lunes, abril 06, 2026

Las cosas de doña Blanca

He dejado pasar unos días. Reflexioné durante la pasada semana (santa, que la mentan). No estuve de procesiones porque uno camina en otros momentos y de manera diferente, no tan pausada ni con redobles de tambor. Mis ejercicios espirituales son de andar por casa. Tampoco me di golpes en el pecho ni recé oración alguna. A mi edad ya me preservo de no castigar esta anatomía septuagenaria. Para que los traumatólogos no tengan trabajo extra con alguna costilla desfondada. Hay que cuidarse de las enfermedades del alma…naque.

Ya los doy por enterados de que a doña Blanca Pérez, consejera de Medio Natural del Cabildo de Tenerife, se le ocurrió invitar a una reunión (luego se escudó en el Director Insular de Emergencias, que debió asumir el marrón), en pleno auge de Therese, a uno que se dice influencer. Cuyo nombre omito porque para darle publicidad ya tiene suficientes amigos en el Cecopin (Centro de Coordinación Operativa Insular). Pues no hace falta ser muy estudiado para echarse las manos a la cabeza ante semejante desfachatez. Y no lo expreso solamente por el amarillismo (tirando a canelo) de las publicaciones del precitado sujeto, sino por la supina ignorancia de un cargo público al permitir la retransmisión en directo, y durante algo más de dos horas, de la toma de decisiones en un órgano que debe velar por la seguridad de todos los tinerfeños. Es decir, cuando primar la seriedad, amén de la enorme responsabilidad (¿me remonto al espectáculo de cuando la dana en Valencia y los catastróficos resultados?), se supone sea el leitmotiv de la reunión, la institución insular se lo toma en plan cachondeo y hace acto de presencia el sensacionalismo barato de quien tiene menos credibilidad que un billete de tres euros.

Debe poseer buenos padrinos, y madrinas, la consejera. Pues no solo se la apartó de sus responsabilidades cuando fue sorprendida conduciendo ebria años atrás, y condenada tras el juicio pertinente, sino que consigue más premios que yo reintegros en la primitiva. Y los quiere compartir, por lo que se observa, con sus admiradores. Que aprovechan la ocasión –en algo hay que entretenerse durante tan largo periodo de tiempo– entre riadas y ventoleras, par dar a conocer su próxima operación de caderas. ¿Se perdió la vergüenza, doña Blanca, o me permito dudar de si se ha tenido alguna vez?

Su jefa, doña Rosa, la de los 90 días, y que también se priva por publicidades y propagandas, tardando está en acudir a la facultad de periodismo para impartir una lección a los estudiantes allí matriculados e indicarles que están haciendo el payaso y perdiendo el tiempo. Porque que los jóvenes dediquen tremendos esfuerzos en su preparación académica, para verlos compensados con estos espectáculos, bien merece un par de nalgadas en salvasealaspartes de unos cargos públicos que, ni por asomo, están a la altura de la responsabilidad contraída tras el resultado electoral.

Me congratula que la Asociación de Periodistas de Tenerife (APT) haya denunciado el hecho que venimos comentando y censure abiertamente esta grave intromisión. Máxime cuando debe primar el rigor informativo (y no los cachanchanes de turno) en las sesiones de suma trascendencia. No solo por los trabajos desarrollados sino por la adopción de medidas ante las inclemencias meteorológicas. Pero las frivolidades de la señora Dávila Mamely (ya hubo otro influencer  haciendo de las suyas en Las Cañadas) rayan la irresponsabilidad más absoluta. Tanto que me atrevería a llamarla, de manera directa y clara, incompetente.

Admiro al alcalde que repite elección tras elección. Habrá entendido su pueblo que merece, una y otra vez, la confianza para a seguir en el cargo. Ejemplos tenemos unos cuantos en la isla. Pero me pone de muy mal humor (iba a escribir que se me engrifan los pelos, pero es completamente imposible por razones obvias de escaseces) el comprobar cómo existen especímenes que cada cuatro años pasan a ocupar un puesto diferente. Valen para un roto y para un descosido. La señora Dávila es un ejemplo bien significativo. Como también lo son Cristina Valido o Ana Oramas. O como ciertos concejales de mi pueblo que han ocupado diversidad de (ir)responsabilidades cual consumados entendidos. Deben –eso piensan– poseer superpoderes. Como en los cómics. Porque en la realidad son puras piltrafas acomodaticias. Con nefastas consecuencias, a tenor de… lo que está a la vista no necesita espejuelos. Daré un consejo a mis nietos para que no se coman el coco con la posible carrera a estudiar. Y si alguno optara por el periodismo, que se lo quite desde ya de la cabeza: marketing en la Universidad de Wyoming o influencer. Le bastaría con un móvil y un par de amiguetes.

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