lunes, abril 20, 2026

Adivina, adivinanza

Me sentía raro cuando puse mis posaderas en la silla para teclear un rato. Como hago casi todos los días desde que don Andrés Carballo me enseñó a garabatear unas letras. Aunque de manera más asidua, pongamos que cuatro décadas. En todo tipo de soportes: tradicionales y ahora más sofisticados. Deben contarse por miles los artículos o comentarios paridos por un magín gorvoranero. Hay, entiendo, cúmulo suficiente para varias publicaciones en formato libro. Pero tal hecho cuesta dinero. Mucho. Y como uno cuenta verdades –que duelen a los apoltronados– tiene las puertas cerradas (herméticas) a subvenciones de caudales públicos. Que también son míos, pero administrados por otros. Y tampoco estoy en edad de mendigar unos cientos de euros. Minucias si se comparan con sueldos de ediles y cohorte de liberados varios en todas las instituciones.

Me levanté con ganas de contar una adivinanza. Que no es la que tiene el rey en la panza. El emérito o el otro, me da lo mismo. Pero como nunca he soportado el engreimiento de quienes pretenden echarse aquello excediendo las dimensiones del orificio de salida, juguemos, si les apetece, con dichos, refranes y dardos verbales. Eso sí, para gente inteligente, como lo son, si duda alguna, todos aquellos que osan alongarse a Pepillo y Juanillo. Como lo hicieron antes en los otros blogs o en los periódicos de esta isla en años idos para siempre.

Yo lanzo directas y tú retratas. A buen seguro que surgirán decenas de fotografías. Porque estoy convencido de que podremos colegir que en la política actual, salvo las excepciones de rigor, prima la insustancialidad y se echa en falta la agudeza. No es que estemos regidos por analfabetos a la antigua usanza, pero diera la impresión de que los estudios universitarios, o de otra índole, no han causado mella en la testuz de los iluminados. Y no creo que haya sido por obra y gracia del Espíritu Santo.

¿Pego? Pegamos:

Inconsistencia. Hojarasca. Epidermis de conjunto vacío. Fachada. Vacuidad. Presuntuosidad. Vanagloria a la enésima. Mercadotecnia barata. Prestidigitación. Juegos malabares. Payaso sin circo. Exprimir un ladrillo. Bonete con borla a muchos necios adorna. De necios y aprovechados están llenos los estrados. Los necios y los salmones siempre nadan contracorriente. No hay necio a quien no admiren otros necios. Si los necios volaran, no veríamos el cielo. Solo necios y tontos tiran piedras a su tejado. Tan necios los hay con letras como sin ellas. El que no tiene cabeza, al menos que tenga pies.

No le pidamos peras al (t)olmo. Hay quien da más de no porque jamás podrá dar más de sí. Como el alcalde Fuenlabrada que vendió el caballo para comprarle cebada. El hábito no hace al monje. Crea fama y acuéstate a dormir. Del dicho al hecho, hay mucho trecho. Mucho ruido y pocas nueces. Si te he visto, no me acuerdo. Para muestra, un botón. Mucho donaire, causa desaire. Por la boca muere el pez. Decir refranes, es decir verdades. No es oro todo lo que reluce. Unos tienen la fama y otros cardan la lana. La voz del culo no tiene remedio ni disimulo. Cada día que amanece, el número de tontos crece. El que sabe, sabe; y el que no, es jefe. Así sucede en la vida: cuando son los caballos que trabajaron, es el cochero el que recibe la propina. Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona. El necio es atrevido y el sabio, comedido. Por agarrar una silla, el político promete villas y Castilla. En Madrid, como en Linares, veinte mulas son diez pares. No hay mal que cien años dure. Camarón que se duerme se lo lleva la corriente. Cría cuervos y te sacarán los ojos. Zapatero, a tus zapatos.

Hay quien nace con suerte. Unos hijos y otros entenados, se decía. Algunos, no pocos, con dos o tres panes bajo el brazo. Y como todos no somos iguales, ni siquiera ante la ley, medran (trepan) los oportunistas, los que se embadurnan con la pátina de la hipocresía. Como no planifican, sus erráticas derivas repercuten, inexorablemente, en el día a día de quienes intentamos salir adelante en la constante y diaria carrera de obstáculos.

Como procuro estar informado del acontecer político –me doy mis buenos atracones– he dado visibilidad (revelar) a varias imágenes en la placa o película fotográfica. ¿Y tú? No te cortes, retrata, retrata.

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