Como ya estamos en modo electoral para ese inminente 2027,
se han iniciado los movimientos, no telúricos pero casi. Sobre todo en Gran
Canaria. A pesar de que los enjambres sísmicos se hallan bajo el suelo de Las
Cañadas. Y diera la impresión de que el Roque Nublo se ha puesto algo envidioso
porque los tambores de guerra retumban por barrancos y quebradas. A Teodoro Claret
Sosa Monzón se le ha quedado corto su Gáldar natal y anda el hombre de un
activo subido. Me da que lleva ya mucho tiempo montando chiringuitos por la
isla y no sé si le quedan minutos para atender sus ocupaciones de alcalde y de
consejero del Cabildo. Su Bloque Nacionalista Rural ya no es el vehículo adecuado
para sus pretensiones de ascenso en el escalafón político. Y tras romper el
acuerdo con Nueva Canarias, ha girado a la derecha en una curva que se me
antoja peligrosa, aparcándose en un aparente reducido espacio: el parking
privado de Coalición Canaria.
Es mi obligación recordarle que le puede pasar lo que al paisano
Domínguez. Es factible arrasar en las elecciones locales al ayuntamiento
respectivo y obtener un sonoro fracaso –aun encabezando candidaturas– en las
correspondientes al Cabildo o Parlamento autonómico. A los resultados de
elecciones anteriores me remito.
Pues sí, al ministro Torres lo tienen enfilado. Por algo
será. Le han dicho de todo y lo han puesto a la altura del betún. Después de
más de tres años de gobierno (CC-PP), tanto Fernando como Manolo siguen
escudándose, para justificar sus fracasos –con superávits– en lo mal que lo
hicieron aquellos que gobernaron en el denominado Pacto de las Flores. Sin
percatarse de que por ahí pasaba un tal Casimiro, también presidente de la
institución insular gomera, y que continúa con sus epístolas semanales para
señalarnos cómo su política pesebrista mantiene impertérrito el listón de los
tres imprescindibles. Qué trío.
Al final no sé si Onalia Bueno (lo de su apellido es de
chiste) se decantará por el uno o por el otro. Me da que por el otro, que de
emigración sabe más que el uno. Ya los veo cantando la noche de Arguineguín, en
versión que encumbrará a Néstor como antes nadie, a pesar de las infinitas
versiones, supo hacerlo. Aunque puede que todo su repertorio –y mira que es
prolífico– se quede corto para atender a las múltiples candidaturas que harán
acto de presencia allá por Tamarán.
“Me preocupan los temas de las islas si Vox asume un rol
protagonista”, manifestó, sin caérsele un pelo, el señor Cabello, portavoz
gubernamental. Con menudos lajas te vas a juntar, Teodoro. Si te toman como lo
hacen con nosotros (tontos de remate), te vas a arrepentir eternamente. Porque
alegar sentencias de tal guisa sabiendo que no han tenido recato alguno en
pactar con ellos cuando fue menester, manda huevos al estampido.
Me da que nos va a pasar como con las ayudas a los damnificados
de Venezuela. Cada cual quiere apuntarse el gol olímpico. Y acabaremos al igual
que en la erupción volcánica del Tajogaite. Fue tanto el guirigay de donaciones
que de aquellas montañas nunca más se supo. Mientras que allá las están pasando
canutas y lo que se necesita son medios económicos para poder levantar cabeza,
la televisión canaria también se suma al despropósito y envía unos intrépidos
reporteros –qué bueno es jugar con el dinero ajeno– para que el número de
mirones se incremente hasta el extremo de disputarse un metro cuadrado de
escombros donde situarse para el minuto de gloria, morbo incluido.
Como me gusta llevar la contraria, cuenta con mi voto, Ángel
Víctor, porque Canarias necesita otras miras. Lo malo es que deberás rodearte
en el supuesto de ganar los comicios y obtener más diputados que los otros. Y
no mucho donde escoger.
Dado que el ordenador me está dando problemas y lo mismo
deberé llevarlo al taller, aprovecho la ocasión para recordarle a los jueces
que los derechos no se heredan. Por algunos de ellos, mucho se ha luchado y
tras la conquista, a defenderlos. Y, por supuesto, respeto siempre, pero hay que
ganárselo; no es derecho divino. ¿Que los critican? No nos den pie.
¿Y del Mundial? No he visto ni un partido, pero… Muchos países
jugaron / este mundial futbolero, / porque primaba el dinero / y al negocio se
apuntaron. / Los bolsillos se llenaron / directivos, dirigentes, / pues todos
eran conscientes / de que el deporte actual / tiene un factor principal: / engordar
cuentas corrientes.

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