Y surge este comentario a raíz de una de las tantas lecturas
diarias relacionadas con los medios de comunicación. Un defecto, casi
congénito, que me acompañará in sæcula
sæculorum. Así, el director de El Periódico, y director
general de Contenidos de Prensa Ibérica, Albert Sáez, ha reivindicado el
periodismo como el mejor revulsivo para combatir la desinformación y ganarse la
confianza y la fidelidad de los lectores para así evitar que caigan en las
redes del populismo y los pseudomedios.
Y abunda: "El periodismo es más necesario que nunca
porque forma parte de un conjunto de instituciones que surgieron con la Ilustración
que hay que defender frente al totalitarismo y las formas de destrucción de la
democracia".
Bien, completamente de acuerdo. Es de manual. La teoría, en
el papel, funciona. El camino, meridianamente claro. Pero en la práctica,
¿tenemos mecanismos para corregir desviaciones? ¿Son conscientes los que se
dedican a tan noble oficio del papel encomendado? ¿Procuran las empresas
editoriales apostar por la seriedad y contrapeso entre ambos platillos de la
balanza o se deben a intereses más espurios? Y el periodista, ¿cuándo va a ser
capaz de asumir su verdadero rol?
Prosigue el señor Sáez: "Si solo explicamos las cosas
que funcionan mal, la gente piensa que el mundo es un desastre y que vivimos
mucho peor que hace 30 años. En ese caldo de cultivo, llegan los populistas y
construyen el discurso de que con Franco vivíamos mejor”. Efectivamente, y
entre todos estamos aportando granos de arena para que la montaña crezca. Tanto
que, concretemos, en nuestro particular caso del solar patrio. Ahí tenemos a
Santiago Abascal, con purgas permanentes hacia todo lo que pueda hacerle
sombra, y cuyas acciones no merman un ápice de su expansión, sino que, al contrario,
sigue incrementando el número de adeptos con ese discurso etéreo de decir lo
que a la gente le encanta escuchar. Pero sin concreción alguna, porque sus
amagos de pactos deben ser rotos al percatarse de la completa inutilidad de sus
fantasiosos postulados. Aunque cuenta con la indudable ventaja de la desmemoria
colectiva.
Y "no sirve expulsarlos del debate alegando que son
fascistas porque muchos de los problemas que señalan son aquellos de los que
nos da pereza hablar", asegura el director de El Periódico. Un desafío muy
complicado en estos tiempos de "gran convulsión", que Sáez ha
atribuido sobre todo al presidente de EEUU, Donald Trump. "La persona que
dirige el gobierno más importante del mundo no respeta las reglas. No es un
empresario, es un subastero". Vuelvo a concederle el crédito pertinente.
¿Pero se combate dicha sinrazón? ¿Qué mecanismos ponemos en marcha para
desencantar los ilusionismos? Porque si la supuesta preparada y estudiada
juventud cae en las redes del populismo, no atisbo que se inyecten vacunas
contra tales virus. Y como no demos con el antígeno, cuán largo me lo fiais,
amigo Sancho. ¡Ah!, lo del gobierno más importante del mundo… pongámoslo en
cuarentena.
Concluye: “La prensa local resiste mejor que la prensa
generalista porque tiene más vínculo con los lectores, que sienten más suyos a
los diarios porque les hablan de lo que pasa a su alrededor sin aires de
grandeza. Los diarios defienden los intereses de sus territorios más allá de
partidos e intereses porque hablan directamente con los ciudadanos". Sí, y
no. Matices haylos. Los tentáculos partidarios y, sobre todo, económicos causan
verdaderos estragos. Por lo que las derivas a deslizarse por peligrosas
pendientes se acrecientan. Ya nadie quiere hablar de objetividad, neutralidad,
imparcialidad, rectitud… O como abogaba don Domingo, el de La Hoya, la
ecuanimidad. ¿Por qué?

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