miércoles, julio 08, 2026

Recuerdos de tiempos idos

Corría el mes de marzo del año 2001. Colaboraba entonces, con un comentario semanal, en un programa que dirigía José Manuel Martín en Radio Realejos. Y como uno no tiene dinero para publicar en formato libro al menos una selección de todo lo que se ha ido acumulando –incluyan los varios centenares de artículos periodísticos– debe conformarse con recordar algunos de vez en cuando. Ahora, en este blog; mañana, quién sabe dónde. Como este que transcribo:

«Hurgando en papeles viejos de las hemerotecas se encuentra uno con grandes sorpresas. Un maestro tacorontero, Manuel García Pérez, fecundo colaborador en periódicos de las primeras décadas del siglo XX, que se firmaba con el seudónimo de Tinguaro,  escribió en el periódico portuense El Teide, el día 9 de septiembre de 1908, un artículo titulado Los jazmines de una escuela. Del mismo rescato estas líneas:

Esta mañana, al despertar de un sueño interrumpido por las múltiples preocupaciones que embargan mi mente adulta, lo primero que apareció en el escenario de mis recuerdos fue unos jazmines que había en el patio de la escuela de mi pueblo.

Aquellos jazmines eran entonces el único reloj que allí se encontraba. Tanto el maestro como sus discípulos leíamos la hora en las flores de los jazmines. Pero solamente marcaba por la tarde. Cuando aquellas campanillitas de seda roja abrían sus delicados pliegues, que durante las horas de sol ocultaban cuidadosamente sus estambres, como si los rayos del astro rey amenazaran el germen de la reproducción guardado en el sagrario del pistilo, entonces era la hora de salir de la escuela, entonces un resplandor de libertad iluminaba nuestros semblantes...  

Del periódico profesional El Auxiliar, que se subtitulaba Periódico de Instrucción primaria y dirigido por D. Juan de la Puerta Canseco, otras muestras. Su primer número vio la luz el 12 de octubre de 1860. Fue periódico decenal, constaba de 8 páginas y pervivió, en tres épocas diferentes, hasta su número 455 (20 de mayo de 1899), es decir, casi cuarenta años. Y perdonen los radioyentes que me vuelva a centrar en el terreno educativo. Pero, a buen seguro, muchas de estas cosas se vienen repitiendo cuando han transcurrido más de ciento cuarenta años.

Para que la Instrucción primaria adquiera en Canarias la importancia que merece, es necesario que se presente á sus encargados un porvenir menos sombrío que el que hoy columbran; que no se les deprima con humillantes comparaciones, que, en fin, garantizándoles el esclusivo ejercicio de su ministerio, encuentren una justa remuneración á su trabajo y á sus desembolsos. (22-noviembre-1860, número 3)

Intimamente ligada la educacion del hogar con la Instrucción dada en la Escuela, no queda duda alguna de que los Padres deben ser los mas eficaces auxiliares de los Profesores de Instrucción primaria. Esta es una verdad tan conocida, que no debieramos ocuparnos de ella, si la esperiencia no nos demostrara que no siempre los jefes de familia están de acuerdo con los profesores. Por el contrario, á veces destruye el uno lo que el otro edifica á fuerza de cuidado y de perseverancia... (22-noviembre-1861, número 3, año II)

No nos cansaremos de repetirlo, el dia en que todos los padres comprendan la conveniencia que hay de visitar con asiduidad las aulas, y guardar al Profesor todas las consideraciones que se merece, ese dia la enseñanza pública habrá dado un gran paso y se habrá desterrado ese indiferentismo que mata toda buena aspiración y todo estímulo... (2-enero-1862, número 7)

Que la ignorancia es la fatal consejera de lo absurdo, lo anómalo y hasta lo criminal con desconsoladora frecuencia, nadie lo desconoce, así como tampoco nadie pone en duda que el desarrollo de todos los intereses del país depende del fomento de la instrucción. El Maestro de escuela, modestísimo funcionario que, á pesar de ser con dolorosa frecuencia el blanco donde ejercitan los que estiman agudezas de ingenio para mortificarle y escarnecerle, muchos seres extraviados por las nieblas de la perversión y el embrutecimiento, prepara el porvenir de las futuras generaciones, y necesita, por lo tanto, que le envuelva el público prestigio, que le rodeen las consideraciones de sus conciudadanos para que, auxiliado de la confianza que inspire en el seno de las familias, donde de tanto valor pueden ser sus saludables consejos, germinen y fructifiquen las semillas que deposite en el tierno corazón de la infancia... (16-octubre-1886, número 2)

No podemos menos que levantar nuestra humilde y desautorizada voz, para inclinar el ánimo de los encargados de vigilar el desarrollo de la primera enseñanza pública, á fin de que desplieguen ese celo, esa actividad, ese vigorismo tan necesarios y precisos, para que desaparezcan de una vez y para siempre jamás, señalados e injustificables abusos que tanto dañan aún á la instrucción primaria... (16-septiembre-1887, número 35)

Cierro los ojos y medito profundamente si el hurgar en papeles viejos ha valido la pena. Cuando concluyo que hace 140 años se luchaba por las mismas nobles causas, creo más firmemente en la enorme responsabilidad que pesa sobre nuestros hombros. Y la losa del tiempo no puede, en manera alguna, hacernos variar los planteamientos de siempre. Porque perderíamos el norte, nuestro norte. El 26 de noviembre de 1888, un artículo, también de El Auxiliar, titulado Las escuelas de adultos, indicaba: La primera enseñanza debe ser esencialmente educativa, debe tener un carácter integral. Y no había LOGSE. Ni siquiera ministerio propio, que como tal se constituyó en 1900.

Finalizo con una nueva cita reiterando mi solicitud de disculpas por tratar algo que me atañe directamente. Pero si vale de llamamiento a la sociedad para que cada sector se implique en esta labor, algo habré conseguido.

El Maestro ha de ser dulce en sus modales, y cuando hable con sus discípulos deberá usar el lenguaje y tomar el aire, no de autoridad severa, sino de quien ruega o persuade. Pero en el fondo ha de sentirse fuerte para sostener sus determinaciones, o no hará nada con buen éxito, especialmente si pretende ganarse el corazón de sus alumnos. (16-marzo-1887, número 17)

Añado que libertad no significa, no debe significar pérdida de autoridad. Y es más que probable que no hayamos sido capaces de hacerlo comprender a los jóvenes, que han creído que su autonomía no tiene límite alguno. Aunque hoy me haya extendido, creo que ha valido la pena. Ojalá que la reflexión les ocupe algunos minutos más en esta semana».

A la meditación anterior añadan 25 años más, los transcurridos desde aquel 2001. De los cuales unos buenos cuantos los he podido contemplar desde el otro lado de la barrera: la jubilación. Pero el contacto no se ha perdido. Primero, por razones familiares bien directas. Segundo, porque existe un trabajo amplísimo (Prensa y educación en el Norte de Tenerife entre la I y la II repúblicas, 1873-1931) que me permite establecer comparaciones entre años idos y un presente incierto.

Hace unos días alguien volvió a insinuarme el acudir a los organismos oficiales en busca de financiación. Convicciones éticas no me lo admiten en estos momentos. Me niego a participar en componendas. Si fueron capaces de argumentar que “si ella está presente, nosotros no acudiremos”, les devuelvo la moneda con “si ellos van a estar presentes, conmigo no cuenten; a costa mía, rotundamente no”. En mi hambre mando yo (título de una canción). La dignidad no se puede perder por treinta monedas (los euros que te van a conceder como magnánimo servicio). Por donde les quepa (título de otra canción). Y a perdonar porque hoy hubo más largueza.

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