sábado, julio 04, 2026

Pausa de hidratación

Siempre atinado Morgan. Viñeta que me da pie para el comentario de hoy. Y que me hace cambiar de asunto para la distensión conveniente. Porque no acabé de entender muy bien el porqué del Gobierno de Canarias para que en la prórroga de la subvención al combustible en las denominadas Islas Verdes (menores se mentaban antaño) sea La Gomera la que consigue una disminución de 20 céntimos al litro repostado, mientras en El Hierro y La Palma solo se hace en 15. Siendo la Colombina la más cercana al centro de distribución (Tenerife), quisiera pensar que el precio del transporte (barco) de las cubas correspondientes será más barato que si hay que trasladarlo a la del Meridiano a la Bonita. Es lógica del sentido común, salvo que Casimiro me demuestre lo contrario. Lo que me lleva a pensar que el puto amo (la RAE ya ha admitido el calificativo como prefijo intensificador) de Canarias es quien decide, ordena y manda.

Muy conveniente me parece el consejo con el que Morgan nos ilustra. Porque las sesiones en el Congreso de los Diputados se han convertido en ferias del tres al cuarto. Me niego a compararlo con un circo, pues payasos y demás artistas merecen un respeto, siendo la comparación totalmente odiosa. Pero en lugar de hidratarse cada treinta minutos para rebajar las calenturas, sería mucho más oportuno que se habilitaran unos cuantos porrones (botijos) en el hemiciclo, pero que el líquido elemento tuviese disueltas unas buenas dosis de Trankimazin, que contiene alprazolam, y que pertenece al grupo de medicamentos conocidos como benzodiazepinas. Estas sustancias actúan sobre el sistema nervioso central, produciendo efectos ansiolíticos, sedantes y relajantes musculares. La señora Armengol sería la encargada –le avala ya una dilatada trayectoria– de sopesar las dosis en función de los antecedentes verbales (exabruptos) esgrimidos en lo que va de legislatura. Aunque, me temo, que algunos se han hecho acreedores a que se le suministren idénticas raciones con las que tumbar a un caballo desbocado y disparadas con dardos tranquilizantes. No creo sea menester poner nombres y etiquetas, pero en mente de todos hallamos ejemplos significativos.

Ha transcurrido ya tanto tiempo de cuando uno fue parte activa de eso conocido como res publica, que muy pocos realejeros conocen si hubo mundo antes de Manolo y Adolfo. Más de cuatro décadas se antoja lapso tan grande que cada vez que alguno de esos pocos con cierta edad me pregunta si volvería a formar parte de la política, pocas son las dudas al respecto. No encajaría ni de coña. Entiendo como factor primordial la pérdida de ilusión que se observa en los cargos públicos. Aquel volcarse por conseguir mejoras, con total desinterés y sin pedir a cambio las lisonjas de rigor, brilla por su ausencia. Hay excepciones, por supuesto, pero el ruido las sobrepasa con creces. El ordeño de la teta pública, que nunca se seca, se ha erigido en leitmotiv. No sostengo con tales aseveraciones que sean peores, en todos los sentidos, los dirigentes actuales. Pero sí manifiesto con total rotundidad que la diferencia estriba en el cómo se enfocan los asuntos. La prioridad ha dejado de ser el pueblo, su progreso y su bienestar. Primero yo, y luego las circunstancias. Acomodémonos los que vamos a gobernar, establezcamos sueldos, dietas y gratificaciones, fijemos condiciones para poder disponer de asesores y correveidiles varios, que más tarde evaluaremos situaciones y propondremos medidas y cauces para las actuaciones. Pero como las situaciones son tan imprevisibles, ¿para qué programar líneas de trabajo? Pasito tun tun, que ande yo caliente…

Y si a niveles superiores a los ámbitos locales es una exacerbada crispación la tónica dominante, donde prima el irrespeto y se descalifica a mansalva, flaco favor a la credibilidad de quienes son meros depositarios del voto ciudadano. Se arrojan sospechas, se denuncian amaños y fraudes sin que la carga de la prueba haga acto de presencia. Añadan el descrédito creciente del aparato judicial, subido al carro del despropósito en reiterados actos, y el cóctel está servido. Se imponen, sí, pausas de hidratación. Estas fiebres deben ser tratadas urgentemente.

Acabo con un ejemplo: conozco a cierto alcalde que va a una emisora de radio y se pasa todo el tiempo de la entrevista (más de media hora) hablando de fiestas. C´est tout?

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