domingo, febrero 15, 2026

Hay que saber envejecer

Leer es saludable, dicen. Depende, digo. Porque entre redes, trasmallos, nasas y periódicos al uso, unos potajes existenciales de padre y muy señor mío. Me entero –y no sé si hice bien– que el señor vicepresidente del Gobierno de Canarias lleva un año estudiando cómo hacer para que la cesta de la compra se abarate. Al ritmo que va –sin prisas y con pausas– cuando llegue el momento de dar con la tecla, el clásico plato de papas y huevos fritos ni siquiera aparecerá en la carta de los restaurantes que ofrecen menú diario porque se habrá convertido en artículo de lujo. Pero si es verdad que nuestro paisano se puso a trabajar, déjenlo, que lo mismo atina. En dos décadas tiempo ha tenido, pero ya saben que el ritmo político no sincroniza con el del almanaque.

Como ya nos hemos sumergido en la vorágine carnavalera, me preocupa sobremanera que un parking santacrucero se halle con algún que otro puntal. Y no de lucha canaria, sino de aquellos que se colocan en los edificios que puedan tener algún problema estructural. ¿Se imaginan que ocurra el más mínimo percance cuando se esté celebrando uno de los tantos mogollones? Uno de los que baten récord de asistencia cada año. De verdad, yo no dormiría tranquilo. Y en Diario de Avisos algo al respecto leí. Espero y deseo que les ocurra como con sus predicciones meteorológicas, que exageran un montón y no aciertan nunca. Menos mal.

Y ya que me disfracé, lo de “haz lo que te salga del pito” no creo que sea el lema más adecuado para la sana diversión. Ahora bien, si se trata de una invitación a mucho más que lo de mear en cualquier esquina, objetivo conseguido. Me debe estar pasando lo de Felipe González: los años. Y deberé recurrir al consejo de Elvira Lindo: hay que saber envejecer. Sostiene que se debe enfocar esta última etapa de la vida con grandes dosis de ironía. Por ahí voy enfocado. No solo no la he perdido sino que me da que se va incrementando con el paso de los días. Y cuando me siento a garabatear cuatro párrafos, paso del dicho al hecho de manera automática.

La madre literaria de Manolito Gafotas señalaba, ante la última de Felipe, que se le nota desabrido y malhumorado. Vamos, de mala leche, para entendernos. Porque se queda corta en sus apreciaciones. Puede que por ser quien fue, ya que ahora no es nadie. Y cada vez que abre la boca no se ahoga porque la Virgen del Rocío debe estar echándole una mano.

No, Felipe, así no. Si estás descontento, disgustado, enojado, cabreado, incluso resentido, hay otras maneras. La más sencilla el seguir viviendo de las rentas, que son notorias, o apuntarte a otro club. Que a buen seguro te acogerán con los brazos abiertos. Hay, verbigracia, una fundación, sin ánimo de lucro (eso dicen sus estatutos aunque es de muy dudoso creer), dedicada al análisis y los estudios sociales. Su presidente te hará un hueco de honor. Dicen las malas lenguas (en la tele esa en la que un tal Figaredo, sobrino de otro liviano apellidado Rato, quiere entrar con una bomba atómica) que es una sucursal del PP, pero esa nimiedad no te va a importar demasiado. Incluso tendrás la oportunidad de ir con él a visitar al emérito (manda trillos) en uno de esos lugares donde hay yates y el dinero corre que da gusto. O sea, que te vas a encontrar en tu ambiente.

¡Ah!, como ayer se celebró el día de los enamorados –lo pongo en minúscula no sea que se encoja y me deje en ridículo– y un 14 de febrero, pero de 1980, tuvo lugar la presentación en público de la Agrupación Folclórica de Higa (San Jerónimo en aquel entonces), debemos felicitar al colectivo por su 46º cumpleaños. Esto de los grupos es como el pasacatre (dos pasos pa´lante, dos pasos pa´tras), altibajos, parabienes, sinsabores, alegrías, pero continúan bregando. Que sea por otros tantos, como mínimo. 

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