Me levanté con ganas de contar una adivinanza. Que no es la
que tiene el rey en la panza. El emérito o el otro, me da lo mismo. Pero como
nunca he soportado el engreimiento de quienes pretenden echarse aquello
excediendo las dimensiones del orificio de salida, juguemos, si les apetece,
con dichos, refranes y dardos verbales. Eso sí, para gente inteligente, como lo
son, si duda alguna, todos aquellos que osan alongarse a Pepillo y Juanillo.
Como lo hicieron antes en los otros blogs o en los periódicos de esta isla en
años idos para siempre.
Yo lanzo directas y tú retratas. A buen seguro que surgirán
decenas de fotografías. Porque estoy convencido de que podremos colegir que en
la política actual, salvo las excepciones de rigor, prima la insustancialidad y
se echa en falta la agudeza. No es que estemos regidos por analfabetos a la
antigua usanza, pero diera la impresión de que los estudios universitarios, o de
otra índole, no han causado mella en la testuz de los iluminados. Y no creo que
haya sido por obra y gracia del Espíritu Santo.
¿Pego? Pegamos:
Inconsistencia. Hojarasca. Epidermis de conjunto vacío.
Fachada. Vacuidad. Presuntuosidad. Vanagloria a la enésima. Mercadotecnia
barata. Prestidigitación. Juegos malabares. Payaso sin circo. Exprimir un
ladrillo. Bonete con borla a muchos necios adorna. De necios y aprovechados
están llenos los estrados. Los necios y los salmones siempre nadan
contracorriente. No hay necio a quien no admiren otros necios. Si los necios
volaran, no veríamos el cielo. Solo necios y tontos tiran piedras a su tejado.
Tan necios los hay con letras como sin ellas. El que no tiene cabeza, al menos
que tenga pies.
No le pidamos peras al (t)olmo. Hay quien da más de no
porque jamás podrá dar más de sí. Como el alcalde Fuenlabrada que vendió el
caballo para comprarle cebada. El hábito no hace al monje. Crea fama y
acuéstate a dormir. Del dicho al hecho, hay mucho trecho. Mucho ruido y pocas
nueces. Si te he visto, no me acuerdo. Para muestra, un botón. Mucho donaire,
causa desaire. Por la boca muere el pez. Decir refranes, es decir verdades. No
es oro todo lo que reluce. Unos tienen la fama y otros cardan la lana. La voz
del culo no tiene remedio ni disimulo. Cada día que amanece, el número de
tontos crece. El que sabe, sabe; y el que no, es jefe. Así sucede en la vida:
cuando son los caballos que trabajaron, es el cochero el que recibe la propina.
Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. El ignorante afirma, el sabio
duda y reflexiona. El necio es atrevido y el sabio, comedido. Por agarrar una
silla, el político promete villas y Castilla. En Madrid, como en Linares,
veinte mulas son diez pares. No hay mal que cien años dure. Camarón que se duerme
se lo lleva la corriente. Cría cuervos y te sacarán los ojos. Zapatero, a tus
zapatos.
Hay quien nace con suerte. Unos hijos y otros entenados, se
decía. Algunos, no pocos, con dos o tres panes bajo el brazo. Y como todos no
somos iguales, ni siquiera ante la ley, medran (trepan) los oportunistas, los
que se embadurnan con la pátina de la hipocresía. Como no planifican, sus erráticas
derivas repercuten, inexorablemente, en el día a día de quienes intentamos
salir adelante en la constante y diaria carrera de obstáculos.
Como procuro estar informado del acontecer político –me doy
mis buenos atracones– he dado visibilidad (revelar) a varias imágenes en la
placa o película fotográfica. ¿Y tú? No te cortes, retrata, retrata.

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