viernes, julio 10, 2026

A trabajar, gandules

Se nos acabaron los problemas. Tuvimos que esperar largo tiempo, pero la solución llegó hace unos días. Cuando te sientas mal de aquí en adelante (tengas el cuerpo esvaido, que decía cierta paisana) y necesites ir al médico para que te eche un vistazo, solo debes llamar a Fernando Clavijo; él se ha ofrecido para acompañarte a cualquier centro de salud y podrás comprobar que te atienden en un periquete. Fue su declaración solemne en la sede del Parlamento de Canarias. Creo que el mismísimo Teobaldo Power entonó uno de sus Cantos Canarios y acudió Benito Cabrera, timple en ristre, para deleitar a sus señorías con el himno autonómico y de postre el todas sobre el mismo mar. Las lágrimas del personal que trabaja en tan noble edificio llegaron al muelle de Ribera y casi hacen zozobrar al Bajamar Express. Enterado el Obispo, ordenó hacer repicar las campanas de todas las iglesias de la diócesis a ritmo de tajaraste, que se ofreció a cantar Puchi Méndez, y aprovechó la ocasión Rosa Dávila para elevar consulta pública por si era conveniente cambiar de fecha el Día de Tenerife. La pasarela del Padre Anchieta se retorció de gusto, el rector de la universidad lagunera reunió al claustro para deleitarnos con estribillos de isas y folías, y las guaguas de dos pisos pasearon a Chago Melián para poner la nota emotiva con su clásico Ave María. ¡Oh!, la ola de calor no fue un fenómeno meteorológico sino que se debió a los efluvios (miasmas deletéreos)…

No me extraña lo más mínimo que Paco Linares se haya olvidado de que es aún, y también, alcalde de La Orotava. Porque esa alegrías parlamentarias –y las intervenciones de Clavijo contribuyen a ello– han provocado tal dejación en el consistorio villero que –y válganos de ejemplo– en el polígono industrial-comercial de San Jerónimo la maleza se está comiendo las zonas de tránsito peatonal. Entra por la zona del naciente, donde está el monumento de la mano, de las vacas y de las gallinas, y las adelfas te botan de la acera. Y por el otro costado, me gustaría saber de dónde procede el lindo chorrito que luego baja por el barranquillo (barranco Salina, me sopla el Google Maps) que está por detrás de la funeraria Carrillo, al lado de Hiperdino. Abona una plantación de orejas de burro que se hallan frondosas que da gusto. Y luego dicen que la mierda no alimenta.

Por cierto, ya que Feijóo ha comenzado una cruzada para acabar con las bajas laborales reduciendo el sueldo a tanto gandul –son un cáncer, manifestó–, y ya que he comenzado estas líneas con las sesiones en Teobaldo Power (aunque me valen los otros autonómicos o los nacionales en Madrid), mucha mayor diligencia demando a quien pase lista para que, asimismo, se acometan las pertinentes reducciones en los emolumentos de sus señorías. Porque, y a las imágenes de cualquier retransmisión televisiva me remito, cuando intervienen los portavoces de los grupos minoritarios los sillones muestran muchas calvas, las ausencias son más que notorias. Y como en mi pueblo ya tuvimos a cierto cargo que estaba más fuera que dentro –el ausente, se le rebautizó– parece ser que es mal endémico porque el presidente nacional de su formación política es otro al que no le gusta demasiado calentar el culo. Pues que el descuento sea proporcional a la responsabilidad de cada cual. Aunque, me temo, que seremos primero los pensionistas los que nos veamos sometidos a tal control, pues no nos merecemos, ni por asomo, los euros que nos ingresan mensualmente.

Y ya puestos, de camino, métase mano, igualmente, a los jueces que dilatan la instrucción de sumarios mucho más allá de toda lógica razonable. Y cuando tomen decisiones incomprensibles, basadas en argumentos absurdos, extravagantes, estrafalarios, incoherentes… que sean obligados a matricularse en cursillos de buenas prácticas, suprimiéndoles los periodos vacacionales por ineptitud manifiesta.

“Es que otros se han fugado”. ¿Para qué estudiar Derecho? ¿Para qué legislar? Cada día que pasa me acuerdo más de aquellas disputas familiares cuando el que iba a sufrir el correctivo físico pertinente por tal o cual golfada, se escudaba acusando a todo el resto del clan, cuando no de todo el barrio entero, por haber cometido idéntica fechoría sin haber sufrido correctivo alguno. ¿Me sugieres, entonces, que lo de Peinado es cosa de chicos menudos?, me preguntarás. Rotundamente, sí, por no responderte que está como una cabra jarta de papeles. De no existir este corporativismo desmedido, este sujeto debería haber sido separado de su cargo y puesto de ayudante de Fernando Clavijo para que acompañe a los enfermos al centro de salud más próximo. Y de camino, a ser posible, que a él lo examine todo un grupo interdisciplinar, donde psiquiatras y psicólogos marquen la pauta. Chacho, ¿en manos de quiénes estamos?

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