27/08/2026

Dióscoro Galindo (2)

De su estancia en La Orotava, y de su compromiso social –al igual que le ocurriera a nuestro José Galán, del que, asimismo, algo hemos escrito–, tropezamos en Prensa y educación en el Norte de Tenerife entre la I y la II Repúblicas (1873-1931), un extenso trabajo de análisis de contenidos que, a través de consultas hemerográficas y archivísticas, trata de poner de manifiesto el tratamiento que la prensa brindó al hecho de la instrucción primaria en el periodo que se deja mencionado, con unas pinceladas en las que Dióscoro pone sobre el tapete una defensa a ultranza del sufrido, y peor pagado, Magisterio.

La primera de ellas se incluye en el Capítulo III: Importancia y significación del periódico. Prensa especializada. Del tenor literal siguiente:

“Impugnando una calumnia” es el título de un artículo que firma el maestro nacional Dióscoro Galindo González, que publicó El Norte de Tenerife [La Orotava, 5-noviembre-1919, Época II, número 66, páginas 1 y 2], y que rebate los conceptos injuriosos para el Magisterio de Canarias que insertó La Prensa en su número 3.088, del 30 de octubre de 1919, y que mereció el título de Desorganización de la enseñanza.

Siente el molesto maestro un impulso de justa indignación al ver como se trata públicamente a un Cuerpo que siempre dio pruebas del más puro patriotismo, desarrollando una titánica labor de regeneración nacional, llevada a cabo en medio de la indiferencia de los unos y de la hostilidad de los más, siempre sin esperanza de gloria ni recompensa.

Durísimos términos utiliza el articulista en contra del innominado escritor que afirma gratuitamente que la mitad de los maestros detesta el trabajo y sólo ansía cobrar:

Por ser la calumnia de suyo cobarde y cruel, y porque la asquerosa baba que destila mancha mucho más al infame que la vierte que a la persona calumniada, la única contestación que merecía el autor era el más despreciativo de los silencios.

Recrimina al diario capitalino por no ser capaz de culpar a otros estamentos de manera tan gratuita. Y le cita al clero, al ejército y a los propios periodistas. El incriminar al cincuenta por ciento del Magisterio porque algunos maestros hayan abandonado las funciones de su sagrado ministerio, lleva a manifestar:

¿Ignora acaso La Prensa que la mayor parte de esos ‘pocos maestros’ que pasean por las calles de esa ciudad lo hacen porque no tienen casa donde vivir, local en que instalar la escuela, material con que dar las enseñanzas? No, no lo ignora, porque yo sé de algunos maestros que han recurrido a sus columnas en demanda de auxilio contra ciertos atropellos e irregularidades, y sus escritos, lejos de ser publicados, fueron a parar al cesto de los papeles.

El párrafo que a continuación se transcribe es el que da término al artículo. Su lectura nos traslada a tiempos más recientes y a hechos distintos. Pero que nos conduce a conclusiones similares:

Siempre que La Prensa pueda probar que los niños que asisten con regularidad y el tiempo reglamentario a las escuelas nacionales de Canarias, salen de ellas analfabetos, el firmante de este artículo (quien manifiesta: me dejo cortar la única pierna que me queda, si se es capaz de culpar a los maestros de la incultura de los que nunca han pasado por la escuela), y con él todo el Magisterio canario, reconoceremos ser muy justas las recriminaciones que se nos dirijen (sic), pero si no lo puede probar, lo menos que se puede pedir, en pro de nuestra dignidad ultrajada, es que el autor de “Desorganización de la enseñanza”, haga pública retractación de la larga serie de gratuitas y mentirosas ofensas con que ultraja a una colectividad siempre celosa en el cumplimiento de sus sagrados deberes.

(continuará)

No hay comentarios:

Publicar un comentario