga provocando porque le creo un conflicto competencial de intereses de órdago. Bueno, de padre y muy señor mío. Vamos, la borrasca perfecta. Como su partido lo ha marginado y ahora pinta menos que un párvulo sin creyones, está dando los últimos coletazos cuando con ello, según las encuestas, no ha sido capaz de convencer ni a la mismísima Ángela. No, la Merkel no, ya lo quisiera aunque fuera en sueños, sino la Mena, la de andar por casa, que también se estila.
La tormenta, prevista con varios días de antelación (vivimos la época dorada de la meteorología; ¿Y si fallamos?: El tiempo se corrió), no estuvo determinada, mucho menos condicionada, por raíces políticas. Razones le sobraban, pero fue capaz de mantenerse al margen. Fueron motivos de la madre naturaleza. Arrancadas que tiene, como todas las madres. Y las primeras lluvias del otoño con fundamento han caído como agua del cielo (qué otra expresión mejor podría utilizarse) para las papas tempraneras. Que yo también sembré dos puñados. Las susodichas, así como los dos poyos que tengo con orejas de burro, flor de mundo, rosales y geranios, ya tienen riego para unos cuantos días. Si tengo suerte y caen unas gotas de cuando en vez, de repente escapo hasta dentro de vete tú a saber.
Tan contento estoy que de seguir así puede que me olvide de la invitación equivocada que me enviaron la semana pasada del ayuntamiento (organismo al que ruego que ya no me remita ninguna más; total, si casi nunca voy a nada. Y cuando quiera ir, voy como cualquier hijo de vecino). Que la colgué en Facebook, con la oportuna aclaración, y que, no obstante, en el Consistorio se ofendieron, por lo que no solo retiré la publicación sino que pedí públicas excusas a quien pudo haberse sentido ofendido. Lo que menos me gustó es que alegaron puse en tela de juicio los merecidos homenajes por los que se reconocen los años de servicio a la administración pública. Y en lugar alguno he dejado constancia de mi parecer al respecto. Pero, en justa correspondencia, demando del ayuntamiento idéntico tratamiento para cualquier trabajador realejero, independientemente de la empresa en la que ejerza su labor. Sobre todo a aquellos autónomos que tras toda una vida de sacrificio, se jubilan con cuatro perras. Y a los agricultores que jociquean tierra de sol a sol para… Y a los parados… Y a… En vida, que dice el amigo Esteban Domínguez. Y no le dediquen una esquela (que no va a oír) el día en que se lo llevan con las patas por delante.
Espero que el agua haya barrido mucha inmundicia. De toda índole. Que los virus que andan por ahí hayan sucumbido a través de alcantarillas y sumideros. Que al menos el 50% de las tarjetas opacas se hayan mojado e inutilizados sus contactos (con dobles y triples).
Dejaré para otro día asuntos de suma trascendencia como las veleidades de Francisco Nicolás (muestra inequívoca de cómo está el país), la aceptación o no de Michelle Obama como señora embajadora del nabo (manda… narices), los sustos que se llevan los jugadores del Tenerife (por eso pierden) con los gritos del energúmeno de la tele de Willy, la inminente afiliación al PSOE para echarle una mano a este chico y barrer… mira que hay que limpiar, purgar y expulsar.
Gracias al amigo (más de mi hermano) Carlos Hernández por ‘robarle’ una foto de una de las tantas descargas eléctricas de esta entretenida madrugada del domingo. ¿La otra? La de la desvergüenza, la de la bazofia que vive de la política porque la mugre es su hábitat natural. Jolines, mira que me propuse no mentar este ganado porcino.

29/12/2013

12 de diciembre de 2013

El 12 de diciembre próximo pasado fue jueves. Y un servidor seguía en La Palma. Recuperándome del ajetreo del blog y de las redes sociales. Que todo no puede ser trabajar, pues Rajoy no me compensa adecuadamente.
Así que agarré el coche, y con una niebla que no me abandonó hasta la zona de Los Canarios en Fuencaliente, tiré pa´lante, cámara en ristre, y la primera parada de fundamento fue en la Plaza La Glorieta, allá por Las Manchas, camino de Todoque, donde Luis Morera dejó su impronta de artista, dicen que aconsejado por César Manrique. Estaba lloviendo, pero bueno… había luz. Luego pasé por Puerto Naos y llegué hasta El Remo. En el Charco Verde, otros disparos a las olas.
En el Puerto de Tazacorte, un ‘solito’ que daba gusto, hasta los cangrejos lo agradecían. Un fisco más arriba, como muy saben ustedes, Las Angustias, lugar fotogénico donde los haya en La Palma. Una instantánea de Argual y vuelta a casa, a Los Cancajos.
Tengan ustedes un feliz domingo. El miércoles 1 de enero nos alongaremos otra vez con nuevas fotos. Sean moderados y no cometan excesos. Ya saben que nuestros presidentes son optimistas y 2014 será… ¿Qué será?





28/12/2013

Un segundo paseo

Tras amanecer en Los Cancajos, y después del copioso desayuno (el régimen para después de Reyes), una vuelta por los alrededores de La Cumbrecita (con permiso correspondiente). Regreso, por la amenaza, alerta o como se llame, de tormentas, huracanes, tifones, gotas frías y demás cataclismos meteorológicos, por la zona recreativa de El Pilar (cerrada), para finalizar esta primera tanda (de 20) con otro espectáculo de olas en los aledaños de la instalación hotelera.
Al siguiente día, 11 de diciembre, una primera cascada a la altura del puerto palmero, carretera del Norte y esta vez, por fin, fui a saludar a Pepe “Cúllen” (Pepote, para nosotros los de El Toscal) y familia en la finca Oropesa, allá cerca del faro de Punta Cumplida y las piscinas de La Fajana, en Barlovento, donde un arco iris lucía en un nítido cielo azul.
Cuando regresaba por Puntagorda y Tijarafe (tras la estampa navideña de Gallegos) y sacando unas fotos en Las Angustias, cayeron unas piedras por la zona de El Time. Único “suceso” que disfruté. Con tanta alarma ‘política’ ya se están pasando.
En fin, otros dos días para detrás. Pero todavía quedan algunas. Permanece atento.




16/12/2013

Otra tormenta

Llegué anoche de La Palma. Cansado y sin ganas de sentarme a teclear la consabida aparición diaria en el blog. Las entradas de la pasada semana habían sido previamente programadas, para lo que aproveché las fotos pendientes. Que hay que ir alternando, pues no solo de política vive el hombre. Aunque llevé el portátil –uno es antiguo  y desconoce otras plataformas informáticas–, la conexión Wi-Fi del lugar de alojamiento (Las Olas, recomendado por el amigo Rayco) guardaba cierta relación con la luz eléctrica del barrio de Tigaiga (sugerencia del amigo Domingo). Por lo que su lentitud y desapariciones no me permitieron atender el negocio con la suficiente diligencia.
Allá, en la también denominada Isla Bonita, me gocé la película del temporal que, como muy bien todos ustedes saben, fue la causa de que se dispararan los índices de audiencia de la televisión de Paulino (y ahora también de José Miguel, que antes no la quería pero ahora sí; al revés que Soria: lo que es capaz de hacer un gobierno o una oposición).
Uno con sesenta y cinco años a las espaldas (coño, cumplo hoy, me tendré que felicitar) ha tenido la oportunidad de ver pasar ante sus narices algunas ventoleras, varios aguaceros y bastantes tormentas eléctricas. Y recuerdo de especial manera las que sucedían cuando éramos medianeros en la finca de La Gorvorana, en aquellas casas que, como los borrachos, se mojaban más por dentro que por fuera. Y que cuando soplaba el viento con ganas, para qué asustarte. No hay comparación posible con lo que nos cuentan los intrépidos reporteros de la televisión nacional canaria.
Cuando chico, y sobre todo en la casa de El Bosque (gracias a los excelentes políticos, hoy desaparecido), hubo que refugiarse debajo de la cama o protegidos con el chaplón (tabla gruesa para cerrar un vano) que existía en la puerta de la entrada. Mientras, la platanera desaparecía bajo el empuje e ímpetu de las hordas de Eolo. Aunque se podía aprovechar la madera, parida del ministro del turno en la visita de rigor.
Y ahora me vienen estos niñatos (a los que se suman los millares de personajes que no tienen otra cosa que hacer sino estar llamando por teléfono, o enviando un Whatsapp, para señalar que jamás en sus 49 años de vida han visto cosa igual) a enfundarse el chubasquero, meterse dentro del primer charco que se encuentren en su gira novelera (todo un chollo) y contarnos que el agua le llega a las rodillas, al tiempo que la cámara nos muestra unas botas de agua (diseño mujer de Willy). O los que agarran la sombrilla más cutre y débil que hallaron para que cualquier ligera brisa mande las varillas a hacer puñetas y la camba pa´l otro lado. O nos ubicamos justo al lado del único rolo de platanera que se dobló un fisco para demostrarnos cómo el temporal, el huracán, la gota fría o la madre de todas las tormentas mandó a freír chuchangas a todo el sector agrícola.
No sigo enumerando sandeces porque el tema requiere un tratamiento informativo serio. El que en un exceso que raya el desbarajuste y el esperpento, un medio público, con el solo propósito de darse autobombo hasta la saciedad más chabacana, dedica horas y horas a intentar justificarse como el canal de contacto entre la realidad y una población a la que consideran analfabeta y más propia del siglo XIX que de una época en la que estamos empachados de adelantos.
Meteorólogos aficionados han surgido a porrillo. Parecen setas tras las primeras lluvias del año. Y las redes sociales nos ilustran sobremanera. En la mayoría de las ocasiones de una manera sesgada, errónea y, a veces, con intención deliberada de engañar, hacer mofa o llamar la atención. Fotos trucadas circulan con velocidad pasmosa.
En todo este círculo vicioso que acontece cada vez que caen cuatro gotas –y lo que nos queda–, de lo que me alegro es de que se ponga en valor el esfuerzo de Victoria Palma, una joven por la que nadie apostaba un duro en sus inicios en el ente radiotelevisivo –estuvo con un pie más fuera que dentro– y que a base de tesón, ganas y sacrificio (mucho más que el empeño de cambiarle el aspecto físico para que estuviera en consonancia con el resto de la tropa dicharachera) ha sabido ganarse el crédito del que carece la empresa que bien la exprime.
El mal tiempo es una ventaja de tal porte que unas olas, como las que siempre han existido y lo seguirán haciendo, nos sirve d excusa para desplegar nuestro excelente parque móvil (el de todas las islas, incluyendo La Graciosa), hincharnos  de roscas y cotufas (a falta de queso majorero), echar mano del vestuario más sugerente y ubicarnos bajo el chipichipi en un peculiar desfile del despropósito.
Y con la alcachofa en la mano, con los pelos revoltillados y cayéndonos una gota por la punta de la nariz, comunicaremos urbi et orbi que “este” agua, sin ser toda la que se esperaba, ha causado graves desperfectos por culpa de los recortes y del dinero que Madrid no envió, pero saldremos adelante con las excursiones presidenciales y tal y cual.
Ya causaba rubor la cantinela del locutor radiofónico (de la autonómica, claro; en zonas de La Palma también se escucha Radio Realejos pero saben que el médico me lo prohibió) en demanda de un suceso que llevarse al hocico. Con un desconsuelo inaudito cada vez que alguien le transmitía que en determinado lugar no había acontecido nada digno de destacar. Y él, deseoso de que se hubiese caído un puente, accidentando una guagua llena de viejitos del Imserso o cualquier otra menudencia, se quedaba compuesto y sin novia (informativa).
Se trata de vender a toda costa. Para luego estar cuatro semanas con la canción de que buenos somos y la cantidad de oyentes que tenemos en estas islas. Mañana, cuando un gobierno serio y responsable tome las riendas de este archipiélago (no pierdo la esperanza tan fácilmente) y decida cerrar el chiringuito porque las deudas lo hacen insostenible, todos esos bizarros cronistas pondrán el grito en el cielo. Y clamarán que les echemos una mano. Alegarán su profesionalidad, abnegación y saber estar. Harán especial hincapié en esta última faceta, su ‘saber estar’. Y yo no me reiré. No suelo utilizar el estilo que ahora tan buenos resultados  en cuota de pantalla parece ser jauja. Irónico sí soy, pero no juego con las cosas de comer. No sigan ustedes choteando esta profesión, porque más temprano que tarde las piedras vendrán rodando en sentido inverso. Bastante tenemos ya con las limitaciones del gobierno de Mariano. Si el ejemplo de la comunidad valenciana no los ha puesto ojo avizor, allá ustedes.
Mis estimados, hasta mañana.

19/06/2013

Tan mal no estamos

Mis disculpas más sinceras por asomarme tan tarde a esta ventana. Fui a buscar el ordenador y no han encontrado al intruso que me lo tiene medio bloqueado. Debe ser que el actual antivirus no va  a permitir que me ataque de nuevo aquel famoso de la policía, y cada vez que observa algo raro activa los cortafuegos. Eso sí que es un simulacro y no lo que anunciaron a bombo y platillo desde mi ayuntamiento en la zona de Icod el Alto. Que habrán suspendido, me imagino, porque amaneció lloviendo. Así que redacto estos párrafos con el de juguete que me regalaron los chicos y que solo utilizo en los viajes del Imserso. Viejo sí, pero moderno.
Ganó la selección española de fútbol, esa que mentan como La Rojita (será naranja, digo yo), y llegamos a la conclusión de que en ese deporte, por ahora, no es necesario que los jóvenes emigren. Aunque como anda medio revuelto el panorama y existen inversiones importantes, o desembarcos económicos supuestamente blanquecinos, en clubes de media Europa, lo mismo acuden las tentaciones. Este nuevo título demuestra la escasa importancia que debemos darle al estudio, a la investigación, y lo necesario que se ha vuelto el que los chiquillos sepan dar patadas. A mi nieto, por lo pronto y sin cumplir aún los dos años, le hemos llenado la casa de balones para que se vaya habituando.

Cada vez estoy más convencido de que dinero hay. Bastante. Pero nos hemos equivocado a la hora de elegir a quienes deben repartirlo. Y ello provoca desfases de tal calibre que en Brasil, por ejemplo, cientos de miles de personas se lanzan a la calle porque estiman un despilfarro la organización de campeonatos deportivos, mientras el pueblo se muere de hambre. Y que tal hecho acontezca en un país que vive el fútbol de manera tan apasionada, debe ser motivo de profunda reflexión para la casta. Y en esta se incluyen los políticos. Allá y aquí. Que no conformes con recortar todo cuanto pueda quedar al alcance de las tijeras, son capaces de aplaudir, para general recochineo, cuando su jefe propone esas medidas como única manera de salvarnos de la quema. Claro, la única fórmula para no turrarnos es partir con la piel chamuscada. Luego, como el burro, cuando estemos acostumbrados, nos morimos y un problema menos. Qué listos son.

Por Canarias, con un alisio veraniego que te deja todo mojado, no vamos tan mal. Gracias a las revueltas turcas –ojalá se sigan dando leña treinta o cuarenta años más–, tendremos una avalancha de turistas en plena temporada baja que el desempleo (otro factor en el que somos alumnos aventajados; con Andalucía debemos ir en clase preferente) bajará a índices jamás conocidos. Lo mismo nos va a sobrar dinero para comprar un par de helicópteros y arreglar los hidroaviones de Cañete.

Y digo que tan mal no estamos porque en casos de corrupción urbanística somos los segundos, es decir, subcampeones. Tal honor no se adquiere de la noche a la mañana. Eso ha significado muchas décadas de abnegada entrega… de sobres con sobresueldos, gastos de representación, alojamientos, transportes… En fin, qué podría contarte yo que tú no sepas o intuyas.

En materia educativa vamos mucho mejor. Somos los cuartos del país en el número de abandonos escolares. Y no creo que vayamos a mejorar. Porque si te paras a pensarlo con detenimiento, llegas a la conclusión de que la situación se agravaría peligrosamente si todos los jóvenes culminaran estudios universitarios. Porque la demanda de otros países no da para tanto. El que parece haberse dado cuenta de la jugada es el ministro Soria y con toda probabilidad dé luz verde al inicio de los sondeos petrolíferos en este próximo agosto. Las razones se me antojan obvias. De una parte conseguirá trabajo para todos estos noveleros que tenemos regados por las Islas Afortunadas, quienes explorarán los fondos marinos en busca del codiciado maná. Y de otra, recemos para que no salga fallido el tiro, en cuanto haya alumbramiento, los turistas acudirán en tropel porque bien diferente es la oferta de un tiznado integral al rojo como un tomate que le ofrecíamos con anterioridad.

Te habrás percatado de que desde el Gobierno de Madrid ya se lanzan discursos de esperanza, de brotes verdes, de luces al final del túnel… Y cuando contemplo a Rajoy que ya lo suelta en cualquier foro, solo se me ocurre pensar por qué no se tiñe también la barba. ¡Oh!, es lo que se me ocurrió, qué quieres que te diga.

¿Viste la foto de los chachis del G8 en su cumbre irlandesa? ¿No? Pues arriba la tienes. No me digas que el japonés está intentando tocarle el culo a la Merkel. Menos mal que salió al quite el señor Putin, quien parece señalarle al intruso que deje quietita la mano que eso es cosa de él. Qué livianos. Sí, en manos de ellos estamos. No añado y en el culo de las señoras porque me tildarán de machista.

Bueno, hasta mañana. Y no vayan a la playa todavía.

30/01/2013

Unos brochazos

Nicolás Maduro es el vicepresidente venezolano. Y con Chávez hospitalizado en La Habana, el máximo mandatario de su país. Y le ha venido a aconsejar a aquel que no debe apurarse en su recuperación, que se lo tome con tranquilidad, que vaya despacito. Visto el particular desde la distancia, el hecho puede dar lugar a diversas interpretaciones. La más rápida que se te viene a la mente es la de si le está gustando el cargo al segundo de a bordo y quiere prolongar el estado de felicidad una buena temporada. Como el hermetismo más absoluto es lo que guía la enfermedad del ‘comandante’, el capítulo de elucubraciones queda abierto. Cada cual tiene su particular versión y yo no iba a ser menos.
Parece que las lluvias en el pueblo van a llegar en festivos, en fechas bien señaladas. Tras el tremendo diluvio de la Nochebuena próxima pasada, ha vuelto a caer agua por San Vicente y por San Sebastián, que ya ambas celebraciones se pisan las hojas del calendario. Da gusto contemplar las huertas roturadas y con las primeras siembras del año. A ver si a esto se le une la pronta puesta en marcha de los huertos urbanos y que ese banco de terrenos sea una pronta realidad. De ello ya comentamos algo hace unos días, pero no nos importa lo más mínimo el reiterarnos. Las buenas iniciativas merecen ser potenciadas.
Cierto periódico digital la cogió con Cheo Dorta, alcalde icodense, a cuenta de la compra de un camión. Estimaba el medio de comunicación que la operación había sido un fraude. Y así estuvo, erre que erre, años, con artículos que rayaban peligrosamente la línea de la ética periodística. Y hete aquí que ahora se ha exonerado al que hasta ayer era presunto desfalcador. En el auto, al que se ha adherido la Fiscalía, se especifica que dicha operación no causó menoscabo en los fondos municipales. Me imagino que el supuesto periodista se habrá ido de rositas a la caza y captura de otro ‘entretenimiento’. Nos hemos acostumbrado a ‘disparar’ comentarios sin temor alguno a que las ‘balas’ inicien el camino de retorno.
El miércoles pasado escribí que un pacto contra la corrupción o valdría de nada. Leyendo en días posteriores ciertos editoriales (no sectarios, al decir de los mismos periodistas), me ratifico en todo lo manifestado. No es que ya los políticos se hayan apuntado al “y tú más”, sino que el propio gremio que debería velar por la imparcialidad, objetividad, neutralidad, etc., etc., ha entrado en una batalla mucho más peligrosa, en una dinámica que reproduce los esquemas de aquellos con una alegría digna de enmarcar.
Tomó posesión (segundo mandato) el presidente estadounidense. Y en la ceremonia (la íntima no, la otra, la oficial), la cantante Beyoncé interpretó el himno nacional. Días después hemos descubierto que lo más importante del acto de la investidura es la terrible sospecha de que lo haya hecho en ‘playback’. Manda Trillos, por no escribir testículos. Somos la repera. Como si quedara desvirtuado el acontecimiento por el trascendental hecho. Que le pudo entrar un catarro apenas a la diva. O que sufrió una jaqueca la noche anterior. O tenía miedo a olvidarse de la letra (no sería la primera vez que ocurre). Chacho, vamos  poner todo el empeño en arreglar este mundo convulso en lugar de estar perdiendo el tiempo en tonterías (te juro que pensé poner mariconadas).
Bueno, hoy estoy medio cansado y lo dejo aquí. Mañana será otro día. Puede que eche mano de hemeroteca. Estén atentos los amigos del grupo Tigaray. Lo mismo los sorprendo.

26/12/2012

Llueve sobre mojado

Redacto estas líneas el 25 de diciembre. Es decir, ayer (para ti que me lees ahora). Y ayer fue Navidad. Tras una Nochebuena pasada por agua –bendita sea–, pudo celebrarse, con atraso, en Tigaiga su tradicional Belén Viviente, que ya cumple su cuadragésima edición. Me alegro, es un atractivo más. Y que se venda, falta nos hace.
Siempre he procurado guardar el máximo respeto a todo tipo de actos religiosos y allá cada cual con sus creencias y convicciones. No es el caso de las opiniones en sentido contrario –la de los católicos apostólicos y romanos, fundamentalmente– hacia quienes, como es mi caso, la Navidad ha perdido todo su sentido original y la han enfocado a un consumismo brutal. Al que la inmensa mayoría de la sociedad se ha prestado gustosamente y no se duda lo más mínimo a la hora de brindar, invocando principios éticos y morales, ante una mesa bien surtida mientras el hambre, la miseria y las penurias campan a sus anchas (y a sus largas). Eso, demagogo.
No entiendo los lamentos andaluces cuando una procesión de Semana Santa debe ser suspendida ante las inclemencias meteorológicas. Por ello no comprendí la expresión utilizada en un comunicado del ayuntamiento realejero (“La lluvia fastidia las ilusiones de todos los que luchan por una tradición”), ante la suspensión del acto programado en Tigaiga. Creo que nos estamos cargando de una sobredosis de inmodestia, cinismo y falsedad. Y me molesta más cuando lo hacen amparados en aquellos en los que dicen creer y que deberán ser, en todo caso, los que nos brindan generosas y abundantes lluvias. Para que en el próximo verano no tengan que recordarnos mediante megafonía que seamos comedidos en el uso del líquido elemento porque los depósitos se hallan vacíos. O la religiosidad nos vuelve ciegos o, lo que sería aún peor, pretendemos poner una venda a los que dicen adorar.
La lluvia no fastidia, aunque no lo haga al gusto de todos. No solo vienen bien por las razones consabidas, sino que pone a prueba las infraestructuras municipales. Y sería conveniente reconocer que no se hacen las cosas bien. Desde tiempos inmemoriales. Cuando uno contempla cómo sale el agua en una alcantarilla situada en la plaza Mencey Bencomo, justo a la entrada del pueblo, y cómo se pone, una vez más, la zona de Los Barros (qué nombre más apropiado), habrá que concluir que algo se debe estar haciendo mal. Y en vez de lamentarnos porque hubo que aplazar el nacimiento, mejor nos convendría intentar buscar una solución para, como decían nuestros mayores, cuando caen cuatro gotas. No aprendemos de los errores y nos quejamos por lo más nimio, mientras que las cuestiones trascendentales son aparcadas una y otra vez.
Son tantos los ejemplos que podrían citarse, que ya bien podrían los diferentes grupos políticos –con el de gobierno al frente– a no andar con remiendos, disculpas y fotos en Facebook, sino a trabajar con visión de futuro, teniendo en cuenta que la naturaleza de vez en cuando nos sorprende y nos pone a prueba.
Pero no (acuérdense de lo que escribo en esta Navidad de 2012), ya comprobarán como en un tiempo volverá a llover sobre mojado. Desde aquella riada del barranco de San Felipe al final de la década de los sesenta del siglo pasado (por no remontarme al triste aluvión de noviembre de 1826), hasta este palo del pasado lunes, muchos aguaceros han caído. Y bastantes destrozos hemos tenido que soportar. Pero convendrán conmigo que bien poco hemos aprendido. Vivimos el día a día y no planificamos. Estamos más pendientes de lo superfluo, de lo que me pueda brindar de manera inmediata un puñado de votos, que de preocuparnos por la seguridad de un municipio de cuarenta mil habitantes (el mío, aunque se puede hacer extensible a la mayoría). Y Los Realejos cuenta con un superjefe de seguridad (lo de súper va por el sueldo, porque la valía aún no la ha demostrado con hechos). Cuya ausencia –lo mismo no la notaríamos– significaría la presencia en las calles de al menos dos policías más. Y que conste que uno se ha callado hasta ahora el malestar existente en la plantilla con el ‘marrón’ que les ha caído, por respeto a los muchos amigos que uno tiene en ese colectivo.
Alegrémonos, pues, de que haya vuelto a llover (qué pena lo de la Balsa de La Cruz Santa) y encomienden sus oraciones (los creyentes) para que esta bendición nos sorprenda con más frecuencia. Que tiempo para fiestas y actos de diversa índole siempre habrá a lo largo del año. Y que esa misma fe les ilumine para saber diferenciar lo trascendente de lo que no lo es. Si unas lluvias torrenciales nos cogen un día desprevenidos y nos mandan a freír chuchangas, de bien poco nos valdrán esos otros aspectos menos mundanos.
Ahora mismo los sectarios ya me están condenado. Es la nítida diferencia entre los unos y los otros. Yo soy creyente y practicante. Me parece bien; y yo ateo y enfermero. ¿Tú, ateo?, y una mierda. No le des más vueltas, ese es el respeto de allá para acá. Que llueva, que llueva…

19/10/2012

Se rueda

Llovió ayer con fundamento. Parece que ‘las mujeres del tiempo’ atinan bastante bien en las predicciones. Ya el tiempo no se corre tanto como hace unos años. Sí, esa era la disculpa y como somos unos minúsculos puntos en la inmensidad del océano, venga a caer agua en el mar con lo mojado que está ya. Y vinieron de rechupete. Ojalá sea buen presagio para los meses venideros. La balsa de la Cruz Santa está de pena. Aunque saltó el bobo de turno en feisbuc, molesto porque los aguaceros no lo dejaban salir. Le debe faltar un agüita.
Me imagino que tal fenómeno meteorológico no habrá afectado el rodaje en San Juan de la Rambla. No saben cómo me alegré de que la población norteña fuera protagonista de primera plana en toda la prensa. Ya era hora de que no siempre saliera a la palestra por cuestiones políticas barriobajeras. Aunque lo mismo saltará alguno y le preguntará a Fidela en el próximo pleno el porqué rodaron abajo y no en San José.
El Vin Diesel y la Elsa Pataky, acompañados del otro armario –Dwayne ‘El Roca’ Jhonson–, fueron objetos del deseo (prismáticos, cámaras fotográficas, móviles y artilugios diversos), y se levantó la expectación que se considera normal en estos casos. Pero de ahí a calificar, como lo hizo La Opinión, al pueblo como el paralizado municipio tinerfeño, media un abismo y no hace justicia al recoleto enclave. Lo mismo el periodista en cuestión es uno más de los que vienen a Las Aguas a mandarse el arroz caldoso y tiene que hacer cola. Si así pretenden incrementar las ventas de ejemplares, arreglados van.
Me soplan que la película se va a titular A todo gas 6. No sé si es por lo de la sexta entrega o porque hay un combustible así denominado. Mis excusas, pero es que no soy fan de ese tipo de films en el que hay trescientos accidentes, cuatrocientos estampidos, dos millones de peleas (añadan ustedes las balas, las armas, los tanques, los helicópteros –el de Paulino no–) y resulta que acaba siempre el fulano con un par de rasguños y mas tieso que un pescado congelado.
Me llama la atención el que haya tanta acción con ese apellido. Imagínate tú que fuese gasoline. Porque desde siempre se ha dicho que los vehículos de gasoil, aparte de más lentos, tardan mucho en calentarse (entiéndeme, en coger la velocidad de crucero). Mira si va a tener razón el viejito cuando le espetó a cierto culturista que mucha pólvora y poca mecha. Pero, bromas aparte, vayan mis más sinceras felicitaciones al pueblo ramblero por esta ventana al mundo que se le ha abierto.
También en el seno del PSOE se sigue con otro guion cinematográfico. Ya no le quedan enanos por crecer. Andaluces y valencianos piden a Rubalcaba otro estilo de oposición. Es necesaria, alegan, una respuesta federal más ágil. Repito, recalco, reitero: demandan del secretario general mayor agilidad (presteza, rapidez, velocidad, ligereza, vivacidad). Como si Alfredo estuviera ahora en la edad en que practicaba el atletismo. Es de risa. Si este no fuera un blog serio, lo mismo escribiría para descojonarse, pero me contengo.
El grado de patetismo puede elevarse al rango de catástrofe nacional tras las elecciones de Galicia, País Vasco y Cataluña. Cuando concluya el proceso de las catalanas, lo mismo ya está convocado otro congreso que tenga por finalidad la caza y captura de un mirlo blanco (o mirla blanca). Mientras, los misterios de dolor laceran  las voluntades de sus bases. Penoso. Un calvario.
Como lo es también, puede que más, los llamados continuos de los representantes de los muchos chiringuitos, surgidos casi todos de escisiones de las filas socialistas, a la unidad de acción, a la reunificación de las izquierdas (plural que ratifica que cada cual se cree la divinidad). Al tiempo, la extrema derecha que nos gobierna se frota las manos y esboza sonrisas, cuando no se carcajea abiertamente. Si este blog no fuera serio, lo mismo escribiría que se descojona, pero me vuelvo a contener. Estoy ya astringido perdido.
Sean moderadamente felices y si llueve, no se mojen. Que hay una media epidemia de tos ferina. Que se lo pregunten a mi nieto.

01/02/2011

De gira

El pasado domingo nos fuimos mi mujer y yo de gira (excursión o viaje de una o varias personas por distintos lugares, con vuelta al punto de partida). Te la cuento:
Arrancamos el fotingo a eso de las diez de la mañana, o, como diría mi madre, (q.e.p.d.) “próximo a las diez”. Como por razones familiares las visitas al HUC se suceden con bastante frecuencia, esta vez tiré p´al otro lado, dirección a la Isla Baja. La lluvia, en determinados momentos con una inusitada virulencia, nos persiguió durante casi todo el recorrido. Una vez accedí a la autovía del Norte, las cascadas y saltos de agua ponían una nota pintoresca, aunque al personal de mantenimiento de carreteras les traiga en jaque tanta tormenta seguida. Las fotografías que inserto en la presentación del final te pueden ir dando debida cuenta del paseo. A la altura de El Rosario y Las Aguas, ¡madre mía del Rosario, cuánta agua! Y todita se perdía ladera abajo hacia la mar océana. Wladimiro sabrá. Lo mismo estaba arriba en San José platicando con Manolo y observando los chorros que bajaban por El Mazapé. Te puedes imaginar que cada vez que me bajaba, cámara en ristre, alcanzaba una ensopada de mucho cuidado.
Allá por donde construyen el hospital del Norte, ya en Icod, al mirar la carretera de acceso al mismo, volví a pensar que con estas curvas y entre la sirena de la ambulancia y la considerable velocidad, el pobre enfermo o se pone bueno del todo o acaba por echar la buchada. Aquel laberinto terminará por marear al propio conductor. Nada digamos del acompañante. Propongo al Cabildo que dote a los vehículos de buenos asideros (traduzco a los más autóctonos: agarraderas).
Los imponentes riscos del costado sur de Los Silos estaban asimismo bien surtidos de increíbles y copiosos manantiales. Arriba, a buen seguro que Tierra del Trigo se había tornado en ‘Tierra del Agua’, a tenor de las muchas pipas que saltaban en piruetas asombrosas. Tengo un par de fotografías, pero son de tan mala calidad que han quedado escondidas en el lugar más recóndito del disco duro. Ya en Buenavista le mandaba con ganas. Y toda la carretera por El Palmar hacia Masca estaba linda. Al fondo se recortaba la costa gomera de Playa Santiago, con la lomada de Tecina haciendo guiños ante el intento de aparición del astro rey. De ahí ese precioso arco iris que puedes contemplar. Ni que decir tiene que la presencia de turistas en el núcleo buenavistero, ponía el oportuno colorido por los alrededores de la iglesia masquera.
Estimaba yo que podía haber desprendimientos en la subida hacia Santiago del Teide, pero no. Eso sí, el número de coches en ambos sentidos era harto significativo. Con guiris al volante que, acostumbrados a excelentes autopistas allende los mares, transitaban con grandes dificultades.
En Santiago, el cortadito de rigor y la obligada visita a cierto lugar reservado en el que uno deja, normalmente, el producto de la actividad renal. Y el frío que hacía acto de presencia, porque esta población se las trae. Recuerdo una actuación (cuando uno militaba en cierto grupo folclórico, que no partido político) en Arguayo, en la que casi los dedos, ateridos y marchitos, no atinan a encontrar las pobres cuerdas del laúd.
Por Las Manchas, los almendros en flor. Pero esta año no me convencieron tanto como el pasado. Puede que el día no acompañara y el contraste del cielo azul en jornadas más placenteras brillaba por su ausencia. No obstante, tienes unas cuantas de muestra.
Arguayo, Chío, Guía de Isora y subí hasta Adeje por Los Olivos. Bajar de nuevo a la autopista y desviarme hacia Arona, no sin antes transitar por La Camella rememorando andanzas pretéritas de cuando mi hija vivía por aquellos contornos. Y desde Arona, tomar hacia Vilaflor por La Escalona. La temperatura, obviamente, desciende considerablemente a medida que asciendes hacia el pueblo más alto, eso dicen, de España (perdón, don José). Otras instantáneas en el Pino Gordo, cuyos aledaños ya han sido adquiridos por el Cabildo tinerfeño.
¿Y no comes?, se estarán preguntando a estas alturas de la excursión. Sí, llevábamos nuestra cesta con las viandas y el termo con el café con leche bien caliente. ¿Dónde? En Las Lajas. La sinfonía de gotas con que los pinos nos deleitaban a los pocos atrevidos, se mezclaba con el trinar de los pájaros que se acurrucaban entre las ramas. Ni siquiera los pájaros carpinteros nos distraían con su peculiar taca, taca. La temperatura rondaba los seis o siete grados, no más. Y en esas condiciones los hombres solemos tener inconvenientes añadidos al ir al cuarto de baño. No, detalles no.
A la altura de Boca Tauce volvió a hacer acto de presencia la niebla. Así que atravesar el Llano de Ucanca, Los Azulejos, la zona del Parador y Los Roques, amén de la lentitud por los curiosos que aparcan donde les venga en gana, bien poco se podía divisar, aunque las laderas de Guajara mostraban un generoso manto blanco. Afortunadamente no estaba cortada la vía al tráfico en el teleférico, como se nos había señalado en Vilaflor, así que pudimos seguir sin mayores contratiempos hacia El Portillo. Y menos mal que las autoridades habían aconsejado no subir por el fenómeno meteorológico adverso de la lluvia, que si no. Y todo una odisea el tramo desde El Portillo hasta unos kilómetros más adelante del cruce de Izaña, en dirección hacia La Esperanza. En estas situaciones uno se percata de lo civilizados que somos y de las cantidades industriales de algo denominado educación cívica que portamos en todo tipo de aglomeraciones. Evito mayores comentarios porque me imagino que el que más y el que menos también los habrá tenido que soportar, pero el encontrarte un vehículo parado en mitad de la calzada porque algún pasajero se ha bajado para montar su muñequito de nieve en el capó, es de lo más normal. No entendí el aviso de que se subía por esta carretera por la que yo descendía y se bajaba por la de La Orotava, porque eso no sucedía en esa tarde dominguera.
La niebla y la lluvia nos acompañaron hasta Los Rodeos, que estaba claro, qué raro. Luego, nueva recalada en el hospital, pateada suave por La Cuesta y retorno al hogar, dulce hogar. Y la rutina, que si el Tenerife empató, que si el Madrid le puso a huevo la liga al Barcelona, en clave de ja, estudio estadio, todo goles, inundaciones en Las Palmas, la presa de Soria (estará más inflado que nunca) a reventar…
Hasta mañana.