Mira, Felipe –lo de estimado ya no me sale, el teclado se ha
negado–, si la ley electoral no ha cambiado en estos últimos días, o no me he
enterado por estar atendiendo otros menesteres más acuciantes, viene a resultar
que yo tampoco lo votaré. Porque en mi circunscripción electoral (provincia de
Santa Cruz de Tenerife) la candidatura socialista contendrá una lista con otros
nombres. Y como tú debes poseer diversas propiedades merced a esos cargos a los
que accediste cuando abandonaste La Moncloa, como otros tantos, por aquello de
las puertas giratorias (contrarias a tu parecer cuando vestías con la chaqueta
de pana), ignoro dónde estás censado. Pues si continúas en tu Sevilla natal, a
buen seguro que Sánchez no va a encabezar la plancha andaluza. Y de estarlo en
la República Dominicana o Marruecos, ya me dirás. Si es en Madrid, tienes otras
opciones más en consonancia con tus delirios.
Tú eres muy libre de hacer lo que te venga en gana. Y de
opinar como mejor creas oportuno. Pero hace bastante tiempo que debías de haber
abandonado el barco del PSOE. Con valentía, lanzándote por la borda y no estar
de manera permanente (machacona) jodiendo la pavana. Porque tú no eres
socialista ni nada parecido. Eres un burgués adinerado que flaco servicio
prestas al partido. O mejor, pareces un infiltrado. Lo tuyo es bailar el chotis
con Ayuso si el reuma te lo permite. Hasta puede que podamos equipararte con el
de las dos tallas menos (al parecer de un tal Federico) en tus nuevas visiones
del país. De aquellos avatares, proclamas y decires de tus inicios no queda ni
la más mínima sombra. Tu metamorfosis sobrepasa con creces la de cualquier
insecto, anfibio, molusco, crustáceo o equinodermo. Adelantaste a Kafka por la
derecha y superado, con creces, los mitos de Ovidio.
Puedes llevarte contigo a García Page. Que más que mosca
cojonera emula al Guadiana. Lo mismo se pasa una temporada (corta, eso sí)
desaparecido y luego le vienen los arrebatos. Se cree superior y tengo unas
ganas locas de que se presente sin el respaldo de las siglas del partido
detrás. Como ha habido ya muchos ejemplos en la historia de la formación con
éxitos tan notables que se esfumaron (disolvieron) cual terrones de azúcar. Da
la impresión de que aprovechan que la cosa está fastidiada a cualquier nivel
para echar más leña al fuego. De salvadores estamos hasta las narices, por no
decir, o escribir, otra parte del organismo humano.
Menos mal que hay un electorado que es menos veleta que
algunos, o bastantes, dirigentes. Y se queda en casa, como mal menor. Que no le
dora la píldora a la derecha extrema y a la extrema derecha. Que tanto monta. Y
que solo está necesitada de que los comportamientos y actitudes retomen el
cauce para volver a las urnas sin tanto desencanto. Que vuelva a ver
ejemplaridad y no luchas intestinas. Que ya tenemos los parlamentos para tales
circos.
Miren, uno podrá ser muy crítico. Pero el corazoncito
siempre esté ahí debajo latiendo. Y no escribo alma porque no tengo el cacumen
para disquisiciones religiosas. Y sintió –como con cualquier otro enfermo
terminal– que Lambán acabara su existencia terrenal de manera tan cruel. Pero
no fue su conducta, con respecto al PSOE, en los últimos años la más
agradecida. También por su animadversión a Sánchez. Y, hasta donde yo sé, las
puertas de la militancia siempre están abiertas. Para entrar, pero, asimismo,
para salir. Y aquel que no se encuentra a gusto, o cómodo, libre es para coger
el camino contrario. Pero quedarse para hacer daño a conciencia es, como poco,
reprobable.
La discrepancia –también la mía– no constituye una falta de
respeto. Es una buena manera de enriquecimiento, siempre que los cauces sean
los adecuados y pertinentes. Pero cuando el peligro de un asalto (¿con bomba
atómica?) a las instituciones por parte de unos posibles dirigentes, que no se
cortan un pelo en proclamar a los cuatro vientos cuál va a ser su programa de
gobierno, aquellos que nacimos cuando el ferrolano aún no había estirado la
pata observamos cómo la piel se nos eriza.
Temblando estoy. Hasta la próxima, si me dejan. Que sí,
gilipollas, que no es una figura retórica. Tú no sabes nada de lo que
significaba la llegada del dueño de la finca. Imagínate a una escala superior.
¿Y crees que contándote esa (mi) historia no vas a estar condenado a repetirla?
No seas pollaboba. Con todos mis respetos.

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