viernes, agosto 07, 2026

20

Un día habrá una isla que no sea silencio amordazado. En la que no nos conformemos con un cartel alusivo: Amo la libertad. Que flaco favor presta al poema de Pedro García Cabrera, publicado en su volumen Las islas en que vivo (1971). Porque el poeta de Vallehermoso, represaliado y desterrado, no perdió el corazón y el rumbo en las tormentas, pero hubo de tragarse el tiempo en carne viva. Ay, cómo suena de sed…

Continúo, como él, metiendo la mano en el agua porque la esperanza me mantiene. Unas letras en el Mirador del Almendrillo no suplen carencias evidentes en una isla en la que aún se tiene que hablar a escondidas. En la que las paredes oyen y se chivan. Donde el pesebrismo es la práctica dominante. Donde casi todos deben (deberían), pero se deben. Donde las políticas siguen siendo prácticas subsidiadas. Donde un encuentro de mayores, pomposamente vendido en medios que también comen en idénticos dornajos, se convierte en acto de exaltación de figuras que en pleno siglo XXI siguen vigentes y a las que se rinde pleitesía. Que al llevarse a cabo en enormes carpas (corren, y se despilfarran, rápidos y fáciles los dineros), se emulan entradas bajo palio. Emperadores de nuevo cuño. O no tan reciente.

Sí, me mantiene la esperanza de que otras luces puedan brillar. El eclipse total de la actualidad, que parece emular procederes del Ortega ¿sandinista?, es harto notorio en caminatas y descansos. Y uno añora sentarse en cualquier terraza y poder cantar libremente. E invocar el atenazado artículo 20 de la Constitución por quienes se jactan mediante proclamas tan vacuas como el cerebro de las aguavivas. Porque ni una sin alcohol –solo la de limón– se puede uno llevar al gaznate sino hablando de fútbol, del ignominioso último mundial por mucho que la jugada nos haya salido bien. O no, porque la sombra del pelirrojo es muy alargada. ¿También? ¿La habremos exportado como hicimos con Ruiz de Padrón?

Cuánta pena el vivir con la cabeza gacha. Que ni siquiera puede equipararse a la de un campesino que cava el suelo en detrimento de echar una visual al cielo. Este jociquea desde el amanecer y riega la cosecha con el sudor de su frente. Para poco, mas para algo: el orgullo del apego a una tierra, a su tierra. Pero aquel, santo inocente, es el sumiso que satisface deseos del ser superior, arrogante y egocéntrico. Ojalá no acaben con tu Milana, pobre infeliz. Solo espero y deseo que un buen día, más pronto que tarde, una piedra de las que remueves con la guataca te alcance el totizo y despiertes de tan largo sueño. Porque tienes a tu alcance, y sin saberlo, el arma poderosa para el cambio. Donde la desconfianza deje de ser espada de Damocles. Que la sana algarabía de una amena charla, en la que la diversidad de pareceres vuelva a transcurrir por los cauces de la normalidad, inunde plazas y rincones. Que sean los enormes árboles refugio y cobijo de los solajeros y no tétricos escenarios conspiranoicos.

Sí, existe el miedo. Mucho. Los tentáculos del espionaje coadyuvan. Y de qué manera. Los micrófonos ocultos graban inmisericorde. Que se extienden más allá de lindes geográficas. Que navegan y sobrevuelan. Antenas desplegadas que cubren laderas, lomadas y barrancos y desarrollan una cobertura excelente. Señal: óptima. Modus operandi. Modus vivendi.

Los viejos, irremisiblemente, nos iremos. Ley de vida. Y de muerte. Presiento, no obstante, que algo está cambiando. “Solo no estoy. Están conmigo siempre horizontes y manos de esperanza”. Sueño con otros amaneceres donde el desperezo matinal evapore los miasmas deletéreos que aún restan cual sedimentos de un atavismo adherido a las (in)consciencias. Ojalá que las herencias se liberen de servidumbres. Para que el pueblo vuelva a serlo. Sin tutelas. Sin papis.

A ti, 20, gracias por permitirme expresar libremente mis pensamientos, ideas, opiniones. Sin que ningún ‘ordenador’ me haya restringido tal derecho. Y a ti, Pedro, que te echen de menos: “Y cuando mis palabras se liberen del combate en que muero y en que vivo, la alegría del mar le pido a todos cuantos partan su pan en esta isla que no sea silencio amordazado”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario