martes, julio 14, 2026

Ley del neonato

Los falsos del PP, los herederos de quienes abortaban en Londres porque sus posibilidades económicas soslayaban la venda del pudor que los cubría en la España de la caspa, siguen dándose golpes en el pecho. Hasta que un buen día, ese dios todopoderoso, al que invocan en sentidas plegarias, se cabree y les provoque lesiones irreversibles en las costillas. Pues si tan magnánimo es como nos lo presentan, tardando está en impartir justicia con los fariseos. Siquiera sea para predicar con el ejemplo y ponerles alguna chinita en el camino al cielo. A prueba, que se dice.

Poco falta para que se considere la posibilidad de ampliar límites en esas pretendidas normativas que solo significan retroceso en las mayorías sociales y siempre en beneficio de los cuantos pudientes que entienden que el dinero es capaz de correr tupido velo. La teoría hipócrita del que se cree ungido por el mero hecho de haber venido al mundo en el seno de familia pudiente. Esos a los que la iglesia protege confundiendo caridad con cobijos interesados.

Me cuestiono que si la vida cuenta desde el primer grito... de placer durante el coito –¿por qué te ríes?; estamos a un solo paso de que Ayuso cuele su abortos en las disposiciones transitorias o finales– el siguiente peldaño en la escalera de los despropósitos será declarar asesinato en primer grado toda eyaculación masculina durante una masturbación en soledad. Porque esa alocada carrera de una legión de espermatozoides podría equiparse a un cayuco lleno de negritos que se lanza a la mar océana con la esperanza de alcanzar la luz de un faro (Orchilla, verbigracia). Pero que zozobra en la tracionera y maldita ruta atlántica.

¿Rizar el riso? No, lo siguiente. Y todo para que el entramado quede al albur de argumentaciones y considerandos de cualquier juez. Que podrá pasarse, o no, por el forro la parte dispositiva de la norma y retorcer autos y sentencias con farragoso lenguaje para inclinar la balanza en función de apetencias, animadversiones o estados de ánimo. Como cuando el Papa dijo aquello de que hoy no me levanté muy católico.

Ojalá fuera solo la ironía la guía de todo aquello que escribo. Pues ni es burla disimulada ni recurso para dar a entender algo contrario o diferente. Aunque la definición más certera sobre este recurso me la tropecé unos días atrás: ironía es darte un golpe con una enciclopedia y perder el conocimiento. En la actualidad habría que cambiarla (enciclopedia) por la IA. Ayuda a la que aún no me he visto en la obligación de recurrir. Y trataré de evitarlo en la medida de todas mis posibilidades. Como hice con la esclavitud del teléfono móvil hasta que no me quedó más remedio que pasar por el aro. ¿Cabeza cuadrada? Seguramente.

Debemos ser el país del mundo con más leyes promulgadas. ¿Nacidas todas para incumplirlas, como reza el imaginario colectivo? Quiero convencerme de que no es así. Pero lo preocupante es que algunos sectores de quienes tienen la potestad de aplicarlas con la más exquisita imparcialidad no están contribuyendo a que el descrédito continúe galopando. Es por lo que me planteo si no es cuestión de establecer el pertinente parón, para que la nómina no siga incrementándose, y dedicarnos a revisar, y cambiar, si menester fuere, aquello que aun estando escrito no ve cumplidas las expectativas. Por ejemplo, la Constitución. Esa norma fundamental de todo Estado, la que define el régimen de los derechos y libertades de los ciudadanos y delimita los poderes e instituciones de la organización política. Porque ya chirría en más de un pasaje. Y cuando se aproximan las cinco décadas de su promulgación, se impone el oportuno chequeo.

La RAE, con sede en Madrid, deberá ponerse las pilas y seguir los doctos principios morales, éticos y fruteros de la presidenta autonómica. Como primer paso, cambiar la definición de neonato (recién nacido; de 1 a 28 días, por ahora, aclaro). Y una vez que la nueva propuesta se halle sobre la mesa (de aquellos polvos, estas paridas), recurrir a la precitada IA para que nos actualice los amplísimos espectros de las ciencias biológicas, químicas, físicas, genéticas…

Las prácticas que ya realizan PP y VOX en diferentes comunidades autonómicas no presagian buenos augurios. Si fuese el preámbulo de lo que pudiera sobrevenir a escala nacional, propongo a las industrias farmacéuticas que incrementen exponencialmente la producción de tranquilizantes. Ya saben que la naturaleza, de vez en cuando, nos sorprende con algún aborto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario