sábado, abril 18, 2026

In dubio pro reo

Sigue dando que hablar, y escribir, la sentencia del Tribunal Supremo que condenó a Álvaro García Ortiz, quien fue fiscal general del Estado entre 2022 y 2025. Y como ocurre siempre ante cualquier sentencia, la disparidad de opiniones pone de manifiesto la trascendencia de la misma. Las unas a favor de la condena y las otras a contrario sensu. Ha sido recurrida, como muy saben todos, ante el Tribunal Constitucional con el argumento de haberse violado, presuntamente, varios derechos fundamentales.

Parece conveniente repasar que el artículo 11.1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos dispone que toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la Ley y en un juicio público en el que se hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.

De otra parte, el principio in dubio pro reo es un pilar del derecho penal que protege al acusado frente a condenas injustas. Su esencia es que si existen dudas razonables sobre la culpabilidad de una persona, estas deben resolverse a favor del acusado, garantizando que nadie sea condenado sin pruebas claras y contundentes. Se traduce literalmente del latín como "ante la duda, a favor del reo" y se aplica principalmente en la fase de deliberación de un juicio penal.

El in dubio pro reo es fundamental para: a) Prevenir condenas erróneas y proteger a los inocentes. b) Limitar abusos de autoridad y garantizar un juicio justo. c) Asegurar que las decisiones judiciales se basen en pruebas sólidas y no en conjeturas.

En resumen, este principio refleja un compromiso con la justicia y los derechos humanos, priorizando la protección del acusado frente a la posibilidad de error judicial.

Estas consideraciones esbozadas a vuelapluma son de dominio público y basta con acudir a ‘San Google’ para presumir de amplios fundamentos jurídicos. Pero como la condena a García Ortiz sigue levantando ampollas y pone en tela de juicio –nunca mejor dicho– si los cinco magistrados del tribunal actuaron de buena fe o se dejaron llevar por obcecaciones carentes de base, no deberíamos tomar a la ligera que el secreto profesional (periodístico), recogido como precepto constitucional (artículo 20) no es mera cuestión baladí.

Varios periodistas citados como testigos (con promesa o juramento de decir la verdad antes de testificar) aseveraron que el contenido del mensaje supuestamente filtrado por García Ortiz (no olvidemos que estaban detrás del mismo la pareja de la presidenta madrileña y su jefe de gabinete) se hallaba con anterioridad en posesión de varios medios de comunicación. Por lo que difícilmente se puede revelar un secreto ya conocido.

Y si el tribunal no ha tenido en consideración estas declaraciones, atreviéndose incluso a insinuar la posibilidad de que hayan mentido los periodistas amparados en su derecho a no desvelar sus fuentes, me extraña que, de manera inmediata, no se abriera causa contra los mismos acusados del delito de falso testimonio. Es más, si el fallo del Tribunal Constitucional revocase la sentencia aludida por vulneración de derechos fundamentales, ¿serían puestos los cinco magistrados a disposición de la justicia para ser encausados por tamaña aberración?

Cuando el poder judicial se aleja de lo que dicta el sentido común por sesgos políticos más que evidentes, flaco favor se está haciendo para que la credibilidad en uno de los pilares fundamentales del Estado social y democrático de Derecho (artículo 1 de la CE) no se tambalee.

Saben que tengo de jurista lo mismo que de obispo de la diócesis nivariense. Pero no me sigue gustando el caminar de la perrita. Cuando los jueces, como otros tantos encumbrados de diferentes profesiones, también la periodística, se erigen en protagonistas, cuando su misión es la de ser notarios, muy mal asunto. El tener que recurrir a lo de que hay que echarles de comer aparte, es muestra inequívoca de que algo, o mucho, no funciona, de que el motor anda gripado y es menester revisión total de componentes esenciales. Amén de un cambio de fluidos para que los engranajes cumplan la función encomendada.

Disfruten del fin de semana y no se metan en líos sin necesidad. Hasta la próxima.

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