domingo, julio 12, 2026

El revólver de Erdogan

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ha tenido la infeliz ocurrencia de regalarle un revólver, con los seis pertinentes cartuchos (al más puro estilo del Far West), a los líderes mundiales que se reunieron en su país en la última cumbre de la OTAN. ¿Se imaginan ustedes lo que habría pasado si en lugar de hacerle la entrega a Pedro Sánchez, todavía primer ministro del gobierno español por mucho que le acongoje al PP, hubiese sido el receptor del insignificante detalle el mismísimo Tellado? Sí, porque ya no me extrañaría lo más mínimo que, a la vista de los bandazos de Alberto, el cada vez más radical partido de la derecha cambiase de cabeza visible por un bocazas de más enjundia. Hasta dolor me produce el pensarlo. Porque si la lengua se le dispara –sus declaraciones en pleno incendio almeriense son un botón más de su abigarrado muestrario– hasta límites insospechados, imagínatelo  emulando a John Wayne.

Si a uno le revisan hasta los calzoncillos en los aeropuertos, ¿qué control pasaron los revólveres para salir de Ankara? Hace dos noches soñé cómo Trump jugaba con el obsequio en el Air Force One teniendo un retrato de Maduro enfrente. Los cuatro pelos que me quedan se me pusieron como tachas. O este mundo gira al revés o soy yo el que se está volviendo majara. Debe ser esto último, pues no atisbo demasiada preocupación sobre la faz de la Tierra. Algo que debería figurar en mente de todos, como es el siquiera cuestionarse en manos de quiénes estamos, pasa completamente desapercibido y seguimos viviendo felices como si aquí no ocurriese nada significativo. Y habitamos en un polvorín que un mal día de estos nos va a dar un soplamocos más potente que el tristemente famoso doble terremoto de Venezuela.

Yo ya tengo mi edad, que se dice, y me hallo en la cuesta de bajada. Pero estas alegrías –¿o debo escribir pasotismo?– me preocupan sobremanera. Nos estamos cargando sin remisión principios y derechos que costaron múltiples sacrificios alcanzarlos. Seguimos depositando nuestra confianza en energúmenos e indocumentados que acabarán por convertir el otrora planeta azul en un erial que ni pa´ chochos. Y esta moda se extiende peligrosamente. A todos los niveles y en todos los estratos. Incluso la denominada política más cercana, la local, comienza a adquirir tintes alarmantes. Estamos tendiendo la mano y dando carta de naturaleza a ideologías y comportamientos que supondrán, en un futuro no tan lejano, nuestra ruina. Con el consiguiente peligro de que el concepto de sociedad actual desaparezca. O, al menos, retroceda a épocas que creíamos felizmente superadas.

La paradoja de gentes supuestamente cada vez más preparadas es directamente proporcional a la degradación en valores. El a mí qué me importa, yo paso olímpicamente, ande yo caliente, subir escalones machacando al que se queda debajo… se han convertido en la meta fácil. Y los cargos públicos, en todos los rangos y niveles, parecen empeñados en darles la razón. Porque muchos comportamientos no contribuyen a que el esfuerzo y el respeto marquen la pauta. No me gusta el andar de la perrita cuando atisbo cómo las excepciones tienden a generalizarse.

Dado que raros son los ejemplos en que cualquier puesto de relevancia no lleve adheridas etiquetas de asesorías y prebendas varias, me extrañan las salidas de todo de algunos dirigentes. Bueno, meteduras de pata. Que después suelen ser matizadas, pero cuando el daño ya se ha causado. En todos los ámbitos. También en el judicial, con el peligro añadido que entraña. ¿Tan complicado es que a ANF (lo copio de un amigo, y es solo un botón del muestrario) le pongan un pinganillo en todas sus entrevistas a fin de evitar que meta a pata?

Y volviendo al principio me pregunto: ¿son los revólveres de Erdogan la contribución europea al incremento armamentístico propuesto por el maniático (chiflado, loco, ido, enajenado…) yanqui? ¿No le basta al excéntrico magnate el negocio futbolero del Mundial? Ay, Erdogan, no solo la cagas sino que te reímos la gracia. Esperemos que la IA nos saque del apuro, porque la natural me da que no. Ya contribuye a mejorar los perfiles en redes sociales eliminando arrugas, papadas y dejando caritas frescas y sonrosadas cual culito de bebé recién bañado. Lo que demuestra qué nerviosos estamos ante el caos social. Con iconos del bien quedar vamos servidos. Viva el vino.

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