Muy compungida volvió Isabel a comparecer ante los medios
para denunciar la campaña contra ella: el piso no es para mí, sino para las
reuniones que mi cargo conlleva. Las malas lenguas afirman que la zona, de uso
exclusivamente residencial, no permitiría que funcione el ático en cuestión
como oficinas. Pero un servidor entiende que esa nimiedad podrá ser solventada
por el ayuntamiento, ya que Almeida sabrá encontrar el resquicio oportuno para
la modificación pertinente. Puede que haya que ponerle un toldo a la terraza al
ocupar mucha más superficie que cualquiera de las habitaciones, salvo que
solicite licencia para derribar tabiques y le quede un espacio más diáfano.
Ahora bien, sí sería completamente necesario incrementar el número de baños.
Media decena no son suficientes, máxime cuando dos de ellos serán de
utilización exclusiva de la presidenta. Y qué menos que uno o dos más para
asesores y jefe de gabinete (este con nevera incluida).
La compra se realizó el pasado mes de abril. Siguen sin
saberse las razones por las que se ocultó el acto hasta hace un par de días. Los
valores de mercado en la zona apuntan a un monto de unos seis millones de
euros. Sigo preguntándome que si la adquisición, según declara la propia
presidenta, se llevó a cabo para un uso temporal –mientras duren las obras–, ¿por
qué no se recurrió a un alquiler? ¿O es que, con el paso del tiempo, va a
quedar, como el chalé de la sierra, para reuniones esporádicas y casi siempre
de fin de semana. Y más neveras para el güisqui. ¿O esta bebida no las
necesita? Qué dilema.
Meridianamente claro nos queda que a Díaz Ayuso no le hacen
falta los incendios para caldear el ambiente. Se basta con sus soflamas.
Aprendió con Esperanza Aguirre y continúa ahora propagando las enseñanzas
diarias de Miguel Ángel Rodríguez. Intervino, por cierto, la expresidenta
mentada en cierto medio audiovisual de comunicación para manifestar sus opiniones
acerca de los recientes incendios. Cuántas sandeces somos capaces de aguantar.
Para concluir su brillante disertación, admitió reconocer su total ignorancia
del contenido de la Ley de Montes. “No tengo ni idea”, dijo. Y se quedó tan
ancha. Otra bocachancla más que se suma a la ya larga lista de los que propagan
lo de no dejan limpiar (en Canarias, sacar la pinocha) y el bulo circula a
velocidad pasmosa. Qué bueno sería que tertulianos y opinadores varios se
aplicaran aquello de “dueño de mis silencios antes que prisionero de mis
palabras”. No quedaría exento de la lista el mismísimo Feijóo.
Finalizo con unas breves reflexiones:
¿En qué lugar queda un socio gubernamental que rechaza no
solo el pacto de la inmigración, sino también el de la financiación autonómica,
escondiéndose como el chico menudo después de cometer una travesura? ¿Le basta
con la disculpa del yo no fui para seguir aupado en el machito?
¿Se habrán leído los presidentes de las comunidades
autónomas sus propios estatutos ante los casos de presión migratoria o
incendios forestales? ¿Les basta con la jugada posterior de echar balones
fuera?
¿Son conscientes los ayuntamientos de esta isla, que permitieron
la reconversión de algunas carreteras insulares (competencia del cabildo) a
vías municipales, de que no se puede esperar a 2027, año electoral, para los
reasfaltados?
Y un consejo:
Procura, Isabel, ponerle una cremallera a los bolsillos de
tus pantalones. Yo lo hice porque perdí unas cuantas monedas, pero es que a ti
se te caen los áticos.
Una nota final:
Redactados los párrafos anteriores, se pone a la venta el ático, junto a otro de su pareja (al doble de lo que lo compró no ha tanto). Qué raro. ¿Hacía o no falta? ¿Era o no necesario? Se compró en abril, sale a la luz esa operación a finales de julio y, casi de inmediato, a venderlo. ¿Especulación? Por cierto, ¿por qué no se reflejan esas operaciones en el tan cacareado Portal de Transparencia? ¿Algo que declarar, Adolfo? ¿Es tu mismo partido, no? Ese 10 que te han regalado tiene menos valor que el contenido de cualquier bolsillo de mis pantalones. Pero tranquilo, la gente te seguirá poniendo iconos del bien quedar. Los falsos de golpe en pecho.

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